Colombia recuerda con orgullo a esa generación de liberales disidentes, valientes en la lucha contra la corrupción, el clientelismo y el narcotráfico ligado a la política y el poder.
Hoy, da tristeza, ver a sus hijos aliados al Centro Democrático y la extrema derecha colombiana.
.@MiguelPoloP quiere volver a lanzarse por la curul afro.
Y lo hace sin vergüenza y sin respeto por nuestra comunidad.
Yo lo reto: debate público, sin miedo y sin filtros.
Que demuestre si tiene argumentos… o es puro show.
Lo que hizo Paloma Valencia contra Iván Cepeda no es aceptable en ninguna democracia. Acusar a un senador y precandidato de “mandar a matar” sin una sola prueba es una forma de violencia política que pone en riesgo su integridad y degrada el debate público. En un país donde ya se ha asesinado y perseguido a líderes de izquierda con ese mismo tipo de discursos, repetirlos es inaceptable.
La forma en que sacaron del camino a Uribe Londoño del Centro Democrático sigue el mismo modus operandi de mi salida de El Tiempo.
La persecución de Abelardo de la Espriella contra mí empezó porque yo fui la primera persona en redes sociales que desenmascaró el hecho de que De la Espriella torturaba gatos, haciéndolos explotar con voladores de pólvora para divertirse.
La prueba reina fue la confesión hecha en televisión por el propio Abelardo.
Utilizó la cuenta de su bufete de abogados, De la Espriella Lawyers, para difundir audios falsos simulando la voz de mi esposa; además, obtuvo el expediente de la Fiscalía que contenía información reservada sobre ella y divulgó dicha información, lo cual es un delito.
Un abogado de primer semestre sabe ese tipo de cosas.
Incluso intentó, en la Fiscalía de Francisco Barbosa, reabrir el caso. Un abogado de primer semestre también sabe que eso es un delito.
“¿Entonces por qué no lo demandé?”, se preguntarán ustedes.
No lo hice porque nadie me contrataba y no tenía con qué pagar un abogado ni con qué sostener mi hogar. Incluso, en el desespero de sentirme destruido, intenté suicidarme.
Mi esposa, mis hijos, mi familia y mis amigos me salvaron.
Hoy entiendo a ese viejo que perdió a su hijo y quiso —consciente o inconscientemente— mantener su legado ante una legión de hienas. Reprochable, sí... pero fue el camino que eligió.
Siempre me pregunté cómo hacía este abogado para defender y regodearse con paramilitares que descuartizaban y torturaban campesinos, asesinaban y violaban niñas y mujeres mientras bebían y metían “perico”. Incluso llegaron a tener hornos crematorios para desaparecer a sus víctimas.
La respuesta es muy clara: los gatos.
Solo una persona enferma puede disfrutar el dolor de un animal indefenso, destripándolo con voladores llenos de pólvora.
La gente, erróneamente, piensa que a Abelardo de la Espriella le dicen “Hello Kitty” por una condición sexual.
Su significado es más macabro: le dicen así porque “Hello Kitty” traduce “Hola, gatito”.