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𝐃𝐞𝐭𝐫á𝐬 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐛𝐚𝐫𝐫𝐢𝐥 𝐡𝐚𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚
Juan Fernández en Venezuela Late: el hijo del obrero petrolero que se sentó a explicarle al país, con paciencia y sin alboroto, qué es exactamente lo que está pasando con el petróleo venezolano.
Por Elizabeth Sánchez Vegas | Venezuela Late
Hay voces que uno no escucha: uno las reconoce. Voces que sonaban de fondo en las casas venezolanas cuando nadie entendía nada y hacía falta alguien que dijera la verdad completa, sin adornos y sin miedo. La de Juan Fernández fue una de esas voces. Por eso, este domingo, cuando entró a la sala de Venezuela Late, con su cafecito, porque aquí no se trata de imagen sino de sustancia, lo que ocurrió no fue una entrevista. Fue un reencuentro.
El programa abrió leyendo su semblanza, y bastaron dos minutos para entender que la historia del petróleo venezolano y la de esta familia son la misma historia contada desde abajo. Antes de las reservas probadas, antes de Harvard, del MIT y de los dieciocho años dentro de PDVSA, hubo dos coruñeses que llegaron a La Guaira en los años cuarenta y a quienes metieron en un galpón cerca de Maripérez. Venían por poco tiempo, a levantar "un dinerito" y regresar. Pero nacieron los hijos, y cuando estaban terminando el bachillerato, alguien les preguntó si volvían. La respuesta es una de las frases más venezolanas que se han dicho en este espacio: "¿A dónde vamos a regresar? Nosotros somos de aquí."
Y lo eran. Habían mezclado, lo contó él mismo, riéndose, la arepa con la empanada gallega, la malta con el vino. De esa mezcolanza tan rica salió un venezolano. El papá fue obrero de la industria toda su vida laboral, de aquellos hombres para quienes el petróleo nunca fue una abstracción económica sino una jornada, un horario y un sueldo que llegaba a la casa. Lo único que esos padres dijeron que podían dar era la educación: de ahí en adelante, había que echarle pichón. Y con los hermanos de La Salle, por la quebrada de Catuche, Juan aprendió lo que le ordenó la vida entera: que antes de intentar resolver un problema hay que aprender a leerlo bien y a plantearlo correctamente.
Lo demás se lo dio el país. La UCAB primero y después una beca de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, que fue una de las mejores cosas que hizo la democracia venezolana. Se fue a estudiar a Michigan y volvió porque el arraigo pesó más que las ofertas de quedarse allá. Ya dentro de PDVSA, en las oficinas de La Campiña, la rutina era esta: levantaba el teléfono y estaba hablando con Nueva York, miraba por la ventana y veía la problemática social que ya asomaba en Caracas, y pensaba que había que hacer algo para que aquello no fuera una torre de cristal.
Entonces llegó Chávez, y el petróleo que debía servir para generar riqueza, crear oportunidades y diversificar el ingreso se convirtió en lo que siempre fue su proyecto: un régimen que limitó, entorpeció y destruyó lo que había tardado décadas en construirse. Veinticinco años después, dice Juan, ese mismo sector sigue siendo la palanca que nos va a sacar. Hay que ser optimistas, pero realistas a la vez. Y de ahí fue directo al tema que tiene al país entero hablando.
Lo primero que hizo fue bajarle la temperatura al asunto: hay mucha desinformación y muy poca información sobre esta propuesta. Y en medio de esa neblina se están diciendo cosas que sencillamente no son.
Su punto de partida no fue el negocio sino la dignidad. Para Venezuela es importantísimo tener una relación de alianza con Estados Unidos, pero de país a país. No tutelados. Porque nosotros tenemos capacidad profesional, técnica, recursos, ciudadanía y ejercicio de valores democráticos igual que ellos. En la mesa, dijo, somos iguales.
Y entonces explicó por qué. El mundo está cambiando aceleradamente su estructura, se habla de un nuevo orden internacional y la llegada de Trump a Washington aceleró todo eso. Pero la hegemonía que los americanos quieren conservar, sea cual sea el partido, depende de una condición que él resumió en una línea: las potencias no pueden ser potencias si no tienen energía.
Y la energía del mundo está en problemas. Hay una guerra en Europa que golpea a un gran suministrador como Rusia. Está el estrecho de Ormuz y el conflicto con Irán, que iba a ser corto y no lo está siendo, y por allí pasa un volumen enorme del petróleo del Medio Oriente. Hay metas de renovables que no se cumplen. Y hay una demanda que crece todos los días porque la población crece, con India y China, hoy el mayor importador de petróleo del planeta, empujando, más toda la transformación del consumo eléctrico.
Mientras tanto, y aunque Estados Unidos es hoy el mayor productor del mundo con unos 14 millones de barriles diarios, su concepto de autosuficiencia energética no se sostiene solo: sus proveedores tradicionales flaquean. México tiene dificultades con su producción interna y con la exportación de su crudo Maya, un pesado que compite directamente con el venezolano, y además quiere depender menos del gas americano por razones geopolíticas. Brasil produce mucho pero consume casi todo. Colombia viene saliendo de una política que golpeó los planes de Ecopetrol. Guyana tiene crudo de muy buena calidad y hasta podría generar sinergias con nosotros, ojalá se resuelva el diferendo, pero jamás podrá competir con Venezuela por base de recursos ni por logística hacia la Costa del Golfo. Y Canadá, el mayor exportador hacia Estados Unidos, está en plena desavenencia comercial.
Súmele que Venezuela está ubicada en las Américas, con la base de recursos más grande y la mejor logística hacia la Costa del Golfo, y la cuenta cierra sola: para que Estados Unidos alcance la autosuficiencia energética que persigue, Venezuela es indispensable y esencial. Por eso su conclusión, dicha sin soberbia y sin complejos: no es que vienen por nuestro petróleo; es que nosotros sabemos lo que significamos y lo que valemos.
Luego vino el bisturí. Lo que se anunció con bombos y platillos, explicó, tiene mucho de mercadeo político en un año de elecciones de medio término, con toda la Cámara de Representantes y buena parte del Senado en juego y con los combustibles caros. Y de ahí salió, de la noche a la mañana, un esquema: un contrato de suministro, un offtake, con un ente gubernamental, el Departamento de Defensa, que permitiría abastecer al ejército y sumar barriles a la Reserva Estratégica a través del Departamento de Energía, hoy disminuida tras Ucrania e Irán. Eso sería alrededor del 20% del volumen; sobre el 80% restante, el cliente tendría un derecho de primera opción de compra.
Y aquí desmontó los mitos uno por uno. Que es un contrato a cien años: falso, "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante", y la ley venezolana, como lo dijo el propio secretario de energía en Caracas, habla de veinticinco años iniciales renovables. Que las reservas del subsuelo pasan a ser de otros: falso. Que Trump va a firmar un convenio con Delcy Rodríguez: tampoco es así.
Del lado venezolano hay unos 17 campos identificados, todos con reservas probadas. Unos están en el occidente, en el Zulia, donde el crudo es liviano y mediano. Los otros son bloques en la Faja, para crudo pesado. La nueva ley orgánica de hidrocarburos permite dos mecanismos: empresas mixtas, donde PDVSA mantiene la mayoría accionaria, y contratos de producción compartida. Lo que se anunció es, mayoritariamente, lo segundo.
Y entonces hizo la pregunta, la que nadie estaba haciendo con números en la mano: ¿cuál es la empresa capaz de invertir cien mil millones de dólares para producir un millón y medio de barriles diarios?
Porque Chevron, una de las petroleras más grandes del mundo, que produce 3,3 millones de barriles diarios, anunció esta misma semana siete mil millones de dólares para llevar su producción en Venezuela a 500 mil barriles. Esa es una empresa triple A: capacidad técnica, comercial, financiera y estructura para garantizar que lo prometido se cumple. Nabep, North American Blue Energy Partners, en cambio, produce hoy alrededor de 160 mil barriles diarios bajo contratos de participación productiva que, por cierto, están incluidos en esos 17 campos.
¿Qué capacidad midieron ustedes, le preguntó directamente a la administración Trump, para que una empresa sin historial petrolero significativo dé ese salto, con manejo de gas, instalaciones, oleoductos, puertos y toda la infraestructura alrededor? ¿Y por qué no se hizo un proceso competitivo para elegir a los mejores?
Sobre esto último, sobre por qué no hubo concurso, la ministra del régimen había dicho en un programa de televisión en Venezuela que lo hicieron así para ganar tiempo. Y Juan le contestó desde la distancia con la frase que resume la noche entera: "¿Y cómo ganamos tiempo, si no sabemos siquiera si el que va a construir la casa sabe mezclar el cemento?"
Y aquí abrió el paréntesis incómodo, ese que muchos venezolanos llevan por dentro y pocos dicen en voz alta. Si fue Trump quien sacó a Maduro del poder y lo tiene preso en Nueva York, y si es él la vía para recuperar la democracia, ¿con qué cara le criticamos el negocio que acaba de anunciar? ¿Y cómo se lo cuestionamos sin que el reclamo termine retrasando justamente el cambio político que queremos apurar? Porque retrasarlo es lo que le conviene a los Rodríguez, no a nosotros. Su salida fue esta: cuestionar sin descalificar. Con argumentos técnicos y comerciales, no con consignas. Diciéndole al gobierno de Estados Unidos: usted tiene aquí un problema, explíquenos cómo piensa resolverlo y déjenos ayudarlo.
Los números que dio son de los que dejan a la sala en silencio. En Venezuela hay hoy unos 30.500 pozos, de los cuales alrededor de 22.500 están sin operar. Solo producen 8.500. En Maracaibo habría que reparar unos 2.000 pozos; en oriente, otros 1.500; en la Faja, una cantidad similar. Eso no es una tarea sencilla: es un esfuerzo gigantesco. Y los bancos, dijo, van a hacer exactamente las mismas preguntas que nos estamos haciendo nosotros, empezando por la primera de todas, que es a quién le están prestando, porque un régimen sin mandato legítimo no da piso a nadie. Ah, bueno, dirá el banquero: entonces cuando cambie el régimen, hacemos el negocio.
Por eso su veredicto fue tan sobrio como demoledor: esto es, sobre todo, el anuncio de un proyecto de negocios más que una realidad.
Sobre el financiamiento, explicó algo que casi nadie ha contado bien: el gobierno americano no va a ser socio accionario de una petrolera, eso choca con el principio de economía libre y de mercado y dejaría por fuera a todas las empresas americanas del sector que hoy andan buscando oportunidades. Lo que probablemente se está usando son los penny warrants, títulos que dan derechos y valen un centavo, el mismo mecanismo con el que auxiliaron a Chrysler cuando iba a cerrar, dejando miles de trabajadores en la calle, y a los bancos en el rescate de 2008. Si te pagan, los títulos se eliminan; si no, se convierten en acciones.
Existen además otros entes del gobierno americano dedicados a financiar y a cubrir riesgo país, pero lo que él no tiene claro es cómo se haría con esta empresa, que estaría registrada en el Caribe, en Aruba o en alguna de esas islas, y que tiene una filial en Venezuela solo porque la ley lo obliga. Lo otro sería acudir al mercado financiero. Y ahí empiezan las preguntas de verdad.
Y advirtió un punto que los venezolanos no podemos dejar pasar: esa compañía puede entregar los barriles a costo o hasta regalarlos si quiere. Pero para efectos fiscales y de regalía, el precio que debe considerarse es el de mercado, no el precio al que ella está vendiendo. Eso no es un detalle contable: eso es plata del país.
Añadió, además, un dato técnico que casi nadie mencionó: el crudo pesado no es adecuado para guardarse en las cavernas de la Reserva Estratégica. Habría que hacer intercambios con livianos y medianos, o transformarlo en crudo sintético a través de mejoradores.
Devorah le preguntó por el Pentágono, por esa Oficina de Capital Estratégico cuya misión es atraer capital privado hacia tecnologías y activos críticos, y por la junta directiva con mayoría de directores designados desde Estados Unidos. Y le hizo la pregunta que estaba flotando en toda la sala: ¿no crees que Estados Unidos va a salir muy pronto de Nabep y de su director? Juan no apostó; dijo que con esto no se apuesta, pero tuvo el mismo feeling: que la presencia de Alejandro Betancourt López al frente será muy corta. Que, por lo que se conoce de su historial, lo que va a hacer allí es un negocio y meterse unos reales, que van a ser bastantes, porque esto es un vehículo montado para un propósito..
Carlota le puso entonces el dilema completo sobre la mesa: si esto solo funciona con un gobierno legítimo, ¿qué ocurre primero, se aceleran las elecciones o se ralentiza el plan energético? Y ahí Juan fue tajante en lo esencial: este régimen interino no tiene derecho a comprometer el futuro del país, ni en petróleo ni en la reestructuración de la deuda. Quizás toque convivir con un contrato así, pero un gobierno legítimo tendrá la responsabilidad de reorientarlo. Si no, esto se convierte en una situación insostenible.
Y entonces habló del país que viene, que es lo que de verdad le brillaba en la voz.
Lo primero, dijo, es dar piso: seguridad jurídica lo más rápido posible, garantías de que la inversión privada será respetada y un esquema de cálculo de impuestos y regalía que sea transparente y produzca beneficios reales para el país. Nada parecido a la discrecionalidad que hoy permite la ley orgánica de hidrocarburos del régimen, que es exactamente la razón por la cual todos estos contratos se han otorgado a dedo, sin que nadie sepa qué condiciones especiales le dieron a cada quien. Porque la vara de medir y la discriminación las aplica una sola persona: Delcy Rodríguez.
Contó que han trabajado con perfil bajo, con mucha gente comprometida dentro y fuera de Venezuela, en un equipo designado por María Corina donde está también Humberto Calderón Berti. Que tienen lista una propuesta de ley orgánica de hidrocarburos, que, por cierto, ya está en manos de la administración Trump; si no se la han circulado, cometieron un fallo. Que tienen mapas con las áreas de producción y con áreas nuevas por explorar, incluido fracking en el occidente. Que hay muchísimo más gas por producir para un verdadero proyecto de gasificación nacional que genere trabajo, empleo y emprendimiento.
Y algo que ningún gobierno que se arropó con "el petróleo es de todos" propuso jamás: un esquema de participación ciudadana real, donde los ahorros y los fondos de pensión de la gente común puedan ser parte del negocio petrolero. Más una agencia venezolana de hidrocarburos que ordene, vigile y regule; la apertura del gas, hoy monopólico, a un mercado abierto con su propia agencia de competencia; y la recuperación del sistema de refinación con participación privada, asegurando el suministro interno de combustible, las plantas de distribución y las estaciones de servicio.
Todo eso apuntando a lo que Carlota nombró como el hub energético: movernos de una visión de petróleo a una visión de energía, con la hidroeléctrica de nuestros grandes ríos y el gas como fuente de generación. Venezuela, dijo, será un centro determinante en la geopolítica energética de las Américas y la economía con mayor potencial de toda la región durante muchos años.
Se abrió entonces la sala a las preguntas, y el primero fue Luigi. Preguntó qué tiene que cambiar para que la gente preparada vuelva físicamente a reconstruir el país. Juan respondió sin rodeos: las empresas privadas no van a contratar personal por motivación política, como ocurrió en una PDVSA que hoy tiene 85 mil trabajadores, de los cuales una enorme cantidad no tiene nada que ver con el sector petrolero. Habrá transferencia de personal con las pericias adecuadas, consorcios técnicos para explotar campos pequeños, campos que ya tienen identificados, y un trabajo delicadísimo de redimensionamiento de PDVSA y de gobernanza del sector.
La periodista que todos conocen en X como Voz de Fondo, la misma que, al ver el anuncio del programa, celebró que tuvieran de invitado al "papá de los helados", y a quien él le completó entre risas el bautizo, el papá de los helados de petróleo, confesó que se le quebraba la voz al escucharlo, porque su voz trae de vuelta aquellas ruedas de prensa y una Venezuela distinta. Y después tocó dos nervios: el eléctrico y el pedagógico. Juan le dio la razón en los dos.
Sin electricidad no hay petróleo: los procesos modernos son prácticamente todos automatizados y quien los hace posibles es la electricidad. En la Venezuela de antes, la red nacional era respaldo del campo o el campo era respaldo de la red; hoy hay que reconstruir eso. Hay empresas trabajando en cogeneración, Chevron entre ellas y, si se logra conectar la tubería de gas que viene de Falcón hacia el occidente, podría haber relativamente rápido una mejor oferta eléctrica que alivie a esa región, además de lo que falta por hacer en las represas.
Y sobre lo otro, enseñarle al venezolano qué es su industria, confesó que esa fue una de las razones por las que nació Gente del Petróleo en aquellos días de abril de 2002: tener una relación más estrecha con la sociedad venezolana, que la gente entendiera el negocio, sus implicaciones y cómo aprovechar esa riqueza.
A Devorah, que preguntó por los tiempos del plan Venezuela, Tierra de Gracia, le detalló el horizonte: un plan a diez años, con escenarios de 4 y hasta 6 millones de barriles diarios, que sumando el equivalente en gas podría llegar a 7. Al principio de la curva está la llamada producción diferida, esa que se recupera con cosas relativamente sencillas, porque se robaron unos cables, porque la conexión del pozo al tanque está dañada, porque el tanque necesita reparación, sin meterse todavía en perforación. Con eso, en cinco años se llegaría a dos millones y medio de barriles diarios, o más. Todo depende, como sabe cualquiera en este mundo, de cuánto dinero se invierta y de qué tan estables y competitivas sean las reglas. Y todo coordinado con el plan eléctrico que trabajaba Miguel Lara.
Elizabeth le hizo la pregunta más fina de la noche: después de tanto trabajar junto a María Corina, ¿en qué coinciden profundamente y en qué ha tenido que decirle "María Corina, aquí no"? Juan fue honesto. Coinciden sin ninguna duda en que el petróleo es la palanca de corto plazo para levantar la economía y en que la participación privada es el elemento nuclear de todo. Lo que sí genera discusión y él lo dijo sin maquillaje, es PDVSA: ¿se privatiza al cien por ciento?, ¿mantiene un rol de equilibrio?, ¿cómo se estructura su patrimonio para que haya participación particular, cuando hoy representa prácticamente todo el negocio, incluido el midstream y el downstream? Eso, dijo, todavía es una discusión abierta. Y agregó lo que más le preocupa: que todo esto hay que hacerlo por vía de consenso político, porque sin consenso no hay sostenibilidad. De ahí que insista en un win win, como ella misma lo llamó. Y recordó algo que a él lo marcó: hace dos años estuvo en la gran conferencia petrolera internacional llevando un video de María Corina, y vio la recepción que tuvo entre los que estaban allí; en la más reciente, ella misma dio su discurso y dejó establecidas, con claridad, las líneas con que Venezuela va a manejar el sector. Las mismas que él acababa de explicar durante dos horas.
Y entonces Carlota lanzó la última pregunta, la que no se responde con datos: ¿qué significa para ti hasta el final?
Juan contó la anécdota. En una reunión del Comité Político Internacional de María Corina y Edmundo González Urrutia, ella fue nombrando uno por uno a los que estaban allí. Cuando lo mencionó, él le dijo: "Te agradezco mucho, María Corina. Voy a cambiar el 'ni un paso atrás' por el 'hasta el final'." Ella se echó a reír y le dijo que se lo cambiaba.
¿Y por qué hasta el final? Porque significa que ninguno de nosotros tiene que renunciar. Porque renunciar, en el juego, es echar tierrita y no jugar más. Y aquí seguimos jugando hasta lograr el país que nos merecemos. Nosotros no podemos dejar en manos de otros lo que nos corresponde a nosotros.
Sabe que no ha sido fácil. Que han pasado los años, que nos han pegado, que hay gente que ha estado detenida, que los que han salido de las cárceles siguen de alguna manera presos. Él lo escribió hace años y sigue siendo la frase más exacta y más triste del exilio venezolano: hay compatriotas presos adentro porque no pueden salir, y otros presos afuera por no poder entrar.
Salió de Venezuela en diciembre de 2004, con la mente puesta en el regreso. Han pasado más de veinte años.
Pero terminó la noche convencido de algo: que este anuncio, con todo lo que tiene de humo y de propaganda, va a terminar acelerando el cambio político. Porque la propia administración Trump, y Marco Rubio, que sabe muy bien lo que es vivir bajo una dictadura comunista, y hasta el secretario de energía que promueve los negocios petroleros, se van a dar cuenta de que con esta gente esto no les va a funcionar. Y que la mejor manera de corregir el camino es que Venezuela tenga el gobierno que todos los venezolanos tenemos derecho a elegir, porque el derecho a decidir sobre nuestro país nos corresponde a todos.
Devorah cerró diciendo lo que muchos sentimos al apagar los micrófonos: que después de escucharlo se queda uno más tranquilo. Que el alboroto no sirve de nada. Que hay que buscar a las personas que verdaderamente saben, escucharlas con detalle y no desbocarnos con angustias.
Hoy volvemos a hablar de petróleo, de reservas enormes, de licencias, de inversión y de Estados Unidos. Pero detrás de cada barril hay una pregunta que importa mucho más que el barril: qué país vamos a construir con él.
Un país recibió a dos coruñeses que llegaron con lo puesto. Ese país educó al hijo. El hijo ayudó a construir la institución más importante que tuvimos. Y ese mismo hombre, desde tan lejos, todavía está pensando en cómo levantarla.
Nunca dimos ni un paso atrás. Y ahora vamos hasta el final.
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@JFernandeznupa@elhabito@devorahsasha@LeCoffeeCat@VLate2025
me irán a decir estúpida pero esta semana comenzó en circuito Onda @anamariasimon y yo he tenido mis 2 horas de cagarme de risa, ayer fue simplemente irme años atrás y sentirme tan bien, Inmadura si es posible, el tiempo perdido no se recupera pero podemos tratar de revivirlo
Zinedine Zidane sobre la controversia de la tarjeta roja a Lionel Messi contra Argelia:
🗣️ “He visto el incidente con Lionel Messi varias veces ya, desde diferentes ángulos, y honestamente no entiendo cómo algunas personas están pidiendo una tarjeta roja.”
“Sí, hay contacto. Nadie lo niega. Pero el fútbol es un deporte de contacto, y cada contacto no se convierte automáticamente en una expulsión solo porque las redes sociales quieren una historia más grande.”
“Lo que me decepciona es que la gente esté pasando más tiempo hablando de un momento accidental que hablando de la obra maestra futbolística que Messi produjo durante noventa minutos.”
“Un jugador marca un hat-trick, rompe récords, domina un partido de la Copa del Mundo, y de alguna manera la conversación se convierte en un desafío que duró unos segundos. Eso lo dice todo.”
“Para mí, la intención importa. El contexto importa. La velocidad de la acción importa. Y cuando miro el incidente, veo una acción de fútbol, no a un jugador tratando de lastimar a un oponente.”
“Creo que algunas personas ya se habían formado una opinión antes de que se mostrara la repetición. Si ese mismo incidente involucrara a otro jugador, no creo que todavía estuviéramos discutiéndolo horas después.”
“La verdad es simple: Messi no escapó de una tarjeta roja. No había una tarjeta roja de la que escapar. El árbitro lo vio, el VAR lo revisó, y llegaron a la misma conclusión.”
“En lugar de buscar controversia, tal vez deberíamos apreciar lo que presenciamos esta noche: uno de los mejores jugadores en la historia del fútbol entregando otra actuación inolvidable en la Copa del Mundo.”
¡Venezuela, yo también me voy!
Corina Velazquez
¡Venezuela, yo también me voy! No lo hago por falta de amor, sino por exceso de asfixia. Soy una bachiller recién graduada, que siempre ha amado la lectura y la escritura porque mis padres que murieron ambos en tiempos del Covid-19, siempre me inculcaron ese camino de letras que les prometí seguiría llevando adelante en honor a cada de sus memorias.
¡Venezuela, yo también me voy! Y aunque hoy, se supone debería estar celebrando el inicio de una vida universitaria, la verdad es que en lugar de revisar planes de estudio, paso las noches revisando rutas migratorias, mientras todavía tengo en mi memoria, el sentido del Himno Nacional cantado en el patio del liceo y el deseo ferviente de ser útil a mi país. Sin embargo, las aulas vacías, los profesores que apenas podían sobrevivir y los apagones que devoraban mis horas de estudio me enseñaron una lección tan dura como real, aquí las ganas no alcanzan cuando el futuro está clausurado, y siento que ningún político nada vale, porque para mí, todos son culpables de la muerte de Venezuela.
¡Venezuela, yo también me voy! Me despido de tus calles agrietadas y de tus atardeceres de "sol de los venados" porque ya no puedo vivir de la nostalgia anticipada ni de la promesa de un mañana que nunca llega, mientras mis tíos quienes se encargaron de mi, durante todos estos años, al igual que mis padres, solo los veía hacer milagros económicos cada mes para comprar apenas lo básico, lo cual me ha quebrado el alma de una forma silenciosa. Quiero estudiar, quiero trabajar, quiero progresar sin que mi mayor logro diario sea, simplemente, haber sobrevivido a la escasez y otro día de pobreza. Me duele cambiar mi título de bachiller venezolana por el estatus de migrante en una tierra extraña, pero la parálisis de verme estancada en el tiempo me obliga a empacar mis pocos años en una maleta.
¡Venezuela, yo también me voy! Me sumo a esa dolorosa y larga lista de migrantes, aún siendo adolescente porque hoy solo puedo abrazar a través de la pantalla de un teléfono. Nos convertimos en una generación de despedidas obligatorias, expertos en abrazos de aeropuerto y terminales de autobuses donde solo brotan lágrimas. Sé que afuera me espera el frío de la indiferencia, la dureza de empezar otra vida con una cultura diferente, y el peso de un acento que me delatará como extranjera; pero prefiero el cansancio de ganarme la vida en otras actividades que la frustración de ver mis sueños morir de inanición en mi propio hogar, y mi propio país.
¡Venezuela, yo también me voy! Te juro que voy a guardar tu Ávila verde, el olor a café de las mañanas y la calidez de nuestra gente en el rincón más seguro de mi equipaje de mano. No me voy con rencores, me voy con el corazón arrugado y la firme esperanza de que esto no sea un adiós definitivo, sino un doloroso "hasta luego".
¡Venezuela, yo también me voy! Y cuando cruce la frontera, llevaré conmigo el sentimiento de haber nacido en tu hermosa geografía, prometiendo que, donde quiera que esté el destino me pueda llevar con el cumplimiento de mis sueños. Trabajaré con la fuerza y la resiliencia que ustedes, papá y mamá, y también mis tíos, me enseñaron, soñando siempre con el día en que poder regresar ya no será un sacrificio, sino el más hermoso de los reencuentros.
¡Venezuela, yo también me voy!
Pensar Educativo
¡Tienen que ver la técnica de esta niñita! La atleta Franchesca González logró el 1er🥇lugar en el Campeonato Mundial de Fitness Infantil 2026 celebrado en Čačak, Serbia. Tiene 9 años, es del estado Anzoátegui🇻🇪 y ganó la categoría Children's Artistic Fitness.
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El encuentro entre la mujer más alta del mundo, Rumeysa Gelgi de Turquía y Jyoti Amge, de la India. Ambas poseen los récords Guinness por la mujer más alta y la más baja del mundo, con alturas de 2,15 metros y 63 centímetros, respectivamente
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Con apenas 5 años, Huang Zijun acaparó las miradas en la ceremonia de apertura de la Competencia Élite de Artes Marciales de Guangdong 2026, interpretando la antigua rutina de "Escudo de Enredadera y Sable Único"
Nadia Comăneci hizo historia el 18 de julio de 1976 en los Juegos Olímpicos de Montreal, convirtiéndose con solo 14 años en la primera gimnasta en lograr una puntuación perfecta de 10.0 en barras.
El marcador no estaba preparado para tal talento ya que el maximo era 9.99
"Nosotros no somos como los Orozco
Yo los conozco, son ocho los monos
Pocho, Toto, Cholo, Tom, Moncho, Rodolfo, Otto, Pololo
Yo pongo los votos solo por Rodolfo
Los otros son locos, Yo los conozco
No los soporto, stop, Stop". León Gieco
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