Últimamente siento que estoy emocionalmente peor que nunca, y lo más extraño es que, si me preguntan qué me pasa, no sé qué responder. No hay un solo motivo; es la acumulación de tantas cosas que preocupan, pesan y terminan agotando.
Lo más hijueputa de este sistema es que hoy todos nos levantamos pensando que íbamos a morir, muchos sí murieron, pero una hora después los “no afectados” estamos en nuestro trabajo, pretendiendo que nada pasó.
Qué esclavitud tan horrenda.
No se me nota, pero estoy cumpliendo mi meta de ser la mujer más pacífica y tranquila porque ya viví en el enojo y la frustración, lo perdí todo, incluso me perdí a mí.