"The Blue Dot" desgrana todos los acontecimientos que vivimos desde 2020, exponiendo la distopía actual y desvelando los peligros que esconde nuestro futuro inmediato.
Posiblemente estos son unos de los 10 minutos más censurados del Planeta; en tu mano está que dejen de serlo.
Carta abierta a Marcelo Bielsa
Querido Marcelo:
Te escribo después de escuchar tu última conferencia como entrenador de Uruguay. No fue una despedida más. Fue una de esas intervenciones que obligan a apagar el ruido para escuchar lo que hay detrás de las palabras. Porque, más allá del fútbol, hablaste de algo mucho más profundo: de la responsabilidad, del fracaso, de la soledad y del precio que tiene sostener una convicción.
Tu liderazgo siempre fue total. Exigente hasta el límite, obsesivo con los detalles, inflexible con los principios. Nunca pediste menos de lo que creías posible. Les pediste a tus jugadores el cuerpo, la cabeza, el corazón. Y ellos respondieron. Corrieron, se comprometieron, intentaron.
Pero vos mismo reconociste que sostener esa idea les costó demasiado. Que mientras algunos equipos juegan con naturalidad, el tuyo necesitaba un esfuerzo permanente para parecerse a lo que imaginabas. Ahí aparece una verdad incómoda: no alcanza con que un líder convenza; el desafío es que su visión deje de depender de él y termine habitando a los demás.
Porque un liderazgo puede despertar compromiso y, al mismo tiempo, generar un peso difícil de sostener. Puede movilizar y también agotar. Puede inspirar, pero si toda la energía nace de quien conduce, el riesgo es que el proyecto nunca termine de ser verdaderamente colectivo.
Y entonces llegó esa frase que todavía resuena: “Soy el responsable de esta decepción.” Después vino otra, todavía más dura: “Lo que yo le dejo al fútbol uruguayo es nada.”
No sé si esa afirmación es verdadera. Creo, más bien, que es la forma que encontraste para hacerte cargo sin buscar refugio en las excusas. Pero también revela algo que excede al fútbol: la inmensa soledad que muchas veces acompaña a quien lidera.
Vivimos en una época que reclama procesos, pero solo aplaude resultados. Que habla de construir, aunque tenga cada vez menos paciencia para esperar y escuchar. Que celebra el esfuerzo únicamente cuando termina levantando una copa. Si no hay triunfo, pareciera que nada existió.
Por eso también resulta tan incómodo escucharte. Porque te negaste a fabricar un relato que maquillara la derrota. Pudiste hablar de crecimiento, de identidad, de bases para el futuro. Elegiste no hacerlo. Preferiste una verdad que duele antes que una mentira que tranquiliza.
Y, sin embargo, ahí también aparece una paradoja. Los seres humanos no vivimos solo de resultados. También vivimos de los relatos que nos ayudan a darle sentido a lo que atravesamos. No para negar la realidad, sino para poder seguir caminando después de una caída. A veces la verdad necesita de la esperanza para no convertirse únicamente en peso.
Creo que es por eso que tu figura genera tanta admiración como resistencia. Porque nos enfrenta con nuestras propias contradicciones. Queremos líderes auténticos, pero que no incomoden. Queremos exigencia, pero sin desgaste. Queremos excelencia, pero sin atravesar el costo emocional que implica alcanzarla. Queremos procesos largos… siempre y cuando den resultados rápidos.
Tu paso por Uruguay no habla solamente de vos. También habla de nosotros.
La pregunta no es si Bielsa fracasó o no. La pregunta es qué hacemos como sociedad con quienes se animan a sostener una idea cuando el éxito no llega. Si solo sabemos medir el valor de una persona por el resultado final, entonces no estamos perdiendo solamente entrenadores. Estamos perdiendo la capacidad de reconocer el coraje, la coherencia y la dignidad cuando no vienen envueltos en una medalla.
El verdadero legado de tu líderazgo comenzará mucho después, cuando alguien, en silencio, decida hacer las cosas con más honestidad, con más responsabilidad o con más compromiso porque un día se cruzó con tu ejemplo.
Y si eso ocurre, entonces hay derrotas que no son el final de nada. Son apenas una semilla que todavía no aprendimos a reconocer.
Con respeto y admiración,
Muchas gracias.
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.
Eso de “somos tres millones”, "esto es Uruguay " “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, "con el cuchillo entre los dientes" "hay que trancar con la cabeza" pueden ser una fuerza emocional enorme. Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.
Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.
Ahí apareció la resistencia.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Foto :AP news
A Valverde no le voy a pegar. Me parece una estupidez sumamente teórica de Bielsa en sacarlo a los 60’ de partido. Un disparate.
No ha hecho la diferencia, eso es verdad, tampoco ha estado a la altura y no ha podido embanderar a la selección uruguaya. ¿Y? ¿Qué hacemos con eso? Nada.
Lo más reprochable de Valverde es, sin dudas, haber permitido que se rompa la interna de la selección. Lamentablemente nunca estuvo bien asesorado y no supo qué hacer con la canallada de un compañero que salió a ventilar a la prensa lo que era un secreto a voces. Un compañero suyo esperó a retirarse para pudrirla y no cambiarlo desde adentro.
En eso le erró y no hizo lo que debía hacer un capitán como Giménez, que sí barrió para adentro. Ante eso, Valverde deberá acomodar su rol como líder. Futbolísticamente está en el debe pero confío que pueda revertirlo.
Me enoja mucho la situación periodistas-selección uruguaya.
Como estudiante de la profesión, es desalentador ver cómo prefirieron en todo momento velar por sus propios intereses políticos/económicos que por su capacidad de análisis o ideología propia —si es que tienen—.
Constantemente se encargaron de intentar desestabilizar a un entrenador, sus ideas y sobretodo a una selección, a un país, que con sus errores, en el juego, en el carácter individual, con más, con menos, aún así representan a más de tres millones y medio de personas.
En el momento que se necesita que todos tiren para un mismo lado, aparecen ustedes, los contras.
Desean el fracaso, están desesperados por ver a Uruguay en el 'piso' para mirar su ombligo y jactarse de nuestras derrotas.
No es sorpresa que la realidad del fútbol uruguayo es la que es, todo conduce a.
Uruguay hoy juega contra España, desconozco cuál será el resultado, pero prefiero ser siempre uno de los que remó en las buenas y en las malas.
🇨🇺 El profesor cubano Ricardo Vilahomat se volvió viral tras su intervención en el Palacio Legislativo de Montevideo, donde brindó un crudo testimonio sobre la realidad de su país. Durante el foro "Voces por Cuba y Venezuela", Vilahomat describió la pérdida de identidad y la precariedad extrema en la isla: “Lo perdimos todo… Cuba es un país roto”.
📹 Enya Vilahomat Yanes
Los uruguayos nos debemos preguntar cuál es la conquista a la que se refieren los impulsores del “diálogo social”.
Imponer un capricho ideológico no debería ser conquista en si misma.
¿Por qué sería un conquista la estatización de la administración de fondos de ahorro y creación de un monopolio que quita al trabajador la posibilidad de elegir a quien le da su dinero, para que se lo administre y lo haga crecer?
¿Cómo puede ser una conquista afectar negativamente los futuras jubilaciones?
¿Cómo puede ser un conquista que 300 empleados de las AFAP pierdan su trabajo y, en el mejor de los casos, pasen a ser funcionarios públicos?
¿Cómo puede ser una conquista generar un aumento del riesgo país?
¿Cómo puede ser una conquista aumentar en cientos de miles de millones de dólares los costos financieros del Estado, sacando esos recursos de otras prioridades?
¿Cómo puede ser una conquista afectar negativamente el clima de negocios, cuando el país necesita con urgencia inversiones privadas para poder volver a crecer?
The diplomacy of the Holy See does not seek the spotlight, but it is never absent. This became clear now when the Apostolic Nunciature in the United States confirmed a meeting on January 22 between card. Christophe Pierre and officials at the #Pentagon.
At a time when international language is increasingly dominated by the logic of force, deterrence, and security, the quiet presence of #Vatican diplomacy in places of power takes on a particular significance.
That unusual meeting at the Pentagon signals that Vatican diplomacy can enter the very spaces where that logic is shaped, in order to introduce—discreetly—another grammar. It is not a spectacular diplomacy, but a diplomacy of presence: listening, dialogue, persistence.
It is also a signal addressed to American Catholicism. The Holy See does not present itself as a counterparty, but as an interlocutor. It does not shy away from engagement with institutions, not even military ones, but seeks to orient that engagement toward what it calls “areas of mutual concern.” In a context marked by deep polarization, this approach avoids both alignment and frontal opposition.
In the end, coherence emerges precisely here: a public voice that rejects war, and a diplomatic presence that does not renounce speaking with those who prepare it—seeking, as far as possible, to prevent its inevitability.
Tariq Ramadan fue durante años la figura ideal para cierto imaginario europeo. Suizo de origen egipcio, culto, elocuente y, detalle esencial, nieto de Hassan al-Banna, fundador de los Hermanos Musulmanes.
Un perfil perfecto para presentar un islam pulido y compatible con Occidente. En platós y auditorios ofrecía una versión ejemplar donde islam, democracia, derechos e integración encajaban sin fricción.
Sin embargo, cuando se preguntaba directamente por la sharía, el papel de la mujer o los castigos, aparecía una ambigüedad muy bien calculada.
En 2003, en un debate en la televisión francesa, le preguntaron por la lapidación como castigo en algunos países. Tuvo la ocasión perfecta para decir que era inaceptable pero no lo hizo. Propuso una "moratoria". Es decir, parar un momento y debatir si apedrear a alguien hasta matarlo era o no una buena idea.
Ese era el nivel.
Muchos pusieron el grito en el cielo y recibieron la etiqueta de islamófobos, la palabra creada para cerrar cualquier crítica al islam.
Ese mecanismo de doble discurso (soft para los occidentales, duro con el resto) le sostuvo durante años en el centro con invitaciones constantes a conferencias, platós y el papel del musulmán compatible.
Parte del mundo académico y mediático encontró en él una figura útil, una forma de tranquilizarse con la idea de que el islam de los Hermanos Musulmanes podía adaptarse sin demasiados problemas.
En 2017 llega el giro. Varias mujeres lo acusan de violación y agresión sexual. El esquema se repite. Contacto desde la admiración hacia una figura pública con poder, encuentros en privado y, finalmente, agresiones y violaciones.
Inmediatamente después empiezan las llamadas, las intimidaciones y las amenazas. Algunas victimas no pudieron sostenerlo y abandonaron. Otras aguantaron años de presión, ataques, amenazas de muerte y exposición hasta llevar el caso hasta el final.
Paralelamente, periodistas de investigación que llevaban tiempo señalando incoherencias y zonas oscuras mantuvieron su trabajo pese a ataques y descalificaciones. Con el tiempo, los hechos han terminado alineándose con esas advertencias. Y en la extrema izquierda francesa, el sector más devoto de Ramadan, mutismo selectivo, incluso ahora que no queda nada que disimular.
En Suiza, en mayo de 2023, fue condenado por violación y coacción sexual a tres años de prisión, con uno de cumplimiento efectivo.
En Francia, ayer, 25 de marzo de 2026, ha sido condenado a 18 años de prisión por la violación de tres mujeres en hechos ocurridos entre 2009 y 2016. Otras denuncias quedaron fuera del proceso o no llegaron a término tras años de presión y desgaste sobre las denunciantes.
Durante años se sostuvo una figura que respondía a una necesidad cultural y política muy concreta. Ese encaje favoreció la indulgencia, la minimización de señales espinosas y la descalificación sistemática de quienes advertían problemas.
La condena es importante porque Ramadan encarnaba ese islam político presentable y suavizado que muchos querían ver.
El caso es que la realidad ha seguido otro camino. Ese proyecto de adaptación se apoyaba en una ilusión. El islam político de los Hermanos Musulmanes mantiene su propia lógica, su marco y sus objetivos. Y, desde luego, no se adapta a nada que no sea su programa.
Aquí no cae solo un hombre. Se desarma un montaje entero. Durante años se compró una versión amable y adaptable al entorno europeo.
Este caso abre ese envoltorio por la vía más brutal. Un asunto de violaciones y abuso de poder deja al descubierto la distancia entre el discurso pulido y lo que había detrás.
Lo que queda ahora resulta mucho más difícil de blanquear. Y la pregunta es evidente. Y ahora qué? Hacemos como si fuera anecdótico o analizamos seriamente lo que tenemos delante?
“El acuerdo alcanzado por Habermas y Ratzinger demuestra que, incluso desde posiciones divergentes, es posible construir un terreno común donde la fe y la razón se ayuden mutuamente a ser más humanas”. Muy buen artículo de @PabloBlancoSart en @omnesmag 👇🏼
https://t.co/nsKPV0OZRe
Adiós al último filósofo del consenso
Mi necrológica de Jürgen Habermas. Donde explico de dónde vienen sus ideas (Escuela de Fráncfort), cómo vino a contárnoslas a España, lo que le pasó cuando las debatió con Ratzinger y qué valor pueden aún tener hoy. https://t.co/VBOZjsrwtN
‼️Un ataque israelí contra una aldea de mayoría cristiana, en el sur del Líbano, mata a un sacerdote católico y herido al menos a cinco personas.
El padre Pierre al-Rahi, sacerdote maronita, ha muerto tras negarse a irse a pesar de las órdenes de evacuación israelí.
Decía que mientras hubiera un alma que necesitase de los sacramentos, el tenía el compromiso con Dios de quedarse.
“JP Morgan estima que si Alemania no hubiera suprimido la generación atómica, en 2024 el país habría generado 50% menos electricidad a partir de combustibles fósiles y 84% menos de gas natural, los precios de la energía habrían sido 25% más baratos y el país habría importado la mitad de la energía que importó.”
No seamos tan estúpidos y suicidas como los europeos que están dispuestos a masacrar sus vidas y su futuro para que la imbécil de Greta Thunberg no los mire feo.
Mis felicitaciones para la ajedrecista hispano-iraní Sarasadat Khademalsharieh, @saraakhadem conocida como Sara Khadem y para su marido, el cineasta Ardeshir Ahmad. Sara tuvo un gesto de desafío histórico en diciembre de 2022 al competir SIN el velo islámico (hiyab) en el Mundial de Kazajistán 🇰🇿en apoyo a las protestas por la muerte de Mahsa Amini. Debido a una orden de arresto en su contra en Irán🇮🇷, se trasladó a España con su esposo y su hijo de 3 años. El Gobierno de España les otorgó la nacionalidad por carta de naturaleza por sus "circunstancias excepcionales".
En enero de 2026, Sara reafirmó su postura crítica hacia el régimen iraní, señalando que "el pueblo ha cumplido su parte" pero que la situación interna sigue siendo crítica. Su marido Ardeshir también ha enfrentado problemas con el régimen iraní; en el pasado fue encarcelado durante tres meses debido a un documental sobre el hip hop en Irán.
Sara se ha consolidado como una de las figuras más destacadas del ajedrez español y mundial. En enero de 2025, se proclamó subcampeona de Europa en el Campeonato Europeo Femenino de Ajedrez Rápido celebrado en Mónaco.
Valientes.