¿Sabe que espero yo como ciudadano?
Que usted deje de usar a @BluRadioCo para su activismo político.
Quítese la careta y dedíquese a su activismo sin usar los micrófonos del periodismo.
Pinturita duró años diciendo que había recuperado la plata de Hidroituango.
Los que conocemos la historia, sabemos que eso fue falso.
Al contrario, varias decisiones que tomó, tuvieron un costo demasiado alto para EPM. La verdad saldrá a la luz y ojalá pague todo el daño.
Que no se le olvide al Pacto, que perdió la presidencia por 200mil votos, que 6 días antes de las elecciones el señor Carlos Carrillo anunció que incendiarían el país y que Petro nunca ha dejado de mandar como un comandante guerrillero.
Tienen el enemigo adentro. Los fulminó.
Ayer no le ganamos a otra opción democrática, no le ganamos a un adversario político, no le ganamos a un candidato cualquiera... ayer le ganamos a la Segunda Marquetalia, a las FARC. ¡Entiéndanlo!
Medellín tiene que superar el narco-cliché.
“Me recordó a los 80 cuando coronaban los mafiosos”, dijo irresponsablemente una periodista en Blu Radio sobre la celebración en Medellín tras el triunfo de Abelardo de la Espriella. No hablaba de una denuncia, de una investigación ni de una relación entre la campaña y el narcotráfico. Hablaba de gente celebrando “la fiesta de la democracia” con pitos, vuvuzelas y pólvora.
Que a la periodista no le guste la pólvora es perfectamente válido. A mí tampoco me gusta. Hace ruido, asusta a los animales, contamina, es peligrosa y las alboradas son una costumbre que Medellín debería dejar atrás. Creo que muchos paisas estarían de acuerdo con varias de esas críticas.
Pero una cosa es cuestionar la pólvora y otra muy distinta convertir una celebración electoral en una evocación de mafiosos. ¿Cuál es el vínculo? ¿Qué elementos permitían insinuar que Medellín celebraba como cuando un narco coronaba un embarque de cocaína? Ninguno. Había ciudadanos celebrando el triunfo de su candidato, con una estética que puede disgustar, pero sin relación alguna con el narcotráfico.
Esa asociación dice más de quien la formula que de la ciudad. Es el viejo reflejo de mirar a Medellín y sacar el mismo libreto de siempre. Hay ruido, entonces narcos. Hay pólvora, entonces Pablo Escobar. Hay una multitud celebrando, entonces los Ochoa. Como si esta ciudad estuviera condenada a ser interpretada eternamente desde su peor trauma.
Medellín no niega lo que vivió. Nadie olvida los años de terror, las bombas, los asesinatos, así como las empresas y las familias destruidas por el narcotráfico. Precisamente por eso es tan irritante que se use esa memoria dolorosa como una metáfora fácil y perezosa para criticar una noche de celebración política.
Además, el daño no termina en una frase de radio. Esa asociación se replica en redes, titulares, búsquedas y conversaciones. Se vuelve parte del archivo digital con el que el resto del mundo mira a Medellín. Un turista, un empresario o un estudiante que busca información sobre la ciudad vuelve a encontrarse con el mismo estigma de siempre: Medellín igual narcos.
Y así, por una comparación perezosa e irresponsable, se borra todo lo demás: la ciudad que ha resistido, trabajado y cambiado. La ciudad de empresas, universidades, cultura, innovación y millones de ciudadanos que no aceptan ser comparados con Pablo Escobar.
Que critiquen la pólvora. Perfecto. Que critiquen a Abelardo de la Espriella. Perfecto. Que critiquen a Medellín. Perfecto. Pero que piensen un poquito y dejen de usar el narco-cliché como atajo retórico para hablar mal de esta ciudad. Nuestros hijos no tienen ni idea quién fue Pablo Escobar y no merecen cargar con ese estigma por el resto de sus vidas solo por haber nacido en Medellín.
Esto es muy grave. Es un insulto a la institucionalidad del país y una burla a la democracia. No hay tal cosa como los "penaltis" porque acá no existe un tercer momento "del partido". Pero malo hablar, o me someto al linchamiento digital y al ostracismo de los buenistas.
Yo estoy preocupada por todas las que dijeron que si perdía Iván Cepeda se iban a la guerrilla, me pregunto si les habrán dado botas de caucho orgánico, la comida sin gluten, si encontrarán tinte morado para el pelo.