En Villaverde, en el bulevar justo enfrente de la residencia donde está mi padre, alguien deja libros en los bancos públicos. Desaparecen unos días y luego reaparecen, a veces los mismos libros, a veces otros.
Mi padre tiene 71 años, solo 71 años dice mi madre. Mi padre tiene una enfermedad degenerativa bastante jodida, hay días en los que no recuerda quién es mi madre ni quién soy yo, hay dias en los que no recuerda quién es él.
Mi padre fue profesor desde los 21 años, justo cuando nací yo. Al principio fue profesor de primaria en un colegio muy pequeño del barrio, luego de secundaria en un instituto también de Villaverde. Trabajó 35 años en ese instituto. Todas las mañanas iba al instituto, muchas tardes iba al instituto, a extraescolares, a reuniones del consejo escolar, todos los años iba a esquiar con el instituto, con sus chavales del instituto.
Mi padre era profesor de educación física, corría maratones, corrió cuarenta y dos maratones en treinta años, siempre el de Madrid pero algunos años también fue a Valencia, a Sevilla, a Rotterdam, a Berlin. En el de Berlin bajó de dos horas y media. Hoy ya casi no puede andar. Algunos días camina entre dos barras paralelas en un jardín de la residencia, la mayoría los pasa en una silla de ruedas.
Hay días, cuando la enfermedad le da un poco de tregua, en que está más o menos bien. Hoy estaba más o menos bien, me reconocía perfectamente y también a Lucas. Hoy hemos visto los libros del bulevar y hemos cogido el de Patricia Highsmith, el mismo libro que está en una estantería de su casa, de nuestra casa, de la casa donde vivía hasta hace cuatro meses, donde yo vivía cuando él corrió el maratón de Berlín. Tenía 51 años cuando bajó de dos horas y media en Berlín, la misma edad que tengo yo ahora. Hoy no se acordaba de haber leído "El diario de Edith" pero sí se acordaba de Patricia Highsmith, de "El talento de Mr. Ripley" y de Alain Delon y de Dennis Hopper. El cine hace esas cosas.
En los días buenos mi padre recuerda cómo se lee, y lee, aunque no se entere completamente de lo que lee, aunque junte las palabras como un niño de primaria. El otro día tambien fue un día bueno y pidió un bolígrafo a una de las enfermeras de la residencia y escribió en una servilleta. Escribió "¿Dónde vivíamos antes?", con una letra un poco torpe pero con las des y las tes tendidas a la izquierda, igual que siempre, igual que la mayoría de las tes y las des de los zurdos. En los días malos no es capaz de sujetar un bolígrafo, no recuerda lo que es un bolígrafo, no recuerda cómo se escribe ni como se lee y ni siquiera recuerda cómo se habla.
Cuando mi madre y yo vimos la servilleta, le preguntamos lo mismo a él, dónde vivíamos antes, y lo recordó, recordó la dirección de su casa, de la nuestra, también recordó la dirección de la casa donde yo nací —bueno, donde me llevaron cuando tenía un día, porque yo nací en un hospital—.
Creo que mi padre no sabe realmente que está en una residencia, que ahora vive en una residencia. Está mejor alli, vive mejor allí, mucho mejor que en su casa, aunque no sea su casa, aunque allí no estén las medallas de los maratones y los cientos de libros, los miles de libros que ha leído, colocados en estanterías, en filas detrás de otras filas. Mi padre vive mucho mejor en la residencia, se le nota cada uno de los días buenos, que son más y mejores que los pocos que tenía en casa. En los días buenos se ríe, se ríe un huevo, a veces se ríe como cuando quedaba con sus compañeros del instituto. Mi padre fue un buen profesor de instituto.
A veces creo que mi padre no sabe exactamente qué es una residencia, pero sabe que no es una casa, sabe que es un edificio grande, moderno, luminoso, con patios y jardines y mucha gente entrando y saliendo. Mi padre no la llama residencia, la llama el instituto.
Hoy es 11-S. Hace 25 años yo acababa de terminar la carrera y ni siquiera sabía lo que me gustaban las Torres Gemelas. Nadie me las había enseñado de verdad.
Esto es un homenaje a lo magníficas que eran.
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-Me encanta trabajar como freelance, cada día en un sitio distinto haciendo cosas diferentes.
-Limpias parabrisas en los semáforos.
-También hago malabares.
The Texas tv evangelist who said trump is the 2nd messiah and he’s using the Iran war to bring upon a biblical apocalypse just got arrested for having a huge meth lab in the church basement
Hoy he vuelto a encontrarme con la viuda de mi primo. Dos años después todavía no ha vuelto a su casa y sigue recibiendo ayuda psiquiátrica. La forense le ha hablado de estrés postraumático. Solo por quedarse donde no debía mientras otros no estaban donde tocaba.
Si el Grinch se robó la Navidad, tipos como Marcos de Quinto se han robado la parodia.
"Réquiem por la risa", mi columna de hoy en CTXT.
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Hoy, cuando he llegado a la concentración de las familias, me han dicho que Dolores me estaba buscando.
La he encontrado y me ha dicho, Vico tú que tienes mucha difusión en las RRSS, quiero que le digas a la gente una cosa.
Quiero que la gente sepa que hasta que no haya justicia, yo no podré descansar, hazme una foto por delante y por detrás para que no se olviden de mi familia.
Que sepan que Eleuterio (su marido) y mis dos hijos (Jesús Andrés y Javier), y mis tres perros, se habrían salvado si nos hubiesen avisado, yo me quedé enganchada a una valla y estoy viva de milagro.
Por eso seguiré luchando hasta mis últimas fuerzas, para que haya justicia.
También me ha dicho que cuando está en las concentraciones o manifestaciones, habla con gente y su mente se despeja, pero Vico, cuando entro en casa y me encuentro sola me derrumbo.
Ahora, que voy en el metro de vuelta a casa, lo recuerdo y me emociono.
Así que os pido máxima difusión.
Es lo mínimo que podemos hacer por ellas.
The most brutal part of poverty is how much of your life it consumes. Waiting for buses. Sitting in laundromats. Hunting for the cheapest groceries. Taking extra trips just to save a few dollars. Filling out endless forms. Being poor is a second job nobody pays you for.
Ahora que estamos tan alarmados como país por el terrible robo de una gran joya histórica como el Tesoro de Villena sería un momento estupendo para que nos alarmásemos más por el robo diario de patrimonio histórico que sufrimos a manos de detectoristas.
Los piteros no solo nos roban piezas que son de todos, como el Tesoro de Villena, sino que además lo hacen cuando todavía están en el yacimiento, de manera que destruyen para siempre toda la información que esas piezas podrían habernos dado.
El robo de patrimonio cultural del detectorismo no es tan mediático, pero es más constante y más grave. Nunca sabremos si existían otras piezas como el Tesoro de Villena que han robado detectoristas y han vendido, con la complicidad de mucha gente.
En lo que va de años hemos sufrido tres grandes robos de oro en museos españoles. En comparación, en lo que va de año se ha detenido a varias decenas de detectoristas por destrozar yacimientos e intentar robarnos.
Ahora imaginad a todos los que no pillan.
Tú puedes quitarle el tapón a la botella. Y yo ir al hospital a que me operen de urgencia de apendicitis aguda sin tener que hipotecar mi casa ni pedir un préstamo al banco que acabaré pagando el resto de mi vida
Empate, supongo
Estoy en el Monasterio de San Xoán de Caaveiro, en el parque natural das Fragas do Eume, en A Coruña.
Para llegar aquí hay que hacer un camino de 5 km, que dura mil años pero que, en realidad, es tan antiguo y tan bonito como el propio planeta Tierra.
Esta es la historia:
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