Algunas autoridades del COLEGIO PROFESIONAL DE INGENIEROS AGRÓNOMOS, como mucha otra gente de espiritu saqueador, deben abandonar prácticas indecentes de intentar hacer negocios a través del estado via leyes injustas.
This is worth repeating:
I never cared that you were gay until you started shoving it down my throat, and I never cared what color you were until you started blaming me for your problems.
I never cared about your political affiliation until you started condemning me for mine.
I really never even cared where you were born until you wanted to erase my history and blame my ancestors for your problems.
I never even cared if your beliefs were different from mine until you said my beliefs were wrong.
But now I care. My patience and tolerance are gone, and I am not alone in feeling like this. There are millions of us who feel like this.
Es tristemente gracioso que el kirchnerismo se quiso apropiar de todas las luchas y a la vez defiende regímenes o países totalmente contradictorios.
Se quisieron apropiar de la “lucha” LGTB y al mismo tiempo te defienden a Rusia en donde te prohíben (literalmente) ser gay.
Se apropiaron del feminismo y a la vez te defiendan a Palestina o Irán que la mujer es menos que un perro, y por escribir lo que escriben acá les mutilarían los genitales o las lapidarían hasta morir.
También los derechos de los niños, y te defienden Cuba, donde las menores tiene que prostituirse para poder comer al menos una vez al día.
Por eso, nosotros somos mejores, somos coherentes y ustedes son la peor mierda que existe. Ayer, hoy y siempre.
La Nación ya no es de centroderecha: el sesgo woke que sus propias URLs delatan
Por Gustavo Arabia
Marcos Galperin hizo una pregunta simple. Tan simple que nadie en las redacciones argentinas quiso responderla.
¿Por qué La Nación llama "ultraderechista" a Orbán y no le aplica ninguna etiqueta equivalente a Pedro Sánchez?
Hay un estándar diferente para derecha e izquierda, y ese estándar no lo impone la realidad sino el periodista que elige las palabras. Eso tiene un nombre. Y no es "convención léxica heredada de la posguerra".
Hoy, La Nación publica una nota sobre el viaje de Milei a Budapest. El título que el medio decidió mostrar al público decía: "Orbán recibió a Milei en un foro ultraderechista".
El método Gramsci, aplicado a las redacciones
El marxista italiano Antonio Gramsci entendió antes que nadie que el poder cultural precede al poder político. Quien controla el lenguaje, controla el debate. Quien decide qué es "extremo" y qué es "moderado" determina los límites de lo pensable.
La infiltración de ese método en el periodismo occidental no ocurrió de un día para otro ni por decreto. Ocurrió lentamente, por sedimentación: décadas de facultades de comunicación con un sesgo ideológico dominante, redacciones que se retroalimentan con los mismos medios de referencia, periodistas que aprendieron que ciertas palabras se usan y otras no, ciertos actores se califican y otros se describen con el cargo y la nacionalidad.
El resultado es el que Galperin fotografió: Orbán es "ultraderechista" en el título. Sánchez es "el Presidente español". Milei vuela al "foro de la ultraderecha". Boric es, en el peor de los casos, "el izquierdista Boric".
Hay algo eficaz: un consenso tácito sobre qué es normal y qué es extremo, instalado tan profundamente que quienes lo aplican no lo perciben como sesgo. Lo perciben como periodismo.
La Nación 2026 no es el diario de centroderecha que sus lectores recuerdan
La Nación construyó su identidad sobre la defensa de la propiedad privada, la economía de mercado y el orden institucional liberal-conservador. Esa fue durante décadas su brújula editorial.
Ese diario todavía existe en las páginas de economía, en algunos editoriales, en la cobertura del campo. Pero en la cobertura política cotidiana —la que decide el título de cada nota, la que elige qué adjetivo va antes del nombre de un jefe de Estado— opera una lógica diferente. Una lógica en la que el adjetivo "ultra" viaja casi exclusivamente en una dirección del espectro político.
No es que La Nación se haya vuelto de izquierda. Es más preciso decir que La Nación tiene una redacción con sesgo woke en sus capas operativas —los periodistas que escriben los títulos, eligen las palabras, deciden el encuadre de cada nota— mientras su línea editorial formal sigue siendo otra. Esa tensión interna es lo que produce la inconsistencia que Galperin detectó.
El doble estándar no es inocente
Llamar "ultra" a la derecha y dejar sin etiqueta a la izquierda no es neutralidad. Es una operación política con efectos concretos: desplaza el centro del debate. Si Orbán es "ultra" y Sánchez es "el presidente", entonces Sánchez se convierte en la vara de lo normal y Orbán —y por extensión cualquier líder que comparte su espacio— queda fuera del perímetro de lo legítimo.
Aplicado a Argentina: si la cobertura cotidiana ubica a Milei como el extremo a derrotar y al kirchnerismo como la referencia de lo razonable, no necesitás editorializar en favor del kirchnerismo. Ya lo hiciste en los títulos.
Eso es hegemonía cultural en acción. Gramsci estaría satisfecho.
El periodismo woke aplica este criterio: "ultra" es lo que está demasiado a la derecha de donde yo estoy parado. Eso no es periodismo. Es política con credencial de prensa.
Los colectivos circulando. Los autos y las motos, también. La manifestación, sobre la vereda.
Hace unos años, esta imagen era inimaginable: los piqueteros les arruinaban el día a miles de trabajadores.
Nos trataron de locos, que era imposible.
Se necesitaba decisión.
@lnng2021 jajaja ... pero no nos podes negar que somos pioneros en este tipo de hdputeces ....
En tiempos de la chorra , juntaban muertos en las cunetas a chicos que iban a las escuelas
En época del borracho metieron los 1500 metros a cualquier escuela
Ahora esto 🤦♂️
Perdió el que quería monopolizar el comercio agrícola, el que que quería expropiar campos, el que quería poner un impuesto al suelo, el que quería regular arrendamientos, los que querían prohibir los fitosanitarios y los que querían imponer restricciones periurbanas.
Entre otros.