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quizás había alguien a quien pudiera hacer alterar con menos esfuerzo del que pudiera alguna vez creer.
Si tan sólo tuviera la desgracia de encontrarla.
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Fingir que conoce el destino de alguien hasta que dude o se altere... Era más fácil dicho que hecho.
Quizás su rostro estoico pudiera ayudar a darle seriedad a lo que dijera, pero la realidad era muy obvia... Aibhilin apestaba para fingir.
Aunque...
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Reescribir el destino...
Aunque la expresión de la princesa se mantiene tan impasible como siempre, su mirada brilla con una curiosidad inusual.
Cambiar el peso que lleva años aplastando sus hombros por algún otro... Quizás no esté tan mal.
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En silencio se acerca hasta la baraja, tomando la primera carta que capta su atención.
Se pregunta cómo funciona y, si unas simples cartas pueden cambiar tu destino —aunque sea de forma temporal—, ¿existiría alguna manera de reescribir los cuentos?
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Para todos. Incluso para el hada madrina.
⠀⠀⠀“⠀La paz siempre es agradable. Lástima que no sea tan fácil de encontrar en esta isla.⠀”
No hay paz donde un destino eminente te acecha, de eso está segura.
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Casi se ríe.
Casi.
Pero el sonido termina siendo más un suspiro medio divertido.
⠀⠀⠀“⠀Creo que eso depende de la perspectiva de la que se vea.⠀”
Ella no cree que alguien que se haya graduado de Enchanted High esté dentro de sus cabales.
Es imposible.
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Malas experiencias. Huh. Al parecer la conclusión que se llega al interactuar con la humanidad siempre es la misma: eran seres crueles.
Quizás nadie con una gota de ese destino podía salvarse de esa característica inherente.
⠀⠀⠀“⠀Oh.⠀”
No sabe bien qué decir.
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La empatía nunca había sido su fuerte.
⠀⠀⠀“⠀¿No quiere probarla conmigo?Yo también tengo curiosidad por la comida que ofrecen hoy, pero... también me da un poco de desconfianza.⠀”
Si fuera otro su acompañante probablemente ya hubiera hecho probar los bocadillos en
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Como si el flujo del tiempo realmente pudiera cambiar por un encuentro tan banal.
No hace nada para acercarse a Gretchen, ni en un millón de años se acercaría voluntariamente, pero le hace saber que la ha visto.
Encarna la ceja y la cuestiona de forma silenciosa.
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La princesa está acostumbrada a pasar desapercibida en una multitud. Creció en un lugar en el que mientras la mirasen, mejor.
Mientras menos atención hubiera sobre ella, más libre se sentía. Un irónico prólogo para quien está destinada a tener los ojos de toda una
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nunca tuvieron la posibilidad de mantenerse inadvertidos.
Vitrales bicolores se pasean por el lugar hasta encontrarse con una mirada que reconoce casi al instante.
¿Cómo es que siempre se reunían así?
Sus miradas se conectan por lo que se siente como una eternidad.
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⠀⠀⠀“⠀Gracias, Hada madrina. Usted luce impecable como siempre.⠀”
¿No irá a sacarle el ojo a alguien por accidente con esas enormes ramas? Espera que no.
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Tiene la suficiente inteligencia para entenderlo, más no la suficiente fuerza mental o emocional para soportarlo.
Así que en la locura que ha nacido de un intento de mantener la cordura, se protege.
Finge no saberlo, pero fingir es difícil frente al hada.
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Y no entiende el porqué.
⠀⠀⠀“⠀Oh.⠀”
Su comentario iba dirigido al lugar en específico en el que estaban, no al festival.
⠀⠀⠀“⠀Quería decir... la imaginaba en el ojo de la tormenta.⠀”
Con el resto de estudiantes y profesores. No huyendo como ella.
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