Tengo una compañera de trabajo que nunca anuncia nada. No te enteras de que solicitó un ascenso hasta que ya está en la nueva oficina. No te das cuenta de que se compró su propia casa hasta que menciona casualmente que "se va a casa a terminar de pintar". No publica sus logros. No pide opiniones. No invita a comentar.
Antes pensaba que era reservada. Que el éxito debía compartirse a bombo y platillo. Que la emoción necesitaba público.
Ahora lo veo de otra manera.
Se mueve con determinación. Tranquila. Concentrada. Segura. Protege sus planes mientras aún son frágiles. Su alegría no se ve empañada por el ruido exterior. Deja que las cosas echen raíces antes de mostrar al mundo su florecimiento.
No es secretismo. Es discernimiento. Es paz. Es autoconfianza.
A veces, las personas más fuertes son las que construyen sus vidas con discreción, sin aplausos, y dejan que sus resultados hablen por sí solos cuando están listos.
Tu competencia no es con los demás.
Es con tu flojera, la mala alimentación, el conocimiento que ignoras, tu falta de disciplina y la energia negativa que toleras.