Siente su mirada. Típico de ella. Mirada de disgusto por su presencia.
Aunque las vistas de su ser son bien bonitas.
—— ¿También vas al gimnasio *****?
< joven que tú, además es solo un disfraz.” Aunque la cola se mueva un poco, es más que nada el movimiento elegante de su culo en sí. Tiene que tener algo matarse en el gimnasio hasta el cansancio.
...
Le duele la cabeza, suena a una vieja dándole el sermón de la mañana y no puede evitar demostrar que se comenzaba agobiar. Le recuerda a su padre, eso hace que se irrite más... más. Cada vez más.
“Escúchame, es de mala educación quedarte mirando a una chica que es más >
...
¿Pero y éste imbécil quién se cree? Polly frunció las comisuras, tolerando sus comentarios por ser un hombre adulto. No podía tratarlo tan fácilmente como un chico de su edad, sabe bien que fácilmente puede inmovilizarla o acallarla con simples vocablos ante la abrupta >
< Le miró con curiosidad, justo cuando se habían detenido en un semáforo en rojo. Le había echado un ojo a la hija de su amigo y colega hace tiempo, no se les escapaba nada ni nadie.
"Aún así, veras mi cara en el gimnasio. Aprovecha de volver a casa conmigo, es más fácil."
< diferencia de edades.
“¿También quieres, de paso, que me vaya a vivir contigo? No digas tonterías, vuelvo sola, no te necesito en lo absoluto...” Volvería en metro, sí, le daba igual. Seguro estaba más segura en un callejón a oscuras que con este hombre que la mira como sí >