A todos los panameños nos enorgullece que Panamá sea un país soberano. Es el fruto de la lucha valiente de distintas generaciones que entregaron sus vidas para construir un país dueño de su propio destino.
Los tratados Torrijos-Carter marcaron el final de una era de sometimiento y el inicio de una nación libre, independiente, que ha demostrado no solo su probada capacidad para manejar el Canal en forma eficiente y segura, sino que también fue capaz de ampliarlo para mejorar el servicio al comercio mundial y generar crecientes beneficios para los panameños.
Cualquier intento de retrotraer este logro histórico no solo deshonra nuestra lucha, sino que también es una ofensa a la memoria de quienes la hicieron posible.
Como panameño, me sumo al rechazo absoluto de cualquier intento de minimizar o amenazar nuestra soberanía; en un evento así, nos encontrarán unidos como nación y con la más firme determinación de defender nuestra soberanía y nuestro Canal.
El Canal es panameño, somos sus únicos y legítimos dueños y también es el símbolo de nuestra identidad y dignidad nacional.
El mensaje de Trump no tiene nada que ver con las tarifas que cobra el Canal. Entre líneas lo que quiere decir es que o rompemos relaciones con China o se toman el Canal. El Canal es de seguridad nacional de USA y no van a dejar que nadie juegue con eso. El que empezó el romance con China fue Varela cuando paso un barco chino en la inauguración del Canal expandido, después rompió con Taiwán y reconoció a China y quiso meter su embajada en Amador. La cereza fue el cuarto puente sobre el canal construido por chinos. Aprendan a jugar con la cadena y no con el mono.
Si Estados Unidos declara a Martinelli y a Varela reconocidos corruptos está bien, pero si dice que Caraballo es un luchador anti corrupción está mal.
Pónganse de acuerdo.