Por favor, no te compadezcas. No busco salvadores, no es un grito por ayuda.
Miles de horas de terapia me han enseñado lo que necesito para sobrevivir.
No hay nada peor que tener la mente tan sobria, que estar tan presente.
La voz no se calla y me he vuelto demasiado responsable. Ya no puedo adormecerme, tampoco quiero.
Irónicamente, son los textos que más me gustan, como si mi propia cabeza me dijera que es la única verdad que logró escribir, que conozco tan bien que soy capaz de plasmar.
Ya no hay monstruo que me atormente, ni tristeza abrumadora, ya no hay excusa para mi mediocridad, solo una horrible verdad: odio todo lo que construyen mis manos.
Nada es suficiente, nada lo es porque no es perfecto, y todo lo que se aleja de la perfección es fracaso.
Me pierdo en recuerdos lejanos y en señales absurdas.
Han pasado dos años. Ya no debería importar pero la nostalgia me atrapada de vez en cuando y siento tu amor.
Cálido, intenso, confuso pero real.