In 1858 a newspaperman named Frank Leslie found milk left at his New York door. It was bluish. It contained pus. He set out to find where it came from.
What he uncovered became one of the great scandals of the century.
The distilleries of Manhattan and Brooklyn had a waste problem. Whiskey left behind enormous quantities of hot fermented mash, and dumping it cost money. So someone had an idea. Feed it to cows. Hundreds of them, packed into sheds beside the stills, standing in their own manure, fed boiling spent grain until they sickened, their udders ulcerating, their bodies breaking out in sores.
The milk came out thin and blue. They fixed the colour with plaster of Paris and chalk. They thickened it with flour and rotten eggs. They cut it with water from a ditch that ran past the manure pile. Then they painted "Pure Country Milk" on the wagon and sold it from carts across the city as fresh from the meadows of Orange County.
The New York Times put the toll as high as eight thousand infants a year.
This is the milk that built the case for reform. The entire safety apparatus was designed around it. Sick animals, industrial filth, distillery slop, deliberate adulteration, urban sheds without a blade of grass for ten miles.
There were two ways to solve it.
You could stop feeding cows whiskey waste in filthy sheds. Let them eat grass on clean land and sell the milk fresh and local, the way every human had drunk it for ten thousand years.
Or you could keep the sheds, keep the mash, keep the scale, and heat the result until the bacteria died.
When the city finally investigated, the inspectors were tipped off in advance and the committee recommended better ventilation. You know which path they were always going to take. You can taste it.
The frightening thing was never raw milk from a healthy cow on good grass. It was a dying animal in a distillery, held upright by a sling while someone ran whiskey slop through its udder.
We solved that with a process, kept the process forever, banned the healthy version to be safe, and told you the cow was the danger.
Frank Leslie would have had questions.
El cambio climático está provocando placas solares. Hay que detener el cambio climático. Este es el escenario de los alrededores de Sevilla en dirección Extremadura. Esto no es ni el 10% de lo que hay en la zona. Esto eran girasoles, trigo, cebada e incluso regadío.
Hay que reconocer que los que han polarizado a las sociedades lo han hecho de maravilla. La gente es incapaz de ver las necesidades comunes y solo se fijan si hay zurdos o fachas. Mientras se enconan con esas divisiones los poderes transnacionales se los comen a unos y a otros
Muchos alimentos de gran consumo fabricados con jarabe de maíz de alta fructosa también contienen mercurio.
En un estudio publicado en la revista Environmental Health, evaluaron 20 muestras de jarabe de maíz de alta fructosa y hallaron mercurio detectable en nueve de ellas. Aunque los fabricantes de alimentos y la industria del jarabe de maíz han criticado estos resultados, los expertos consideran muy importante que los consumidores sean conscientes de que este metal tóxico puede estar en sus alimentos.
Algunos de los productos que contenían niveles de mercurio por encima del límite de detección: salsa barbacoa, mermelada, yogur y sirope de chocolate.
El mercurio parece que ingresa en los alimentos durante su producción ☠️ ¿accidentalmente?.
Es fundamental que los consumidores estén informados sobre estas posibles fuentes de mercurio para limitar su ingesta, ya que incluso niveles bajos de metilmercurio pueden dañar el cerebro en desarrollo de un niño, población altamente consumidora de los productos con este aditivo.
El jarabe de maíz de alta fructosa es un ingrediente común en muchos alimentos, es crucial estar al tanto de su posible contenido de mercurio y tomar medidas para reducir la exposición a este metal tóxico.
¿Desea saber todos los alimentos que llevan jarabe de maíz? Dígamelo en comentarios⬇️
Está todo el mundo hablando de La Casita de Bad Bunny pero tengo la sensación de que casi nadie sabe su historia y su genealogía, lo cual es un poco perverso porque la historia de La Casita es tan intrincada como una peli de terror psicológico.
La cosa —y la casa— tiene un principio, que está en Long Island en 1947. Allí un tipo llamado William Levitt miró un campo de patatas y vio, en lugar de patatas, el futuro de la clase media estadounidense, que para él tenía forma de diecisiete mil casas iguales. Literalmente Iguales.
Levitt había aprendido en la Marina a construir barracones a toda velocidad y aplicó la misma idea al baby-boom de posguerra: dividió la construcción de una casa en veintisiete pasos, puso a un hombre a hacer solo el paso nueve durante el resto de su vida natural, y empezó a escupir viviendas a razón de una cada dieciséis minutos. El que ponía los grifos no sabía clavar un clavo y el que clavaba no había visto un grifo, y entre todos, sin que ninguno entendiera la casa entera, levantaron un suburbio del tamaño de una provincia. Se llamaba Levittown.
Que tú dices pues muy bien, vivienda barata y rápida. Y sí, eso lo era. Y racista también, porque el contrato de esas casas idénticas incluía una cláusula que prohibía venderlas a cualquiera que no fuera de raza blanca. Estaba escrito. Con tipografía. O sea, la utopía de la clase media pero no me pongas negros ni hispanos cerca.
Así que tanto Levittown como todas las urbanizaciones que se construyeron en las afueras, también las que no tenían la cláusula explícita, se llenaron de blancos que huían de las ciudades —esto tiene nombre técnico, White Flight, la fuga blanca, que suena a maniobra militar y en el fondo lo era— dejando los centros urbanos a quienes no podían comprar un chalecito. El resultado fue un paraíso siniestro de céspedes idénticos donde todo el mundo era exactamente igual porque por contrato no podía ser de otro modo.
Unos quince años después, un funcionario de Puerto Rico se fue a Toa Baja, al norte de la isla, y desplegó sobre una mesa los mismos planos. Otro Levittown. La promesa de la clase media estampada en hormigón, y todo dentro de algo llamado Operación Manos a la Obra, donde las manos eran las de los boricuas y la obra de los gringos.
Aquí no había cláusula racial porque sería algo absurdo en un lugar tan mezclado como Puerto Rico y, claro, también porque en la isla la exclusión funcionaba por canales económicos, no por los del color de la piel. O no solo. El caso es que el módulo de Levitt entró y dentro de cada casita idéntica un puertorriqueño se instaló a desear exactamente lo que un señor de Long Island había decidido que un estadounidense debía desear.
Pasan sesenta años. La arquitecta Mayna Magruder Ortiz mira una vivienda real en Humacao, ahora al este de la isla, mira los planos de Levittown, y hace lo que hacen los arquitectos, que es copiar. Según algunas revistas de arquitectura, Mayna Magruder combina la herencia del XIX con la urbanización de posguerra, pero el resultado es una casa que está por todo Puerto Rico. Rosa pastel. Cornisas amarillas. Sillas de plástico monobloc, las que pesan ochocientos gramos y aguantan a un obispo, las que tu tío apila de seis en seis al final de la fiesta, el grado cero de la civilización con clima benévolo. También tiene la misma cubierta plana, salvo que aquí no es tejado sino un sitio para bailar, porque alguien decidió en una reunión que esa cubierta que durante toda la historia de la arquitectura caribeña sirvió para no morir bajo la lluvia, fuese ahora un escenario con aforo.
Pero lo que más conocemos todos es el balcón con marquesina. El balcón de la casa obrera puertorriqueña era el órgano social de la vivienda, el sitio donde se enfriaba la cerveza, se vigilaba al vecino y se conspiraba contra el casero, el único lugar donde la clase trabajadora hacía la cosa verdaderamente subversiva, que es estar junta sin pagar entrada.
En La Casita de Bad Bunny el balcón también tiene aforo. Quince personas. Y las quince son Ester Expósito, Los Javis, Lamine Yamal, una cantante llamada Judeline cuyo nombre se evapora a mitad de pronunciación, influencers cuya influencia también está en proceso constante de evaporación, además de unas cuantas chicas desconocidas, blancas y europeas pero disfrazadas de caribeñas a las que un ojeador —y la palabra es exacta— ha elegido para que puedan competir entre ellas por quién sale más segundos en las pantallas gigantes, cinco, trece, veintiuno. Ah, y Marta Ortega, presidenta de Inditex, que baila dentro de la réplica de una casa de clase trabajadora mientras por los altavoces suena un tema sobre la gentrificación de la isla, sobre la mudanza forzosa, sobre la bandera celeste de los independentistas, y nadie en el estadio detecta el cortocircuito porque no hay cortocircuito, el aparato fue diseñado para que la crítica del aparato circule por sus propias cañerías sin tocar jamás una pared.
Y así, la marquesina donde el bisabuelo no tenía dónde caerse muerto es hoy el lugar más caro del universo al que no puedes comprar entrada, porque no se vende, solo se concede, que es la forma final del lujo, el lujo que ni siquiera te deja la dignidad de pagarlo.
En 1967 —poco después de la Operación Manos a la Obra— Guy Debord dijo que la sociedad contemporánea no era una sociedad basada en la imagen, sino que era una sociedad *que es* imagen. La Casita es esa frase hecha hormigón rosa. La sociedad del espectáculo ha localizado una cosa sin mercantilizar —la nostalgia del barrio, la silla de plástico— y la ha mercantilizado tan a fondo que la ha construido a escala 1:1, la pasea por cuatro continentes y te cobra cien euros por verla de lejos y ni siquiera te das cuenta de qué es eso que ves de lejos.
El espectáculo ha engullido la historia de La Casita, la ha digerido, la ha metabolizado y la ha regurgitado convertida en lo que siempre devuelve el espectáculo después de comer, que es más espectáculo.
Alcohol and tobacco are available on every street corner.
Cigarettes proven to cause cancer. Alcohol proven to destroy the liver, the brain, the marriage, and the careful plans of an entire weekend.
Both legal. Both taxed. Both stocked at the petrol station.
Raw milk, on the other hand, sold by a farmer three miles down the road from a cow that has a name, must apparently be regulated as a public health threat.
The petrol station sells nicotine pouches, vodka, energy drinks containing seven grams of taurine and a kilogram of sugar, and an entire wall of ultra-processed snacks designed by chemists.
The farm gate down the lane sells a glass of milk. The same milk humans have been drinking for ten thousand years.
The petrol station is fine. The farm gate is the problem.
You can decide which of these your government is actually trying to protect you from.
Mmm yummy bugs 🐛
When they tell you it’s “sustainable protein” but it used to be called “pest control” ..
5 Major Companies Quietly Feeding You Insects” 🪳
• Barilla Pasta → Cricket flour
• Red Bull → Crushed beetles (carmine)
• Lay’s Chips → Grasshopper extract in “natural flavours”
• Beyond Meat → Mealworm larvae
• Nutella → Black soldier fly larvae
They’re slowly normalising eating bugs while calling it “sustainable” or “plant-based.”
Most people have no idea what’s actually in their food because it’s hidden behind vague labels like “natural flavours.”
Would you still eat these if you knew?
With everything we are hearing right now about ticks this seems like good information to share.
“Here’s what I’ve learned after more ticks than I care to count.
First, whatever your uncle told you, forget it. No matches. No nail polish. No Vaseline. No soap on a cotton ball. All of those do the same terrible thing, they stress the tick out, and a stressed tick empties its gut back into the bite before letting go. Which, if you think about what that actually means for a second, is literally how Lyme and the rest get transmitted so you’re not speeding up its exit. You’re making it throw up into you.
Fine-tipped tweezers. Grip right where the mouthparts enter the skin, not the body, the head. Pull straight up, steady, no twisting, no jerking. It’ll feel like it’s resisting because it is, the mouthparts are barbed. Just keep the pressure on and it lets go in a few seconds. If a piece breaks off in the skin, leave it alone. Your body pushes splinters out. Digging around with a needle does more damage then the fragment ever would.
Clean it with alcohol or soap. Wash your hands.
Now here’s the part most people skip: don’t flush the tick.
Tape it to an index card. Clear packing tape right over the body, write the date and where on your body it was, and stick the card in a drawer. If you come down with anything weird in the next 30 days, rash, fever, joint pain, that flu-that-isn’t-flu feeling, that tick goes with you to the doctor. Some labs will test the tick itself, which is faster and often more reliable than waiting for antibodies to show up in your own blood. A dated tick taped to a card is one of the most useful things you can hand a doctor who’s trying to figure out what’s wrong with you.
The other thing worth saying out loud: if the tick was engorged when you pulled it, and you can’t swear it was off your body within 24 hours, call your doctor that same day. Don’t wait for a rash. Fewer than three out of four Lyme cases even produce the classic bullseye. A single preventive dose of doxycycline within 72 hours of a deer tick bite cuts the Lyme odds way down, and most docs in tick country will write that prescription without giving you a hard time, especially if you walk in with the tick taped to a card and a clear timeline.”
Yo he visto en prime time hacer apología de toda clase de aberraciones vestidas de ciencia, incluida la mutilación genital en menores, pero a la Asociación Española de Comunicación Científica le preocupa que un individuo que habla en su nombre, no en el de "la ciencia una y trina", salga en la tele diciendo que no usa crema solar. En cualquier caso, siempre está bien echar un vistazo a la lista de socios de la asociación (MSD, Lilly, Instituto Roche, Pharmamar, etc.)
Por cierto: yo tampoco uso crema solar. ¿Van a tratar de censurar este post también?
🚨Tip para viajeros
Cuando llegue a un hotel, Airbnb, albergue..., antes de sacar las cosas de su maleta🛄 revise estos 3 puntos clave para detectar chinches y evite picaduras.
¿CÓMO DETECTAR CHINCHES?🔎
Inspeccione las sábanas y el colchón. Busque manchas de color rojizo/óxido (excrementos o sangre) en las sábanas, costuras del colchón y detrás del cabecero.
Verifique los escondites, grietas, detrás de cuadros, en las esquinas de los muebles y en las etiquetas del colchón. Las chinches son pequeñas y rápidas.
Si hay una infestación grande, podría percibir un olor dulce y desagradable.
🌿REPELENTES NATURALES (Para evitar picaduras):
Aunque no las matan, algunos aceites esenciales pueden disuadir a las chinches de acercarse a su piel mientras duerme:
Aceite de lavanda: Su aroma es desagradable para ellas y no se acercan.
Aceite de menta: Unas gotas diluidas en agua y rociadas en el equipaje o la cama pueden ayudar a mantenerlas lejos.
Aceite de Árbol de Té: Su fuerte aroma actúa como barrera.
⚠️CONSEJO EXTRA: Mantenga su maleta cerrada y lejos de la cama (sobre una rejilla o en el baño) y lave toda la ropa con agua caliente al volver a casa por si alguna ha decidido hacer turismo 🧳
Roughly half of British adults are vitamin D deficient in winter. One in six is deficient year-round. Among British adults of South Asian, African, or Caribbean heritage, deficiency runs higher and persists through summer.
The official response is a daily 10-microgram supplement from October to March. The UK vitamin D supplement market is worth roughly £85 million a year.
The deficiency is not a shortage of available vitamin D. The deficiency is a deficiency of behaviour.
Your skin makes vitamin D from cholesterol when UVB hits it. UVB reaches the UK from April to September. In winter, it's effectively absent. Skin makes nothing because there's nothing in the light to work with.
In summer, fifteen to twenty minutes of midday sun on bare arms and legs produces 10,000 to 20,000 IU. The equivalent of two months of capsule supplementation, in a quarter of an hour, for free.
The official advice for those months is to wear sunscreen, cover up, and avoid the midday sun.
The two recommendations contradict each other directly. Dermatology wants you indoors with SPF 50. Endocrinology wants you on a daily capsule. Nobody coordinates because nobody benefits from coordinating.
Two further complications.
Vitamin D is synthesised from cholesterol. Statins, prescribed to roughly one in four UK adults over 40, lower the very substrate your skin uses to make it.
The dietary sources of bioavailable D3, butter, egg yolks, liver, oily fish, full-fat dairy, are precisely the foods the population has been advised to reduce for sixty years.
We removed the dietary source. We blocked the synthesis pathway with statins. We told the population to stay out of the sun. We are now selling them a capsule to fix the deficiency we engineered.
Fifteen minutes of midday sun in summer, butter on toast, eggs for breakfast, liver once a week. The intervention costs nothing and has no side effects.
It is considered inconvenient by exactly one of the parties involved.
Ya lo habréis leído pero conviene poner algo negro sobre blanco: si tenemos información, es gracias a Estados Unidos.
En 2021, el HSI —que es la rama investigativa del Departamento de Seguridad Nacional norteamericano, una especie de FBI especializado en delitos económicos transnacionales— estaba investigando a un ciudadano venezolano residente en Madrid, Rodolfo Reyes Rojas, por blanqueo y por evasión de sanciones americanas a través de empresas pantalla.
Una de esas empresas era Plus Ultra Líneas Aéreas.
Como parte de esa investigación, los americanos hicieron una extracción forense del móvil de Reyes. Y cuando vieron lo que había dentro, hicieron dos cosas.
Pidieron las autorizaciones judiciales que tocaba para compartir esa prueba con otro país, y se la entregaron a la UDEF para que pudiera sostener cargos penales aquí.
Esa entrega es lo que abre las diligencias 77/24 ante el Tribunal Central de Instancia número 2.
Sin ese móvil no hay nada. No hay “vamos a follar aunque tengamos que pagar un poquitín”, no hay “nuestro pana Zapatero detrás”, no hay listas de clientes por WhatsApp, no hay “finance boutique”.
El caso no existiría. Los entrecomillados son reales del informe.
Y conviene parar un segundo a pensar lo que eso significa. Ha tenido que ser una agencia extranjera la que entregue, en bandeja, las pruebas necesarias para abrir una investigación sobre un expresidente del Gobierno español.
La policía española, los tribunales, los organismos antifraude, la propia SEPI: todos tenían a Plus Ultra delante durante años.
No sé si fue por incapacidad técnica, que ya me parecería un problema. O si fue por falta de voluntad institucional, que sería otro mucho más grande.
Things you should know about soy-based infant formula:
- Soy protein isolate, produced by alkaline extraction followed by acid precipitation in industrial plants
- Glucose syrup (often corn-derived) as the primary carbohydrate
- Mandatory inclusion of refined seed oils (sunflower, soybean, palm) to mimic the fat profile of breast milk
- Synthetic DHA and ARA extracted with hexane in pharmaceutical facilities
- Phytoestrogens at levels that give infants the equivalent oestrogenic exposure of three to five birth control pills daily
The endocrine effects of dosing a developing infant with that load are still being "studied" forty years in.
The alternatives:
- Breast milk
- Whole-fat dairy from grass-fed cows
- Goat's milk, used for centuries when mothers couldn't breastfeed
The formula industry built its empire selling soy as the modern, scientific choice. The mothers were told it was responsible.
The infants did not have a say.
Goat farmers in Devon could feed every soy-formula infant in the country with milk indistinguishable from formula in every meaningful nutritional metric, minus the seed oils, minus the phytoestrogens, minus the hexane.
Nobody asked them. Nobody intends to.