VIDEO | La Copa Mundial de Fútbol de México, EE.UU. y Canadá 2026 llega con siete nuevas normas arbitrales. Desde nuevas disposiciones hasta ajustes en los procedimientos de juego, conoce qué cambia dentro de la cancha.
Vini pidiendo que le hagan la entrevista en español después de que un delegado FIFA le prohibiera hacerlo al colega Rodrigo Ornelas de TV Azteca, es TODO LO QUE ESTÁ BIEN.
¿Cómo así que el Mundial MÁS COSTOSO de la historia NO tiene contratada traducción para la segunda lengua más hablada EN EL MUNDO, más aún siendo lengua nativa de uno de sus países anfitriones (México) y el segundo idioma más hablado en Estados Unidos?
❤️🩹 Escribí del #MeTooColombia y #YoTeCreoColega en @A_EstadoDerecho
"En mi caso no ha habido justicia. Entonces, me pregunté: ¿Qué es para mí la reparación? ¿Solo es que el sistema de justicia, que también es prejuicioso y machista, me dé la razón?".
🔴 En la RAYA con Cecilia Orozco
“El medio que ocultó el video del momento del disparo, estigmatizó a Dilan Cruz”
Habla abogada del estudiante muerto por arma del ESMAD
Disponible en:
YouTube: https://t.co/2HMlOiSxoI
Spotify: https://t.co/nE0TVWu7Oi
Facebook: https://t.co/WrX5VIMfSO
X: https://t.co/hOErR4kido
Apple: https://t.co/cW1XgaNb5g
y otras plataformas.
Más información: https://t.co/OnmN2NKzxF
#EnlaRayaCOT Periodismo de contexto para que usted forme sus propias opiniones.
Un videopodcast de Revista RAYA
¿Cómo hablar de Liga Antiqueña
Femenina digna con escenarios asignados bajo estas condiciones?
La chancha San Rafael en Guayabal, está planeada para convertirse en sintética para el segundo semestre de este 2026. Mientras tanto ¿Dónde quedan las garantías para el fútbol femenino?
No voy a votar por Cepeda, ni por Abelardo, los dos son proyectos políticos que no me representan. El mundo no es binario. Esperemos que el ganador gobierne para todos y no para un solo extremo. No pasará pero ojalá. Seré crítico del que gane y siempre defenderé mis principios.
El autogol de Cepeda.
Algún día, cuando se escriba el manual de lo que jamás debe hacerse en una campaña presidencial, la cruzada de Iván Cepeda contra la camiseta de la Selección Colombia tendrá capítulo propio, y no tanto por malvada sino por torpe. En plena segunda vuelta, a puertas de un Mundial, su campaña miró a Abelardo de la Espriella vestido de amarillo y creyó ver una oportunidad para denunciar oportunismo. Pero lo que hizo fue tomar el símbolo más emocional y transversal del país y entregárselo en bandeja de plata a su rival.
El error viola la primera regla de la guerra simbólica: no se prohíbe lo que no se puede controlar. La camiseta está en las calles, en los bares, en las vallas publicitarias y en las fotos familiares. Estamos en temporada de Mundial y medio país anda de amarillo sin que eso signifique adhesión a nadie.
Ahí se produjo algo más poderoso que el simple efecto Streisand. Primero, prohibir la camiseta la volvió más visible y deseable. Segundo, miles de personas inundaron las redes con la camiseta puesta como muestra de apoyo a Abelardo, pero también por rebeldía, porque a nadie le gusta que le digan cómo se puede vestir. Y tercero, lo más grave: desde que Cepeda la convirtió en campo de batalla, cada colombiano de amarillo empezó a parecer abelardista, aunque no lo fuera. Una valla publicitaria, un niño con la diez de James, una señora yendo a votar de amarillo, todo quedó teñido de un color político que nadie eligió. Cepeda quiso quitarle la camiseta a Abelardo y terminó haciendo parecer abelardista a medio país. Ninguna campaña compra semejante omnipresencia, y él se la regaló gratis.
Esa reacción no fue casual. El problema de fondo fue una mala lectura del símbolo. La campaña de Cepeda trató la camiseta como si fuera una pieza de propaganda, cuando para millones de colombianos es una emoción compartida. La camiseta remite al fútbol, al Mundial, a la familia reunida frente al televisor, al orgullo nacional y a una forma simple de pertenecer a algo común en un país fracturado. Judicializarla en ese contexto no parecía una defensa de la neutralidad, sino un regaño contra la gente que quiere ponerse la camiseta de Colombia.
Por eso la reacción fue tan inmediata. A la gente le gusta “la Sele”, le gusta vestirse de amarillo y le molesta que una campaña pretenda administrar ese símbolo. Además, en un país donde la camiseta ha sido usada una y otra vez por políticos de distintos sectores, prohibírsela a un solo movimiento difícilmente se lee como equilibrio institucional. Suena más a persecución.
La prohibición, además, abre absurdos imposibles de explicar. ¿Quién es “miembro” del movimiento de Abelardo, y cómo se prueba, con un carné, con un trino? Si un jugador de la Selección simpatiza con él, ¿debe abstenerse de vestirla en el Mundial? Esa clase de orden no pacifica nada, sino que ridiculiza a la autoridad, y el beneficiario natural es quien puede presentarse como víctima del exceso. Por eso resultó tan revelador que Cepeda celebrara el fallo en redes, celebrando en público la medida que más daño le hacía a su propia candidatura.
Las campañas torpes pierden por falta de inteligencia, pero sobre todo por falta de intuición popular. Ven una infracción donde la gente ve una emoción. Ven un símbolo contaminado solo porque no lo controlan. Cepeda quiso impedir que Abelardo se apropiara de la camiseta y terminó haciendo exactamente eso. Le fabricó una causa, le regaló una bandera y le puso al país entero el uniforme de su campaña.
Este video de Wilmar Roldán con #BonBonBum está muy bueno, igual lo seguiré tratando igual, pero muy bien por el árbitro y #Colombina, se pusieron, literal, la 10.
La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia de Colombia confirma la condena de más de 28 años de prisión contra Santiago Uribe, hermano del expresidente Álvaro Uribe por crear y financiar el grupo paramilitar 'Los doce apóstoles'.
https://t.co/uHYYQq2Y4g