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Historias que hay que leer
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"Ahora bien, el sentimiento de la identidad se funda en el odio, en el odio a los que no son idénticos. Hay que cultivar el odio como pasión civil. El enemigo es el amigo de los pueblos. Hace falta alguien a quien odiar para sentirse justificados en la propia miseria."
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"El patriotismo es el último refugio de los canallas: los que no tienen principios morales se suelen envolver en una bandera, y los bastardos se remiten siempre a la pureza de la raza. La identidad nacional es el último recurso para los desheredados"
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Tras el éxito de Mongo blanco, @carlosbardem "estrena" El asesino inconformista. Del esclavista malagueño al asesino de corruptos.
Fan de Carlos Bardem.
Prisionero de mis sueños, observo cómo los más despiertos destrozan vidas y sueños de otros para levantar muros que derriban nada más nacer ☛
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Como me gusta el hijo de puta del Boss. Si no tuviera un corazón de acero conseguiría hacerme llorar. Bruce, a mí no me parte el corazón ninguna muñeca. Yo como Bobby… got scared an ran away. Sólo tengo un amor que no me falla nunca. Este. (sigue...)
Capturado por la simplicidad del lenguaje de Agota Kristof, por la profundidad de sus argumentos aplastantes; no puedes dejar de leer, atrapado en una tela de araña en la que ya no te importa si Claus o Lucas cambian los hechos, cambian los argumentos. https://t.co/7ls42q3V7k
Como Romeo y Julieta quedaron grabados a carne y hueso en aquella estampa que rebosaba amor eterno, hasta que un viento helado invadió la estancia y empujó violentamente la carta y desbarató el cuadro.
“Nos ha sido imposible cumplir vuestros deseos…”
“Tendréis que estar en residencias separadas, pero están cerca, podréis veros…”
“Vuestros hijos que os quieren…”
Sobre el papel aún se adivinaba la traición, esa que intentaron encubrir infructuosamente las lágrimas: “…sabéis que no os puedo atender en casa… los niños…. el trabajo… Y con Jaime tampoco podéis contar…. no para de viajar, siempre está en el extranjero…”
La mano de él delataba como un dios intransigente a un frasco vacío en el suelo y que hasta hacía poco contenía el veneno con el que decidieron terminar sus días.
En el regazo de ella la mano tendida señalaba al azar la carta que descansaba entre sus piernas, el puñal traicionero que les había conducido a esa última y drástica decisión.
Reposaban tranquilos, con aquella serenidad ancestral que tan bien les definía, al igual que a aquellos dos reyes etruscos de un viejo sarcófago de Villa Giulia.
Aparecían perfectos enamorados, uno junto al otro, sus manos asidas firmes, fundidas pero a la vez relajadas como si la una a la otra le diera permiso a volar libre si así lo decidiera.
Su rostro parecía cincelado por suaves líneas dibujadas a acuarela en el lienzo de una vida tan generosa como su sonrisa. Sus miradas, dos amantes entregados.
Aún dibujaba en su rostro esa joven y pícara sonrisa que exhibía de medio lado en exclusiva para su amante perpetua. Ella pintaba en sus labios una sonrisa plena, completa, satisfecha.
Mantenía la firme serenidad que los años no le habían robado. Sus ojos, vidriados por la ancianidad, conservaban intactos los compases de amor que habían guiado toda su vida hasta la senectud.