Su mirada descendió brevemente hacia la escasa ropa que llevaba antes de volver a sus ojos.
—Si intentas hacerte pasar por alguien importante, deberías empezar por vestirte como tal. Y si realmente eres quien dices ser... entonces esperaba un poco más de dignidad.
—Porque una testaruda humana me obligó a pensarlo.
La brisa agitó la capa del príncipe mientras continuaban avanzando.
—Pero no te acostumbres a tener razón tan seguido.
Isaye permaneció en silencio mientras escuchaba. Resultaba extraño oír aquellas palabras de alguien como Lohengrin. Más extraño aún era descubrir que no parecían una broma ni un intento de animarlo.
Cuando ella se giró, el príncipe no pudo evitar sonreír apenas.
(+)
Y por primera vez en bastante tiempo, aquella palabra sonó más cercana a un cumplido que a una crítica.
Isaye caminó hasta colocarse a su lado nuevamente.
—Buscaré mi propio camino. No porque me lo haya dicho mi padre. Ni una profecía. Ni una reina
Entonces la miró de reojo
(+
Y también te equivocas en otra cosa.
La seriedad regresó a su voz.
—Nunca te he visto como alguien inferior por ser humana.
Sus ojos se afilaron ligeramente.
—De hecho, eres una de las pocas personas de este escuadrón a las que jamás me atrevería a llamar débil.
Las palabras golpearon más fuerte de lo que Isaye admitiría jamás. Permaneció inmóvil mientras Lohengrin se alejaba, escuchando cada acusación sin interrumpirla una sola vez
Cuando ella terminó, el príncipe bajó la mirada durante unos segundos.
—Qué injusta eres cuando +++
ello, el es fuerte y sabe lo que quiere no como tu que solo avanzas a un ritmo lamentable—
Aquello no era verdad, era su rabia hablando se desbordaba ya no era solo una chica quejandose era una mujer orgullosa enojada con el mundo y ahora el mundo era rubio.
Esta vez no hubo sarcasmo.
—Paso demasiado tiempo mirando a mi padre.
El príncipe desvió la mirada hacia el horizonte de Camelot.
—Quizá porque es más fácil que preguntarme quién quiero ser yo.
Y entonces añadió algo que probablemente jamás habría dicho en otro momento.
+++
—Eso lo sabe cualquier escudero. Pero los grandes caballeros son recordados por lo que hacen con su espada, no por cuánto brillaba su armadura.
Tomó su lanza y la apoyó sobre el hombro.
—De todos modos, me alegra saber que al menos una de esas dos cosas la tienes dominada.
—— La fortaleza tampoco depende de la fuerza, habilidad o técnica … un caballero siempre debe tener su equipo bien cuidado.
Le reprocha dejando el trapo a un lado.
—— ¿O no lo sabías?
—Qué valiente.
Sus ojos azules se posaron sobre los cuernos de la joven demonio.
—Normalmente quienes juegan con fuego terminan quemándose.
Hizo una breve inclinación de cabeza, elegante y medida.
—Isaye. Y tienes razón, Shenritsu. Los modales son para ambos lados.
¿Ah no? ¿Tan peligrosa eres? Eso me gusta, jugar con fuego es uno de mis hobbies. Y me llamo Shenritsu. Aunque antes de pedir presentación una se tiene que presentar, aquí los modales tienen que ser para ambos lados fufufu~
-Rio tapándose la boca con un abanico-.
—Esa respuesta no era la que esperaba.
Apoyó la lanza contra su hombro mientras inclinaba apenas el rostro hacia ella.
—Pero tú hablas como si realmente no te importara.
La comisura de sus labios se elevó apenas.
—Quizá por eso me resultas más interesante que los otros.
Alzó la mirada, inspeccionando al joven de pies a cabeza. No resaltaba mucho, pero aún así destilaba cierta familiaridad.
─── Siento decirlo, Isaye. . . Pero no soy una de las heroínas que idolatras ───dijo─── Solo soy una caballero más del montón.
Sus ojos azules permanecieron fijos en ella. Sujetó la lanza con una sola mano antes de responder finalmente.
—Isaye.
Una breve pausa.
—Solo un caballero que esperaba más de los héroes que tanto idolatra el mundo.
Ceja alzó en dirección del rubio. Por alguna razón, tiene una alta corazonada de que lo conoce de algún lado, pero no sabe decir bien de donde.
─── ¿ Quién rayos eres tú .ᐣ ───cuestionó tras levantarse un poco para verlo.
—Qué comportamiento tan digno de una supuesta heroína legendaria.
El príncipe soltó una pequeña exhalación nasal.—
—Empiezo a pensar que quienes inventaron las historias exageraron bastante sobre ustedes.
—Claro… eso explica por qué pasa más tiempo puliendo metal que inspirando respeto.
Sujetó su lanza con una mano mientras continuaba caminando.
—Si de verdad llevaras ese nombre, entenderías que una armadura brillante no vuelve fuerte a alguien débil.
—Vaya forma tan directa de presentarte.
Sus ojos azules recorrieron brevemente a la joven demonio antes de volver a su rostro.
—Aunque normalmente la gente empieza diciendo su nombre antes de declarar cosas tan peligrosas. No todos sobreviven después de conocerme demasiado.