¡Cómo me acuerdo de aquel hotel! No te atrevías a subir, luego nos fuimos descalzos, un poco borrachos, sin rumbo por tu Madrid. ¡Cómo me acuerdo de Marrakech, las despedidas en Chamartín, tus subidas al norte, las dulces noches de aquel noviembre en París.
—Bueno, parece que esta época se ha apartado de todas las versiones del amor, ¿no?; parece que el amor es algo que debe ser justificado, lo cual es rarísimo, porque a nadie se le ocurre justificar el mar o una puesta de sol, o una montaña: no necesitan ser justificados.
"Quiero decirte en silencio que sobran palabras, que faltan momentos, que no siento nada, que vengo a buscarte y que nunca te encuentro. Busco una paz negociada con mis sentimientos y encuentro un vacío llenito de nada y empieza otra guerra y a cada momento."
En cuanto al fracaso y la fama, me parecen irrelevantes y no me preocupan. Lo que quiero ahora es la paz, el placer del pensamiento y de la amistad. Y aunque parezca
demasiado ambicioso, la sensación de amar y ser amado.