Dios prefiere la pequeñez, signo de su amor discreto, que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo, que busca abrirse camino incluso en medio de la cizaña, que actúa de forma escondida e invisible como la semilla más pequeña de todas y fermenta dentro de la masa sin hacer ruido. #EvangelioDeHoy (Mt 13,24-43)
En estos días en que muchos toman unos días de descanso, tal vez sea el mejor momento para ver cómo está nuestro terreno. Para que la promesa de Dios en nosotros prospere, se requiere crear espacio en el corazón mediante el silencio y la tranquilidad.
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Hoy seguimos a muchas personas en redes sociales y medios de comunicación, pero no aceptamos maestros, porque esto último implica confiar a alguien nuestra vida.
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Basta abrir un poco la puerta de nuestra casa para que el Señor entre en ella a raudales; un sencillo gesto de amor, como un vaso de agua, no pasará desapercibido y abrirá a quien lo da a la nueva lógica del don.
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Precisamente por ser católicos, es decir, por haber conocido a Jesucristo y haber creído en él, por haber hecho de su amistad el principal motor de nuestra vida, somos libres.
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A través del misterio pascual, el Señor nos muestra que incluso las circunstancias más difíciles y complicadas se pueden transformar desde dentro gracias a la fuerza del amor. El sufrimiento no siempre se puede evitar o eliminar, pero se le puede encontrar un significado redentor que restituye la dignidad perdida y abre la puerta a una vida nueva.
El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá, dice Jesucristo. Todo el que permanece en la amistad de Jesús vive eternamente, porque su amor ha vencido a la muerte. Su amor es más fuerte. Él es la resurrección porque es la Vida Verdadera y Eterna.
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Jesucristo ha venido para que podamos ver lo que habitualmente no vemos. Nos enseña a mirar con el corazón. Esto es la fe. Solo es necesario dejarse tocar por Él y por la realidad que tenemos delante.
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El centro de la vida cristiana no consiste en un conjunto de normas, obligaciones y prohibiciones a cumplir. El centro de la vida de los discípulos de Jesucristo es, precisamente, la amistad con Jesucristo.
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#OremosJuntos por los niños de Ucrania, de Gaza y de otras regiones del mundo afectadas por la guerra. Encomendemos a los niños que hoy sufren a la protección de María, Reina de la Paz.
Es desolador ver hoy que la fuerza del derecho internacional y del derecho humanitario ya no perece obligar, sustituida por el presunto derecho de obligar a los demás mediante la fuerza. Esto es indigno del ser humano, es vergonzoso para la humanidad y para los responsables de las naciones.
¿Cómo se puede creer, después de siglos de historia, que las acciones bélicas traen la paz, y que no se vuelven en contra de quien las ha realizado? ¿Cómo se puede pensar en sentar las bases del mañana sin cohesión, sin una visión de conjunto animada por el bien común?
Los invito a invocar frecuentemente al Espíritu Santo, para que plasme en ustedes un corazón dócil, capaz de captar la presencia de Dios, también mediante la escucha de las voces de la naturaleza y del arte, de la poesía, de la literatura y de la música, así como de las ciencias humanas. https://t.co/VLAboCecjC
En un mundo en el que a menudo hay ingratitud y afán de poder, donde a veces parece prevalecer la lógica del descarte, estamos llamados a testimoniar la gratitud y gratuidad de Cristo, la exultación y la alegría, la ternura y la misericordia de su Corazón.
La guerra no resuelve los problemas, sino que los amplifica y produce heridas profundas en la historia de los pueblos, que tardan generaciones en cicatrizar. Ninguna victoria armada podrá compensar el dolor de las madres, el miedo de los niños, el futuro robado. ¡Que la diplomacia haga callar las armas! ¡Que las naciones tracen su futuro con obras de paz, no con la violencia ni conflictos sangrientos!
Las potentes armas empleadas en la guerra actual amenazan con llevarnos a una barbarie superior a la de los tiempos pasados. En nombre de la dignidad humana y del derecho internacional, repito a los responsables lo que decía el papa Francisco: ¡la guerra es siempre una derrota! Y afirmo con Pío XII: «Nada se pierde con la paz, todo puede perderse con la guerra».
En este Jubileo de la esperanza, acordémonos en nuestras oraciones de todos los que sufren y se sienten tentados por el desánimo. Cualesquiera que sean los problemas o dificultades que tengamos que afrontar en la vida, dirijámonos a Jesús, reconozcamos nuestro deseo de sanar y aceptemos su promesa de libertad y de vida nueva. #AudienciaGeneral
En una sociedad cada vez más digital, en la que las tecnologías, aunque acercan a personas lejanas, a menudo alejan a quienes están cerca, el deporte valora la concreción de estar juntos, el sentido del cuerpo, del espacio, del esfuerzo, del tiempo real. Así ayuda a mantener un contacto saludable con la naturaleza y con la vida concreta, único lugar en el que se ejerce el amor.
Hermanas y hermanos, los animo a oponerse a toda forma de violencia y opresión. ¡El mundo hoy lo necesita tanto! De hecho, hay muchos conflictos armados. Sigamos rezando por la paz en todo el mundo. https://t.co/tDS2c36Bqr
¡Convirtámonos en peregrinos de la esperanza! Entre las personas, los pueblos y las criaturas se necesita a alguien que decida avanzar hacia la comunión. Otros nos seguirán. Volvamos a construir puentes donde hoy hay muros. Abramos puertas, conectemos mundos y habrá esperanza. #AudienciaJubilar