El capitán de la Selección de Irán, Mehdi Taremi, explotó contra la FIFA y la organización de Estados Unidos.
“Esta es una Copa del Mundo desastrosa. Como jugadores profesionales no podemos jugar una competición en estas condiciones, no está bien ni es justo. Si la FIFA piensa que esto es justo, tema de ellos, pero no lo es. ¿Quién debería solucionar este problema por nosotros? ¿La FIFA? ¿EE.UU.? ¡No sé! Díganme un nombre. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, vino a nuestro vestuario después del primer partido contra Nueva Zelanda y dijo que iba a resolver todos los problemas, pero en realidad, la FIFA no hizo nada. Respondiendo la pregunta de: "¿Sienten que los organizadores de la Copa del Mundo, incluidos la FIFA y los funcionarios estadounidenses, prefieren que Irán sea eliminado de la competencia?", digo: Tenemos que luchar contra absolutamente todo. No podemos quedarnos en el país, viajamos y nos sometemos a controles migratorios cada vez que queremos jugar, ahora no podemos quedarnos en Seattle y tenemos que volver a Tijuana. Han hecho todo lo posible para eliminarnos, entonces desde nuestra perspectiva, sí, creo que lo quieren así, nos quieren afuera”.
El Mundial de las Letras. Un equipo de escritores futbolistas ordenado por los puestos en que efectivamente jugaron.
Y no es cuento: el equipo más salvaje del mundo
Estos cracks perderían partidos increíbles. Discutirían el sistema, escribirían cartas al árbitro, pedirían vino en el minuto de hidratación, convertirían cada derrota en una teoría.
Una vez le pregunté a Roberto Fontanarrosa por su pasado de futbolista y contestó como si devolviera una pared. Había jugado. ¿De qué? De 8, dijo, con una precisión que parecía autopsia: sin marca y sin llegada. Luego sacó la frase que siempre llevaba en el bolsillo: “Sólo tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es mi pierna izquierda. El otro es mi pierna derecha”. Yo insistí con una teoría probablemente indefendible: en la cancha se revela el escritor. Allí se sabe quién toca de primera, quién gambetea de más, quién pide la pelota cuando el partido arde. Pregunté lo único que me importaba. ¿Usted pegaba patadas, Fontanarrosa? El Negro sonrió. “Soy tan malo que ni siquiera sé pegar patadas”.
A Eduardo Sacheri le tendí la misma trampa años después. Venía de una novela convertida en película, de un Oscar y de esa frase que el fútbol adoptó como contraseña: quienes creen que el juego nada tiene que ver con la vida entienden poco de ambas cosas. Sacheri jugaba de defensor central, dijo. El dato prometía rudeza. Luego llegó la decepción: tampoco pegaba. Un central incapaz de repartir leña debería pertenecer a la zoología kafkiana: un odradek con canilleras.
Javier Marías, antes del Mundial de 2006, armó una selección de escritores favoritos en el diario El País. Puso a Vladimir Nabokov o Albert Camus en el arco. Sumó a Dashiel Hammett y Malcolm Lowry como centrales, a Ramón del Valle-Inclán y Henry James como laterales. En el medio ubicó a Thomas Mann, Marcel Proust y William Faulkner; arriba, a Joseph Conrad, Thomas Bernhard y a Giuseppe Tomassi di Lampedusa. El equipo tenía prestigio, biblioteca y mal humor. Le faltaba fútbol de verdad: potrero y Sudamérica, que son lo mismo.
Si vamos a jugar, juguemos con gente que haya mojado una camiseta. En el arco hay abundancia. Nabokov y Camus pasan el achique, pero perderían la titularidad ante Sir Arthur Conan Doyle: atajó en el AFC Portsmouth con el seudónimo de A.C. Smith mientras afinaba en la pluma las primeras novelas de Sherlock Holmes. Alfredo Bryce Echenique merece banco de lujo: jugó por Universitario un amistoso infantil en el Estadio Nacional de Lima, aunque dejó sospechas en “Permiso para vivir” cuando confesó que le gustaba jugar el primer tiempo por un equipo y el segundo por sus rivales. Roberto Bolaño decía que le atajó un penal a Vavá a los 9 años en Quilpué, pero, imaginación aparte, afirmaba que el autogol es la obra perfecta.
Atrás formamos con dos argentinos y dos italianos. Ernesto Sabato fue full back en inferiores de Estudiantes y llevó al fútbol una gravedad de profeta laico: admiraba el fóbal antiguo, cuando una barrida podía parecer una disputa metafísica. Sacheri lo acompaña, ya sabemos que de perdonavidas. Michele Mari va por la derecha: milanista, obsesivo, autor de un cuento donde las pelotas perdidas tienen más historia que los jugadores. Alessandro Baricco toma la izquierda: en “Los bárbaros”, de hecho, se recuerda bien atrás cuando sucedía el resto del juego y admite la duda existencial de subir a celebrar los goles de su equipo por temor a llegar tarde, “como emborracharse cuando los demás ya están volviendo a casa”.
El mediocampo es un congreso de diestros que deben reconvertirse en mixtos. Fontanarrosa se gana el puesto por sinceridad, con Nelson Rodrigues afirmado por sus crónicas legendarias y su claridad en el juego: el peor ciego del fútbol mira solamente la bola. Mohamed El Khatib completa la línea: hijo de inmigrantes, seleccionado juvenil de Francia, tentado por el PSG a los 18 años y dramaturgo que llevó al escenario la tribuna del Lens. Tres ochos juntos parecen un problema táctico. También una promesa: nadie sabe defender, todos tienen algo que inventar.
Arriba se juega con hambre. El 9 es Osvaldo Soriano, punta de lanza antiguo, centrodelantero de equipos infames en la Patagonia. De wing derecho va Juan Villoro, básicamente por sostener la teoría de que Dios es redondo. En la izquierda hay paño para Javier Marías, dueño de uno de los mejores títulos en la historia de los libros de fútbol: “Salvajes y sentimentales”. Pero aquí sobran variantes, empezando por Pier Paolo Pasolini, un zurdo que solía jugar a pie cambiado como ala diestra, poeta de muslos tensos y capaz de transformar un pique corto en manifiesto. Ya por si falta experiencia se pueden sumar Günter Grass y los puntetes confesos de Camilo José Cela.
Estos cracks perderían partidos increíbles. Discutirían el sistema, escribirían cartas al árbitro, pedirían vino en el minuto de hidratación, convertirían cada derrota en una teoría. Pero todos jugaron a la pelota de verdad y también tendrían algo que los equipos perfectos han extraviado: la certeza de que jugar es revelar una infancia. En la cancha nadie corrige estilo. El balón llega y exige una respuesta inmediata. Algunos lo devuelven limpio. Otros lo esconden. Otros se caen solos.
#Mundial2026
Recibí a Michelle Bachelet. Una mujer brillante, dos veces presidenta de Chile, promotora de la paz con desarrollo y justicia. Hace unos meses anunciamos nuestro apoyo para que ella presida la Secretaría General de Naciones Unidas.
Ayer se nos dijo que no habría recortes en salud. Hoy accedemos a un oficio que notifica una disminución presupuestaria de $1.600 millones para el Hospital El Carmen de Maipú.
El Hospital no es administrado por el municipio, pero a diario recibimos reclamos de nuestros vecinos por sus carencias. Esto solo perjudica a miles de personas que se atienden en la salud pública. Que los recortes no los paguen los que menos tienen.
Lo que hace @TNTSportsCL con sus clientes es un acto arbitrario y unilateral. Hay cientos de personas de la 3era edad q no saben cómo suscribirse a @HboMax para ver un partido. Porque tienen en sus tv ya listo el @TNTSportsCL.
Sres @SERNAC cómo es posible este suceso?
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🇬🇧 | AHORA: El keniano Sabastian Sawe ha roto el récord mundial de maratón en Londres, ganando la carrera con un tiempo de 1:59:30.
Su victoria marca la primera vez que un maratón se ha completado en menos de dos horas.
🌊✨ Increíble lo que está pasando en Guanaqueros, Chile 🇨🇱
El mar se tiñó de azul por un fenómeno natural de bioluminiscencia 🔵
Millones de microorganismos iluminan el agua con cada movimiento de las olas… simplemente mágico 💙
Foto: Caleta la Safà.
Una triste noticia para el rock
Felipe Staiti, fundador de Enanitos Verdes, a los 64 años perdió la vida
La noticia fue confirmada por su círculo cercano, tras haber sido internado en el Hospital.
Vuela alto Felipe