España va a tener otra vez más muertes que nacimientos este año, y la población activa que sostiene a los jubilados se achica sin parar. La respuesta de siempre es importar gente o prometer cheques por hijo, y ninguna de las dos toca la raíz del problema. Los jóvenes no forman familias porque la vivienda está carísima, el primer empleo llega tarde y mal pagado, y armar una vida estable parece un lujo reservado a pocos. Un país que quiere que nazcan niños necesita que tener casa, trabajo y futuro antes de los cuarenta vuelva a ser lo normal. Eso se consigue construyendo mucho más, regulando mucho menos y dejando que la gente se quede con lo que gana. La demografía se arregla devolviéndole a los jóvenes la posibilidad real de formar una familia.
✨Carla Simón’s Closet Picks! ✨
The director of ROMERÍA talks about Víctor Erice’s influence on her work, shares how WANDA made her interrogate what feminism really means in cinema, and selects favorites like UMBERTO D. and WALKABOUT.
Los alumnos de un instituto de New York escribieron a sus escritores favoritos para invitarlos a dar una charla en su centro.
Sólo respondió uno, Kurt Vonnegut, pero se sentía muy mayor y declinó la invitación con esta carta maravillosa a la que pone voz Sir Ian McKellen. ❤️
“Paterson” de Jim Jarmusch. Si un buen día nos vemos a nosotros mismos como un ratoncito dentro de una jaula, la creación nos redime. O como se dice en la película: “Would you rather be a fish? ”. Gran película. 9/10
Esta es la televisión pública que tuvimos:
Programas culturales, debates de actualidad, entrevistas a intelectuales, series educativas, biografías de artistas y documentales.
A lo que hay ahora —y que nos cuesta un potosí— solo quiero verlo arder. Es combustible. Quiero verlo reducido a cenizas.
La televisión contemporánea es una degeneración estupefaciente inoculada en Europa por el camello Silvio Berlusconi: vedetes, zafiedad, sandeces y tipejos.
Mitterrand le cerró el pasó cuando Francia aún se amaba a sí misma. La Cinq quebró pero, más al sur, Telecinco triunfaba. El cáncer, empero, ya es metástasis en todo Occidente. Y en la televisión pública.
Hubo un tiempo en que RTVE respetaba al país y al espectador. Le trataba de usted. El pavoroso camino que colectivamente hemos recorrido desde entonces, debe caminarse urgentemente al revés.
Fuego.
Las 100 MEJORES NOVELAS de todos los tiempos
Esta es la selección que hizo el diario británico «The Observer» en 2003 (ahora en «The Guardian»).
Me gusta bastante, con su sesgo anglosajón, porque reivindica algunas novelas que han pasado desapercibidas.
https://t.co/6PfsJOZfVs
@SergioParra_ leído en otro plano, me ha recordado las “leyes fundamentales de la estupidez humana” de Cipolla. Los juegos de suma negativa los dirigen los estúpidos, de los que Cipolla recomienda huir lo más velozmente posible
Existen tres grandes tipos de juegos:
• Juegos de suma cero
Lo que gana una persona lo pierde otra. La cantidad total de recursos no aumenta ni disminuye, simplemente cambia de manos. Ejemplos:
Ajedrez
Póquer
Muchas competiciones deportivas
Si uno gana 100, otro pierde 100.
• Juegos de suma positiva
Todos los participantes pueden salir beneficiados. La interacción genera valor adicional que antes no existía. Ejemplos:
Comercio
Intercambio de conocimientos
Cooperación empresarial
El panadero recibe dinero. El cliente recibe pan. Ambos consideran que han mejorado su situación. El pastel no solo se reparte, sino que puede crecer.
• Juegos de suma negativa
Todos terminan peor de lo que estaban al principio. Los costes superan a los beneficios obtenidos. Ejemplos:
Guerras
Carreras armamentísticas
Conflictos destructivos
Algunas disputas políticas o legales prolongadas
Aunque alguna de las partes crea haber ganado, el resultado agregado es una pérdida colectiva.
Uno de los errores más frecuentes al pensar sobre la sociedad consiste en interpretar fenómenos de suma positiva como si fueran juegos de suma cero. Tendemos a imaginar que la riqueza, las oportunidades o el progreso son fichas limitadas sobre una mesa de póquer. Sin embargo, buena parte de la prosperidad humana surge precisamente de interacciones donde varias personas pueden mejorar simultáneamente su situación.
La democracia nació, en gran medida, como un juego de suma positiva. Su función era coordinar diferencias, representar intereses diversos, canalizar conflictos sin violencia y evitar la concentración excesiva de poder. Pero los sistemas también evolucionan. Y, en determinadas circunstancias, pueden degradarse.
Cuando los incentivos empiezan a premiar la teatralización por encima de la resolución de problemas, la división por encima de la cooperación y el impacto emocional por encima de la verdad, el juego cambia de naturaleza. El votante medio apenas dispone de tiempo o incentivos para informarse en profundidad. El político medio obtiene más recompensa por movilizar a los suyos que por alcanzar acuerdos. El comentarista gana visibilidad amplificando conflictos antes que aportando matices.
Nadie paga realmente el coste de equivocarse, pero muchos obtienen beneficios inmediatos por exagerar, simplificar o agitar. Y así, un mecanismo diseñado para generar beneficios colectivos corre el riesgo de deslizarse hacia un juego de suma negativa, donde cada participante persigue racionalmente su propio interés mientras el resultado agregado empeora para todos. Todos juegan. Algunos incluso creen que ganan. Pero el tablero, poco a poco, se empobrece.
El cine o la novela son grandes entretenimientos, y permiten iluminar algunas partes de la naturaleza humana. Sin embargo, son la antítesis del pensamiento sistémico.
La ficción tiende a convertir los sistemas en personas. Si hay pobreza, aparece un rico cruel. Si hay desigualdad, aparece una víctima luminosa y un poder oscuro. Si hay burocracia, aparece un funcionario mezquino. Si hay mercado, aparece un empresario codicioso. Si hay una institución defectuosa, se busca un villano con rostro. Es narrativamente eficaz, pero cognitivamente tramposo. Hace que el espectador sienta que ha entendido una estructura cuando en realidad solo ha identificado un personaje moralmente legible.
El pensamiento sistémico hace justo lo contrario. A menudo te obliga a aceptar que nadie ha querido producir el resultado final. Que muchas personas razonables, actuando localmente de forma comprensible, pueden generar una catástrofe colectiva. Que una buena intención puede empeorar el problema. Que una injusticia visible puede estar sostenida por mecanismos que no se corrigen castigando a un culpable. Que retirar una pieza puede romper otras tres.
Eso es muy difícil de dramatizar, porque no cabe bien en la gramática clásica de héroe, víctima y opresor.
La novela lo tiene algo más fácil que el cine, porque puede detenerse, explicar, entrar en varias conciencias, seguir procesos largos y mostrar cómo una sociedad produce a sus personajes. Balzac, Tolstói, Zola, Dickens, Galdós o Houellebecq (cada uno a su modo) han rozado algo más sistémico porque han entendido que una persona no es solo una persona, sino un punto de condensación de clase, época, deseo, dinero, familia, reputación y presión social. Pero incluso ahí la narración necesita encarnar el sistema en destinos individuales.
El cine lo tiene peor, porque depende más de lo visible. Puede mostrar muy bien una consecuencia, pero mucho peor una cadena causal dispersa. Puede mostrar el desahucio, el despido, el abuso, la humillación, la revuelta. Le cuesta mostrar la maraña de incentivos, normas, expectativas, precios, permisos, miedos, riesgos y efectos de segundo orden que ha llevado hasta ahí. Por eso tantas películas políticas acaban siendo moralmente intensas pero causalmente pobres.
El cine y la novela tienden a preferir la causalidad dramática, mientras que el pensamiento sistémico exige causalidad distribuida. La primera pregunta “quién ha hecho esto”. La segunda pregunta “qué estructura de incentivos ha permitido que esto ocurra una y otra vez incluso cuando cambian los nombres”.
Por eso la ficción suele ser magnífica a la hora de enseñar a sentir el daño. Pero difícilmente nos enseña a entender su arquitectura.
Así que si quieres leer la antítesis hecha libro de una novela o una película, aquí tienes "Hipercomplejidad":
Constraints are the catalyst of invention. An infinite search space leads to paralysis. The most creative inventions happen when you are forced to solve a problem within appropriately narrow constraints.
Esto sobre Shenzhen y las velocidades:
Pasé un tiempo en Shenzhen el año pasado y cuando vi a Merz regresar de China diciendo que los alemanes necesitan trabajar más, supe inmediatamente qué le rompió el cerebro porque viví exactamente el mismo shock cognitivo.
En mi primera semana en Huaqiangbei, gasté 4 intentos de prototipos de una placa controladora de motor por menos de mil dólares en total. En casa, un amigo estaba trabajando en algo similar y gastó más de 12 mil dólares en una sola revisión que tardó casi dos meses en llegar.
Cuando vives ese contraste en tus propias manos con tu propio proyecto, algo cambia permanentemente en cómo ves el mundo y va mucho más allá de la velocidad y el costo.
Lo que Shenzhen realmente construyó es un organismo de aprendizaje colectivo; imagina 20 fábricas de PCB, 15 talleres de moldes de inyección, 30 distribuidores de componentes y cien trabajadores independientes de firmware, todo dentro de un radio de 2 km; parece increíblemente redundante desde afuera hasta que te das cuenta de que la redundancia es en realidad densidad de información disfrazada.
Observé esto de primera mano con un proveedor de moldes de inyección con el que estaba trabajando. Este tipo había visto a cien fundadores iterar diseños térmicos similares durante 6 meses, por lo que modificó proactivamente sus herramientas antes de que yo abriera la boca. Sabía lo que necesitaba antes de que yo supiera lo que necesitaba. La inteligencia reside en las relaciones entre los nodos y se agrava a diario.
Occidente considera la manufactura como un centro de costos que se optimiza centralizando…
China construyó accidentalmente una red neuronal distribuida de inteligencia de fabricación donde el conocimiento se difunde horizontalmente entre miles de agentes más rápido de lo que cualquier empresa occidental puede procesar internamente.
Así que cuando Merz regresa y dice que necesitamos trabajar un poco más, creo que vio el problema pero diagnosticó COMPLETAMENTE mal la solución. Decirle a los alemanes que trabajen más duro es como decirle a un caballo que galope más rápido cuando el otro lado construyó un motor de combustión.
La brecha es ARQUITECTÓNICA
Es la densidad del ecosistema, necesitas un conector personalizado, en Shenzhen caminas 200 metros, en Múnich envías un correo electrónico y esperas 3 semanas.
Su velocidad de iteración, búsqueda paralela vs optimización secuencial a nivel de sistema, su tolerancia al riesgo, los fundadores chinos envían algo roto el lunes, lo arreglan el martes y lo vuelven a enviar el miércoles mientras las empresas europeas todavía están en la fase de aprobación del programa piloto del estudio de viabilidad…
Y Merz solo vio la superficie, lo que se perdió son las ciudades de segundo nivel como Hefei, Chengdu y Wuhan que están replicando el modelo de Shenzhen a gran escala en este momento.
BYD pasando de ser irrelevante a superar en ventas a todos los fabricantes de automóviles europeos juntos en 5 años, Huawei construyendo su propio chip de 7 nm bajo sanciones máximas cuando todos los analistas dijeron que era físicamente imposible y detrás de todo eso un gobierno que trata la fabricación avanzada como una prioridad nacional existencial mientras Europa debate si la IA necesita otro comité de ética.
Creo que lo que estamos viendo es la competencia económica más asimétrica de la historia moderna y la mayoría de los líderes occidentales todavía la plantean como un problema de productividad cuando en realidad es un problema ontológico.
Europa y Estados Unidos están optimizando variables que China dejó de seguir hace años, mientras que China está aumentando en dimensiones que Occidente ni siquiera tiene marco para medir.
Merz al menos tuvo el coraje de nombrarlo.
Lo digo en voz alta y lo respeto sinceramente, pero trabajar un poco más dentro de una arquitectura rota solo significa que llegas al destino equivocado un poco más rápido.
Muere el periodista Gregorio Morán , biógrafo de Adolfo Suárez, gran cronista de la Transición y azote del nacionalismo catalán https://t.co/y3WnfmCago
El chaval de esta foto de Juan Santiso, en el mítico concierto de Raimon, en Económicas (Madrid, 1968), es Gregorio Morán. Le acompañó siempre cuando escribía. Ha muerto esta noche a los 78 años. Fue inconfomista y le costó el pellejo. También despellejó lo suyo. DEP, maestro❤️🖤
A petición de Mónica, y pidiendo disculpas por adelantado por los errores de traducción 🙏🏻 (no domino el lenguaje de hace 400 años 😅), os dejo el video completo subtitulado de Sir #IanMcKellen recitando "Thomas More" de William Shakespeare ❤️
#StephenColbert