Sobre la Vuelta ciclista y la participación del equipo israelí:
Cuando un Estado comete un genocidio -con masacres y bloqueo a la entrada de ayuda- la obligación internacional de los países es “prevenir y sancionar” (Convención sobre Genocidio).
Un país que comete genocidio no va a abandonar sus planes solo porque se lo pidan sus aliados. El derecho internacional permite y obliga a presionar para que lo haga.
Por eso la relatora de la ONU pide a los países suspender relaciones con Israel mientras siga cometiendo crímenes masivos.
Por eso la Corte Internacional de Justicia pide a los países “impedir relaciones comerciales y de inversión” que contribuyan a la ocupación
Sin sanciones y sin suspensión de relaciones el mensaje que se envía es de naturalización y normalización del genocidio.
Por eso mucha gente decente en toda Europa empuja para que se produzcan esas sanciones y esa suspensión de relaciones, vías necesarias para presionar y aislar a los autores y a los cómplices del genocidio.
Como indica la propia Corte Internacional de Justicia, Israel ocupa territorio ilegalmente y segrega a la población palestina. Lleva muchos años haciéndolo.
No va a dejar de hacerlo mientras en Europa se le siga invitando como aliado preferencial a competiciones, concursos, acuerdos comerciales, armamentísticos, educativos o culturales.
No dejó de segregar la Sudáfrica del apartheid mientras se mantenían alianzas y acuerdos con su gobierno y mientras sus equipos deportivos y culturales eran bienvenidos, como si no pasara nada.
Defender los derechos humanos ante crímenes masivos implica ser consciente de que éstos no caen del cielo, hay que pelearlos. Sin movilización masiva que empuje al cumplimiento del derecho internacional,el genocidio seguirá.
Se hizo frente a la Sudáfrica del apartheid. Se puede y se debe hacer ahora.
Como señala el novelista Omar El Akkad, “algún día, cuando no entrañe riesgo alguno, cuando podamos llamar a las cosas por su nombre, cuando sea demasiado tarde para exigir responsabilidades, todo el mundo habrá querido estar siempre en contra”
Palestinarekiko elkartasuna bereziki indartsua da gurean. EHn jasan dugun min historikoak, zauriek, esperientzia mingarriek... giza eskubideekiko sentsibilitate berezi bat garatu eta orokortu dutelakoan nago. Eta are zailagoa dena, bestearen minarekiko enpatia gaitasuna ere.
Cultura de la violación es que toda España tenga acceso a las declaraciones de Elisa Mouliaá.
Es ver como el juez trata a la víctima.
Es que Iñigo Errejón diga que la mujer que se expone a un sistema judicial hostil busca dinero.
Es el señalamiento constante a las víctimas.
Sólo sí es sí significa que es él quien debe asegurarse de que hay consentimiento. Exigir a las mujeres resistencia expresa -asumiendo que solo hay agresión si hay violencia o intimidación- es cultura de la violación y un prejuicio de la justicia patriarcal. No demos pasos atrás