Las mujeres deberíamos estarlo quemando todo. Cómo así que asesinan a una mujer para traficar con su bebé, es el culmen de la crueldad en este país. Exigir justicia es poco.
Mi columna en @ElPaisAmericaCo: Iván no es Aureliano.
"Tenemos que escoger a una de dos personas como el próximo presidente de Colombia. Por un lado, tenemos a un defensor del legado del paramilitarismo, ansioso de complacer no solo a Donald Trump sino a cualquier subsecretario de su gobierno o congresista del partido republicano que se le cruce, y que promete traer a Colombia la estrategia genocida de Netanyahu. Por otro lado, tenemos a un defensor de derechos humanos que, pese a que su propio padre fue víctima del genocidio de la Unión Patriótica, ha hecho su carrera política en el marco de la democracia liberal y de la búsqueda de la paz.
Petro no me quiere a mí, y yo no es que me muera por él, pero mi voto no es ni en contra ni a favor suyo. Mi voto es en contra de los genocidios y a favor los derechos humanos, la soberanía nacional y la democracia liberal. Por eso voto por Iván Cepeda."
https://t.co/RkurkdDE2N
Hoy despedimos a la eterna Totó. (1940-2026)
A la eterna maestra que recorrió el mundo entero a ritmo de cumbias, porros, mapalés y bullerengues nacidos en el corazón de nuestra tierra.
A la eterna momposina que habló de la música tradicional del Caribe, la potenció y la enriqueció durante décadas para escribir un capítulo entero de la historia cultural de nuestro país.
🎬 Tras el fallecimiento de Beatriz González, recordamos este registro en el que la artista abre las puertas de su taller y comparte su proceso creativo mientras prepara los últimos detalles de la serie Domingo de Resurrección.
https://t.co/6SI8AxwPPu
Estoy En Medellín, Colombia, hay una esquina en el barrio Manrique donde todos los días aparecen sándwiches.
A las 3am. Exacto.
Envueltos en papel aluminio. En una bolsa plástica. Colgando de un poste.
Nadie sabía quién los dejaba.
Los habitantes de calle del sector los esperaban. Si llegabas a las 3:15am, ya no había nada.
Esto pasó todos los días durante 6 años. De 2016 a 2022.
Sin fallar. Ni un solo día.
Ni cuando llovía. Ni en Navidad. Ni en año nuevo.
3am. Siempre.
En 2022, dejaron de aparecer.
Los habitantes de calle preguntaban: "¿Dónde está el man de los sándwiches?"
Nadie sabía.
Una trabajadora social del sector, Carolina, decidió investigar.
Preguntó a vecinos. A tenderos. A vigilantes.
Hasta que un vigilante nocturno le dijo: "Yo lo vi varias veces. Era un señor mayor. Como de 65 años. Llegaba en moto. Colgaba la bolsa. Se iba. Sin hablar con nadie."
"¿Y por qué dejó de venir?"
"No sé. Hace 4 meses que no lo veo."
Carolina publicó en grupos de Facebook de Medellín: "Busco al hombre que dejaba sándwiches en Manrique a las 3am durante 6 años. Dejó de hacerlo hace 4 meses. ¿Alguien sabe quién es?"
La publicación se compartió 8,000 veces en dos días.
Finalmente, una mujer comentó: "Creo que era mi papá. Pero él murió hace 5 meses."
Carolina la contactó. Se llamaba Lucía.
"Mi papá se llamaba Hernán. Tenía 68 años. Murió de un infarto en marzo."
"¿Por qué hacía los sándwiches?"
Lucía le contó la historia.
En 2015, el hijo menor de Hernán, Sebastián, murió. Tenía 19 años.
Era adicto. Vivía en la calle en el centro de Medellín.
Hernán lo buscó durante 3 años. Todos los días después del trabajo iba al centro. A buscarlo.
Nunca lo encontró.
Un día, la policía llamó. Habían encontrado a Sebastián muerto en una esquina de Manrique.
Desnutrición. Hipotermia. Hacía tres días que había muerto.
Hernán quedó destruido.
"Si hubiera comido algo. Si alguien le hubiera dado comida. Tal vez no habría muerto."
Dos semanas después del funeral, Hernán empezó.
Cada noche preparaba 8 sándwiches. Salía de su casa a las 2:45am. Llegaba a la esquina donde encontraron a Sebastián a las 3am.
Colgaba la bolsa.
Se iba.
"Le pregunté por qué lo hacía," dijo Lucía. "Me dijo: 'Porque tal vez uno de ellos es el hijo de alguien que todavía lo está buscando.'"
Hernán trabajaba en construcción. No tenía mucho dinero.
Pero cada noche, sin falta, hacía esos 8 sándwiches.
Pan. Jamón. Queso. A veces solo pan con mantequilla cuando no le alcanzaba para más.
"Calculé una vez," dijo Lucía. "En 6 años son 2,190 días. 8 sándwiches por día. Son 17,520 sándwiches."
"¿Alguna vez conoció a la gente que los comía?"
"Nunca. No quería. Decía que si los conocía, empezaría a elegir a quién darle y a quién no. Así, eran para quien los necesitara."
Carolina compartió la historia.
Se volvió viral en Medellín. Luego en Colombia.
Habitantes de calle del sector empezaron a comentar:
"Yo comí esos sándwiches durante 4 años. No sabía quién los dejaba. Me salvaron muchas noches."
"Esos sándwiches fueron lo único que comí algunos días. Quien fuera, gracias."
Un hombre comentó: "Yo era habitante de calle en Manrique. Comí esos sándwiches en 2018. Hoy tengo casa y trabajo. Tal vez no estaría aquí sin ellos."
Lucía leyó todos los comentarios.
"Mi papá nunca supo que ayudó a alguien. Murió pensando que tal vez era inútil. Que tal vez nadie los comía."
Carolina organizó algo.
Un mes después de que la historia se hiciera viral, en la esquina de Manrique, a las 3am, se reunieron 43 personas.
Todos habían comido los sándwiches de Hernán en algún momento.
Trajeron flores. Velas. Una foto de Hernán que Lucía les dio.
Hicieron un minuto de silencio a las 3am. La hora exacta.
Lucía estaba ahí. Llorando.
"Mi papá hacía esto por mi hermano. Porque no pudo salvarlo. Pero sin saberlo, ayudó a 43 personas que hoy están aquí."
Uno de los 43, un hombre de 35 años llamado Rodrigo, dijo:
"Yo estuve en la calle 7 años. Esos sándwiches me mantuvieron vivo literalmente. No sé cuántas veces pensé en rendirme. Pero sabía que a las 3am había comida. Eso me daba una razón para llegar a las 3am. Hoy llevo 2 años limpio. Trabajo. Tengo un cuarto. Existo porque ese señor no dejó de hacer sándwiches."
La comunidad decidió continuar el legado.
Crearon un grupo de WhatsApp. "Los Sándwiches de Hernán."
47 personas se turnaron. Cada una hace sándwiches una noche al mes.
Los dejan en la misma esquina. A las 3am.
Han pasado 2 años desde que Hernán murió.
Los sándwiches nunca han dejado de aparecer.
Pero hay algo más.
En la esquina donde Hernán los dejaba, los vecinos pusieron una pequeña placa en el poste:
"Aquí, durante 6 años, un padre dejó 17,520 sándwiches para hijos que no eran suyos. Porque no pudo salvar al suyo. Hernán, tu hijo está orgulloso."
Lucía visita la esquina cada mes.
Siempre a las 3am.
"Para ver si los sándwiches siguen apareciendo. Porque si aparecen, significa que lo que mi papá empezó no murió con él."
Y siempre aparecen.
¿Qué harías todas las noches durante 6 años para honrar a alguien que no pudiste salvar?
El cerebro es, para decirlo sin rodeos, una auténtica chingonería biológica. No porque sea perfecto, sino porque es el resultado de millones de años de ensayo y error evolutivo que terminaron tallando una arquitectura sorprendentemente flexible. Dentro de ese universo húmedo y eléctrico, las neuronas tejen redes que no se limitan a una geometría lineal —no son simples cables conectando puntos—, sino estructuras que se expanden en múltiples dimensiones, como si la materia se empeñara en desafiar los parámetros con los que intentamos describirla.
Para ponerlo en términos accesibles: cada ensamblaje neuronal se comporta como una pirámide de arena. Una estructura frágil y transitoria, sostenida por interacciones microscópicas que, sin embargo, poseen una estabilidad suficiente para dar forma a un recuerdo. Cuando necesitamos evocar algo —un aroma de la infancia, un rostro que creímos perdido, una palabra que se resiste a salir—, no activamos una sola pirámide, sino un archipiélago completo. Varias montañas de arena se reconocen entre sí, se alinean y se reajustan, generando un mapa de actividad que en sí mismo ya es multidimensional.
Ese fenómeno, que ocurre en milésimas de segundo mientras seguimos respirando sin darnos cuenta, produce patrones que hoy resultan imposibles de reproducir incluso con las supercomputadoras más avanzadas. No porque sean débiles nuestras máquinas, sino porque la memoria humana no está construida para obedecer; está hecha para emerger, para reorganizarse, para sorprender.
Y así, en la vastedad silenciosa del cráneo, millones de pirámides de arena se elevan y derrumban todos los días, sosteniendo lo que somos, lo que fuimos y lo que creemos recordar. Una coreografía que, a pesar de su aparente delicadeza, nos mantiene vivos. Un recordatorio de que la evolución, cuando quiere, sabe ser poética.
Imágenes: The Blue Brain Project
Polémicas declaraciones del canciller alemán sobre inmigración
El canciller alemán Friedrich Merz desata polémica al hablar del “paisaje urbano” de #Alemania y vincularlo con nmigración y deportaciones. Mientras promete mantener su “muro de contención” frente a la ultraderecha, algunos le acusan de usar su mismo lenguaje. /fmf
Bombardear un barquito en el Caribe, matando a 11 personas, pudiendo haberlo interceptado y llevado presos a sus ocupantes, es un acto bélico aterrador. Que lo celebren en Latinoamérica es el síntoma de una psique profundamente deteriorada y violenta.
La tristeza que hay detrás de esta foto no tiene nombre. Estábamos dando un taller en una escuela rural de Pueblo Rico, en el precioso Suroeste Antioqueño, cuando uno de los chicos me dijo: -¿Profe, ve ese punto blanco allá en la mitad de la montaña?, allá fue que el ejército masacró 6 niños en el 2000-. Quedé frío, porque conocía la historia pero no el lugar. La montaña se llama Nochebuena.
Pues el 15 de agosto del año 2000, hace 25 años exactos, un grupo de 48 niños iba de caminata escolar por las preciosas montañas cafeteras de Pueblo Rico, cuando de repente y sin ningún tipo de incidente previo, un batallón del ejército abrió fuego contra el grupo. Pero fuego indiscriminado y salvaje. Media hora duraron disparando contra medio centenar de niñas y niños sin recibir un solo balazo de respuesta... Y no pararon hasta que dejaron 6 niños asesinados y otros más tirados malheridos en la mitad de la montaña, junto a los adultos que los acompañaban. Luego de cometer tan lamentable masacre, los mismos militares dificultaron el acceso de la ayuda e inventaron que los niños fueron usados por el ELN como escudo. Media hora disparando sin recibir un solo disparo a cambio. Hasta granadas les lanzaron.
Durante los meses siguientes a la masacre, el ejército se tomó el territorio para presionar a las familias para que recibieran una indemnización como de 24 millones de pesos para que firmarán la reparación y ya. Ni los dejaron pasar por el duelo. Lo peor es que en las entidades del Estado se sumaron a la impunidad dejando que el ejército negociará casi directamente con las familias.
Desde entonces, el caso ha tenido todo tipo de enredos jurídicos pero de justicia nada. A unos de esos soldados los expulsaron del ejército, a otros los condenaron pero luego quedaron en libertad gracias a la justicia penal militar. Sé que como en en el 2019 o el 2020… 20 años después, el caso entró a la JEP y no sé en qué irá. No sé si ya pidieron perdón y alguien este pagando como debe ser por este tristísimo episodio de esta guerra hirroble que ha atravesado nuestra historia.
Lo que sí sé es que no hubo cámara ardiente, no hubo un justo acompañamiento del Estado, no estuvieron del lado de las víctimas los grandes políticos y los poderosos. No hubo nada más que revictimización e injusticia. No todos los muertos valen lo mismo. Pero por eso escribo hoy está historia, para honrar la vida de esos 6 niños, víctimas del Estado y de este conflicto interminable que estamos condenados a repetir. Por la memoria de esos niños... Porque nunca debieron morir asesinados en el cerro de Nochebuena. Porque hay Migueles, Vickys, Marías, Alvaros y hasta Palomas que insisten en que la persecución armada es el camino hacia la paz. Y no...
Señor @MiguelPoloP usted es un ser despreciable. Lo que hizo con el acto simbólico de @MAFAPOCOLOMBIA es ruin y carente de empatía con el dolor de las víctimas.