Angela Davis merece reconocimiento por su militancia comunista, su lucha feminista negra y anticarcelaria, y por su histórica vinculación con las Panteras Negras.
Pero una izquierda revolucionaria no convierte a sus referentes en santos.
Davis apoyó a Barack Obama, presidente responsable de una política de deportaciones masivas y de intervenciones militares como la guerra de Libia, que terminó con el derrocamiento y asesinato de Muamar Gadafi.
También ha respaldado al Partido Demócrata y a otros de sus candidatos, como Joe Biden y Kamala Harris.
Hoy firma cartas contra Irán.
Mientras Irán ha apoyado a Palestina, y se ha enfrentado al imperialismo estadounidense e israelí.
Eso también debe discutirse.
Podemos reconocer el enorme legado de Davis contra el complejo industrial carcelario y, al mismo tiempo, cuestionar sus posiciones cuando entran en contradicción con una política verdaderamente antiimperialista.
La coherencia revolucionaria exige hacer ambas cosas, reconocer los aportes y señalar las contradicciones.
Ninguna figura está por encima de la crítica.
🔴 El eje genocida EEUU-Israel debe ser derrotado.
La clase trabajadora tenemos que volver a levantar la bandera roja del internacionalismo.
Extendamos la solidaridad con los pueblos agredidos y hagamos lo posible para que el imperialismo genocida fracase en sus objetivos.