que lastima que tuvieron Messi y Rodrigo de Paul en ser excelentes jugadores de fútbol que hacen felices a millones de personas y no ser unas excelentes personas que se pronuncian ante todas injusticias del mundo como vos.
🔔NUEVA PUBLICACIÓN🔔
🌐Sobre los peligros de revolear números y los récords con anabólicos: el caso de la inversión extranjera directa en Argentina
✍️Colaboración de @anlopez1962, director @iiep_oficial e investigador @Desip_IIEP, para @alquimiaseconom
https://t.co/OtQmcEg69X
Al igual que Uruguay, Argentina formalizó su intención de integrarse al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (Cptpp). El canciller Pablo Quirno señaló que los países del Mercosur "mantienen un margen para celebrar tratados, que son acuerdos marco". https://t.co/WEFspZ5Pxg
Entrevisté al misterioso @Hvygens, uno de los mejores tuiteros argentinos. No reveló nada sobre sí mismo, pero me dio nueve respuestas buenísimas (la del plan económico es un artículo en sí mismo). Mi newsletter de hoy. https://t.co/7WadgziYJD
Si uno quiere a #Racing, quiere que le vaya bien, estando o no. Esa declaración nefasta deja en manifiesto que Gustavo y la oposición, que armó la pantomima de hoy, eran aliados en el espanto, en las formas; "es conmigo o no es". Racing está por encima de todos, no lo olviden.
Dos papers al respecto:
Argentina 1990–2025. Exportar no depende solo del dólar: pesan más la estabilidad macro y levantar el sesgo antiexportador (impuestos, trabas, reglas). Sin corregir eso, no hay salto exportador sostenible: Available at SSRN: https://t.co/RTYN0wCPIN or https://t.co/13GhbD5vE3
"Argentina y el mito de la restricción externa". No faltan dólares por el mundo ni por falta de demanda: el problema es doméstico—políticas, incentivos y macro inestable. La restricción es más interna que externa. Leer: Available at SSRN: https://t.co/1dDzGmsIL5 or https://t.co/1rJNarYnj7
"[S]i la política económica no está marcada por una suficiente permanencia, el sistema competitivo [no] puede funcionar. Se le asigna una importancia considerable a los acuerdos a largo plazo en materia de impuestos, acuerdos comerciales, tipos de cambio, etc. Mientras estos no sean confiables, no se puede contar con una propensión adecuada a invertir. Los planes económicos carecerían entonces del carácter a largo plazo necesario para desarrollar y mantener la producción de la industria moderna.
Con una política económica lo suficientemente firme, las inversiones se realizarían incluso si se esperara que la amortización demorara quince o veinte años. Los empresarios tienen que asumir los riesgos comerciales y adaptarse a los altibajos de sus propios negocios. Deben lidiar continuamente con las fluctuaciones de los precios y adaptarse a estos vaivenes. Siempre va a haber una brecha entre la planificación y los datos reales mientras la economía crezca. Pero esa brecha no debería ensancharse tanto por cambios tan rápidos y variados en la política económica como para desalentar aquellas inversiones que solo aseguran un retorno después de que hayan pasado muchos años.
La constancia es un requisito primordial para la política económica bajo un sistema de libre competencia. Esta política constituye un marco adecuado para el proceso productivo que tiene lugar bajo la constitución económica de un país. Por esta razón, mantengámonos dentro de este marco y pensemos con mucho cuidado antes de alterarlo".
Walter Eucken, "A Policy for Establishing a System of Free Enterprise" (1952), in Standard Texts on the Social Market Economy: Two Centuries of Discussion, ed. Horst Friedrich Wünsche (Stuttgart: Gustav Fischer, 1982), 129.
El punto no es que tener recursos naturales condene a un país. Claramente no es el caso. Australia o Noruega son contraejemplos obvios. El argumento, más bien, es que ciertos tipos de renta natural (alta, concentrada, exportable y apropiable por una pequeña élite o por el Estado) amplían mucho el margen para sostener malas instituciones, baja productividad, clientelismo o errores y estupideces de política económica porque reducen la presión competitiva que te obliga a corregirte más rápido. Donde esa renta no existe, el margen es mucho más estrecho.
En ese sentido, los endowments te arman el menú, pero no deciden qué vas a elegir. Ahí influyen los factores culturales, históricos, genéticos, etc.
Respecto a la comparación con Estados Unidos, es obviamente una cuestión sobredeterminada, pero puedo dar unas ideas.
Primero, Estados Unidos no era simplemente un "país de inmigrantes", en abstracto. Hasta bien entrado el siglo XIX fue una sociedad abrumadoramente dominada por poblaciones británicas y noreuropeas y sus descendientes, con una matriz cultural protestante muy fuerte. La Constitución fue redactada por esa élite, y la presidencia siguió perteneciendo al viejo mundo angloprotestante, esencialmente británico, hasta Kennedy. La única anomalía fue Van Buren, de ascendencia y lengua materna neerlandesa. Incluso en 1980, alrededor de un tercio de la población estadounidense era de origen británico. Eso influyó en sus patrones de alfabetización, asociacionismo, autogobierno local, disciplina laboral, familia, moral comercial y la legitimidad de la pequeña propiedad.
El libro Albion's Seed de David Hackett Fischer es muy interesante sobre la influencia duradera de las distintas corrientes migratorias británicas. Las cuatro grandes (puritanos de East Anglia, cavaliers del sur de Inglaterra, cuáqueros de las Midlands, y escoceses-irlandeses de las fronteras) trajeron disposiciones culturales bastante distintas, cuyos efectos son rastreables regionalmente hasta hoy.
Durante el siglo XIX esa base fue reforzada por enormes corrientes migratorias alemanas, neerlandesas y escandinavas, fuertemente protestantes y muy presentes en el Midwest y las Grandes Llanuras. En 1980, alrededor de un tercio de la población declaraba tener alguna ascendencia de este grupo.
Las oleadas inmigratorias posteriores, entonces, se incorporaron a un marco institucional y a normas culturales que ya estaban bastante fijadas, al menos a nivel nacional hasta el New Deal.
(A nivel subnacional, los nuevos grupos de inmigrantes ya eran bastante influyentes en las principales ciudades, como bajo el régimen de Tammany Hall en Nueva York. De hecho, creo que el movimiento progresista de principios del siglo XX puede interpretarse, en gran medida, como una reacción del viejo establishment anglo-protestante contra esa política urbana de máquinas, patronazgo e inmigración masiva.)
Segundo, aunque Estados Unidos tenía una abundancia enorme de recursos naturales, esos recursos no generaban el mismo tipo de renta concentrada y políticamente apropiable. Su población era mucho mayor, su territorio productivo estaba más diversificado y su mercado interno tenía escala continental. En la Argentina, en cambio, una población relativamente chica convivía con una pampa extraordinariamente productiva y con una estructura de propiedad mucho más concentrada. Por eso la renta agraria y pastoril tenía un peso político per cápita mucho más alto.
Podemos decir que la abundancia de tierra apta para cereales en el Midwest fomentó la pequeña propiedad mediante instituciones como el Homestead Act, creando una clase media rural con poder político y un mercado interno para bienes manufacturados. En la Argentina, en cambio, la dotación pampeana favoreció la ganadería extensiva, que tiende naturalmente a la concentración.
Mientras tanto, la estructura de propiedad quedó fijada, mediante la Ley de Enfiteusis de Rivadavia y la Campaña del Desierto, antes de la transición cerealera de fines del siglo XIX. Cuando el cereal llegó, fue absorbido por esa estructura preexistente a través del arrendamiento, en lugar de generar una clase propietaria nueva.
Al ser un país tan grande, los estadounidenses además contaban con un mercado interno enorme y mucho más distribuido geográficamente. Surgieron, entonces, muchos centros económicos: Nueva York, Boston, Chicago, St. Louis, Philadelphia, Nueva Orleans, California. Eso genera niveles de competencia altísimos. Esta ventaja también fue, en buena medida, construida mediante inversión pública en infraestructura, primero el canal de Erie, luego el ferrocarril y en el último siglo, los Interstate Highways.
Los estados del Sur eran bastante distintos, por supuesto, con su economía esclava y siendo muy dependientes del algodón y el tabaco. Tenían rentas altísimas, concentradas, exportables y apropiables por una élite terrateniente. Las instituciones del Norte y del Sur no convergieron pacíficamente mediante la asimilación cultural. Requirió la Guerra Civil, el conflicto más sangriento de la historia estadounidense, para que el modelo industrial del Norte destruyera la estructura más rentista y concentrada del Sur.
Finalmente, a esto hay que sumarle una diferencia fiscal. Estados Unidos logró construir tempranamente un sistema de crédito público mucho más sólido a partir del programa hamiltoniano. Y cuando varios estados incurrieron en defaults masivos en la década de 1840 —Mississippi llegó a repudiar su deuda explícitamente— la Unión no los rescató. Eso impuso una restricción presupuestaria dura a nivel subnacional que disciplinó el gasto de forma duradera.
La Argentina siguió el camino inverso. La dependencia de la Aduana en Buenos Aires (a diferencia de Estados Unidos, cuya Constitución prohibía explícitamente gravar a las exportaciones), la fragmentación política y la resistencia de los grupos con poder económico a ampliar la base tributaria produjeron una capacidad fiscal estructuralmente frágil. Entonces, cuando las potencias extranjeras imponían bloqueos navales (como el bloqueo brasileño durante la Guerra del Brasil, el francés de 1838-40 o el anglo-francés de la década de 1840), los ingresos de Argentina se desplomaban. Todo eso se combinó para empujar repetidamente hacia el impuesto inflacionario como válvula de escape.
El régimen de coparticipación que se consolidó en el siglo XX cristalizó esta dinámica. Al centralizar la recaudación y distribuir el gasto, el gobierno federal absorbió el riesgo fiscal subnacional, habilitó el gasto irresponsable crónico, debilitó los incentivos para que las provincias desarrollaran bases tributarias propias y las convirtió en demandantes netas de transferencias masivas.
El resultado fue exactamente lo contrario al modelo estadounidense.
Es decir, la diferencia no era sólo cuánta riqueza potencial había, sino si esa riqueza podía convertirse en capacidad fiscal, crédito público e instituciones estables y pro-desarrollo, y si la arquitectura del Estado creaba o destruía los incentivos para hacer esa conversión.
@juancahallak 3. Los datos que ya empezamos a ver en Argentina ya sugieren fuertemente que el RIGI tiene una correlación muy potente con el desarrollo de inversiones de capital a muy largo plazo.
La única provincia minera que aun no recibió inversiones es La Rioja, que no adhirió al RIGI.
¿Cuánta plata hay hoy en la reserva para pagar las jubilaciones?
USD 76.400 millones. Es el máximo histórico del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de ANSES desde que se creó en 2008.
Pero el camino hasta acá no fue lineal. El fondo arrancó con USD 28.000 millones tras la estatización de las AFJP en 2008. Argentina pasó de un sistema de capitalización individual (donde cada trabajador ahorra para su propia jubilación) a un sistema estatal de reparto. Chile, Colombia y Perú mantienen sistemas de fondos privados que hoy acumulan USD 239.000 millones, USD 130.000 millones y USD 35.000 millones respectivamente.
El FGS argentino subió hasta USD 65.000 millones en 2017, y después se desplomó. Entre 2018 y 2020 perdió el 65% de su valor, llegando a apenas USD 23.000 millones.
Las reservas de los jubilados ganan o pierden valor según la confianza que genera la economía del país. Cuando las cosas andan mal, el fondo se derrite. Cuando mejoran, se recupera.
Hoy está en USD 76.400 millones (marzo 2026), un crecimiento del 232% desde el piso de 2020. No solo recuperó todo lo perdido, superó por primera vez su récord anterior de 2017.
El FGS funciona como respaldo del sistema previsional, sostiene el pago de jubilaciones e invierte para preservar o incrementar su valor. Su salud depende directamente de la estabilidad económica del país.
Fuente: ANSES