Todo sucede por una razón. Esa razón produce cambios; esos cambios, a veces traen dolor; ese dolor a veces es difícil de soportar, pero al final te darás cuenta que Dios tuvo siempre el control, desde el principio hasta el final.
Si algún consejo parece ir contra algo de lo que ves en Cristo, duda del consejo, porque no podrá ser de Dios, aunque la razón o la emoción te hagan prestarle atención.