No lo sabía. Cuando quedas embarazada, las células del bebé siguen vivas en el cuerpo de la madre durante más de 27 años.
Se llama "microquimerismo": durante el embarazo, las células del bebé entran en la sangre de la madre a través de la placenta y se instalan incluso en órganos y en el cerebro. En un estudio de 2012 de la Universidad de Washington, se encontraron células de origen fetal en el cerebro de aproximadamente el 63% de las mujeres analizadas.
Y estas células no se quedan ahí sin hacer nada.
Cuando el corazón o el hígado de la madre sufre daño, las células del bebé acuden a ese lugar y ayudan a reparar el tejido. A nivel celular, el hijo protege a su madre.
Y hay algo más: las células de los bebés perdidos por aborto espontáneo o muerte fetal también permanecen en el cuerpo de la madre.
El embarazo, a nivel celular, es convertirse en madre para siempre. El vínculo con tu hijo es para toda la vida.
El lazo entre madre e hijo existe a nivel celular. Es demasiado bonito...
¿Cómo llevas la Cuaresma?
¿La estás viviendo?
No dejes pasar esta oportunidad de entrenarte en ser mejor.
No es una cuestión de autoestima, es una cuestión de amor, a Dios y a los demás.
Y tu, también te sentirás mucho mejor.
Hoy te propongo que hagas un pequeño examen de conciencia de cómo estás viviendo estos días. Seguro que sacarás algún propósito.
¡Ánimo!
Hermanos mexicanos, están en nuestras oraciones. Ojalá que el narcotráfico sea erradicado de su país. México es una gran nación y su gente es muy linda. Es lamentable que lo que está sucediendo. Esperemos con la gracia de Dios que la situación mejore pronto.
Les mando un abrazo gigante y espero algún día poder conocer su hermoso país.
"Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
Nada te turbe.
A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
Bondad inmensa;
pero no hay amor fino
Sin la paciencia.
Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
Quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.
Id pues, bienes del mundo;
id, dichas vanas,
aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta".
Santa Teresa de Ávila.
En los momentos complicados de la vida, no olvides que tienes una Madre en el Cielo que es capaz de abrazarte en la tierra.
Confía!
Déjate abrazar y abrázala tú también!
El Último Vagón:
Cada año los papás de Martín lo llevaban con su abuela para pasar las vacaciones de verano,y ellos regresaban a su casa en el mismo tren al día siguiente.
Un día el niño les dijo a sus papás:
-"Ya estoy grande ¿puedo irme solo a la casa de mi abuela?".
Después de una breve discusión los papás aceptaron.
Están parados esperando la salida del tren,se despiden de su hijo dándole algunos consejos por la ventana, mientras Martín les repetía:
- "¡Lo sé! Me lo han dicho más de mil veces".
El tren está a punto de salir y su papá le murmuró a los oídos:
-"Hijo, si te sientes mal o inseguro, ¡eso es para ti!".
Y le puso algo en su bolsillo.
Ahora Martín está solo,sentado en el tren tal como quería,sin sus papás por primera vez.
Admira el paisaje por la ventana, a su alrededor unos desconocidos se empujan, hacen mucho ruido,entran y salen del vagón.
El supervisor le hace algunos comentarios sobre el hecho de estar solo.
Una persona lo miró con ojos de tristeza.
Martín ahora se siente mal cada minuto que pasa.
Y ahora tiene miedo.
Agacha su cabeza... se siente arrinconado y solo,con lágrimas en los ojos.
Entonces recuerda que su papá le puso algo en su bolsillo,temblando, busca lo que le puso su padre.
Al encontrar el pedazo de papel lo leyó, en él está escrito:
"¡Hijo, estoy en el último vagón!".
Así es la vida, debemos dejar ir a nuestros hijos, debemos confiar en ellos.
Pero siempre tenemos que estar en el último vagón, vigilando,por si tienen miedo o por si encuentran obstáculos y no saben qué hacer.
Tenemos que estar cerca de ellos mientras sigamos vivos.
El hijo siempre necesitará a sus papás.
Por siempre en el último vagón.
En Lima, Perú, todos los domingos a las 6am, un taxi amarillo se estaciona frente al Hospital del Niño.
El taxista se llama Carlos Mendoza. Tiene 51 años.
Baja del taxi. Saca un cartel de cartón.
"Taxi gratis para niños enfermos y sus mamás. Solo domingos. Solo al hospital."
Y espera.
Ha hecho esto todos los domingos durante 7 años.
Desde marzo de 2017.
Sin fallar. Ni cuando está enfermo. Ni en Navidad. Ni en su cumpleaños.
Cada domingo. 6am a 2pm. Ocho horas.
¿Cuántos viajes hace?
Entre 8 y 15 viajes cada domingo.
En 7 años: aproximadamente 4,000 viajes gratis.
Si cada viaje cuesta en promedio 25 soles, Carlos ha regalado 100,000 soles.
Unos $27,000 dólares de su propio bolsillo.
Carlos trabaja de lunes a sábado como taxista normal.
Gana aproximadamente 1,800 soles al mes.
Mantiene a su esposa y una hija de 15 años.
El domingo es su único día libre.
Pero lo usa para trabajar gratis.
Sus compañeros taxistas le dicen: "Carlos, estás loco. El domingo deberías descansar."
Carlos responde siempre: "Descansaré cuando me muera. Ahora hay niños que necesitan llegar al hospital."
¿Por qué lo hace?
El 12 de marzo de 2017, un domingo, Carlos estaba en su casa descansando.
Su hija, Valeria, tenía 8 años en ese momento.
Se enfermó repentinamente. Fiebre altísima. Convulsiones.
Carlos y su esposa la cargaron corriendo a la calle.
Eran las 7am. Domingo. No había taxis.
Esperaron 25 minutos en pánico.
Valeria convulsionaba en los brazos de su mamá.
Finalmente llegó un taxi.
"¡Hospital del Niño! ¡Rápido! Mi hija se está muriendo!"
El taxista vio la situación. Arrancó a toda velocidad.
Llegaron en 18 minutos. Normalmente son 35 minutos.
Valeria entró a emergencias. Los doctores la estabilizaron.
Meningitis. Si hubieran tardado 10 minutos más, habría muerto.
Carlos le pidió la cuenta al taxista.
"¿Cuánto le debo?"
"Nada. Váyase con su hija."
"¿Cómo que nada? Tiene que cobrarme."
"No. Hace 3 años, mi hijo tuvo meningitis. Un taxista me llevó gratis. Me dijo: 'Algún día, cuando puedas, haz lo mismo por otro papá.' Hoy es ese día."
El taxista se fue antes de que Carlos pudiera agradecerle.
Carlos nunca supo su nombre.
Valeria estuvo 12 días en el hospital. Se recuperó completamente.
El día que salió del hospital, Carlos tomó una decisión.
"Cada domingo voy a hacer lo que ese taxista hizo por mí."
El primer domingo, marzo 19 de 2017, Carlos se estacionó frente al Hospital del Niño.
Con su cartel: "Taxi gratis para niños enfermos."
Esperó 3 horas. Nadie se acercó.
La gente pensaba que era estafa.
A las 10am, una señora con un niño en brazos se acercó tímidamente.
"¿De verdad es gratis?"
"Sí, señora. ¿A dónde necesita ir?"
"A San Juan de Lurigancho. Mi hijo tiene cita de quimioterapia."
Carlos los llevó. 45 minutos de ida. 45 de vuelta.
Gratis.
La señora lloró todo el camino de regreso.
"¿Por qué hace esto?"
Carlos le contó la historia de Valeria.
"Porque alguien salvó a mi hija llevándome gratis. Ahora yo salvo a otros haciendo lo mismo."
Esa señora se llamaba Rosa. Su hijo, Daniel, tenía 6 años. Leucemia.
Daniel se recuperó. Hoy tiene 13 años. Está sano.
Rosa nunca olvidó a Carlos.
En 7 años, Carlos ha llevado a más de 4,000 niños.
No todos sobrevivieron.
Pero todos llegaron al hospital a tiempo.
En 2021, la historia de Carlos llegó a Panamericana Televisión.
Un reportero lo siguió un domingo completo.
El video: 1.3 millones de vistas en Facebook.
Empresas de taxi le ofrecieron trabajo. Patrocinios.
"Carlos, ven con nosotros. Te pagamos mejor."
Carlos rechazó todo.
"Si trabajo para una empresa, tendré que seguir sus reglas. Yo necesito ser libre para llevar a quien necesite, gratis, sin preguntar nada."
Pero una empresa de gasolina, Primax, hizo algo diferente.
"Carlos, no queremos contratarte. Queremos regalarte gasolina."
"¿Para qué?"
"Para que los domingos no gastes en combustible. Nosotros te damos 50 soles de gasolina cada domingo. Gratis."
Carlos aceptó.
Desde 2021, Primax le regala 200 soles de gasolina al mes.
Carlos puede hacer más viajes sin gastar su propio dinero.
Pero algo más pasó.
Otros 6 taxistas en Lima vieron la historia de Carlos.
Decidieron hacer lo mismo. Un domingo al mes cada uno.
Lo llaman "Los Domingos de Carlos."
En 3 años, esos 6 taxistas han llevado gratis a 890 niños más.
Rosa, la primera mamá que Carlos ayudó en 2017, hace algo ahora.
Cada domingo va al Hospital del Niño.
Lleva jugo y galletas para las mamás que esperan en emergencias.
"Carlos me llevó gratis 14 veces durante el tratamiento de Daniel. Yo no puedo manejar taxi. Pero puedo llevar comida."
Carlos tiene ahora 51 años.
Su hija Valeria tiene 15.
Está completamente sana.
Ella lo acompaña algunos domingos.
"Para que vea que ayudar no es sacrificio. Es privilegio."
Valeria quiere estudiar medicina.
"Para curar a los niños que mi papá lleva al hospital."
El domingo pasado, Carlos llevó a una mamá con su bebé de 8 meses.
El bebé tenía neumonía severa.
El hospital estaba a 40 minutos.
Carlos manejó en 22 minutos.
El bebé llegó a tiempo. Se salvó.
La mamá, llamada Lucía, le dijo: "¿Cómo le pago?"
"No me paga. Solo prométame que cuando su hijo crezca, le va a contar esta historia. Para que sepa que en este mundo hay gente buena."
Lucía lloró. "Se lo prometo."
En el Hospital del Niño de Lima, los doctores conocen a Carlos.
Cuando llega un niño grave y preguntan "¿quién los trajo?", muchas veces la respuesta es: "Carlos, el taxista de los domingos."
Los doctores dicen: "Carlos ha salvado más vidas que muchos de nosotros. Porque él hace que lleguen a tiempo."
Un doctor, el Dr. Raúl Pacheco, dice:
"He visto a 23 niños llegar a emergencias con Carlos. 23 que hubieran muerto si llegaban 10 minutos más tarde. Carlos no es doctor. Pero es el primer eslabón en la cadena que los salva."
En el taxi de Carlos hay una foto pegada en el espejo retrovisor.
Es Valeria a los 8 años. En el hospital. Recuperándose de meningitis.
Abajo dice: "Por ella. Por cada niño que merece llegar a tiempo."
Carlos dice: "El día que Valeria se enfermó, un taxista anónimo nos salvó. No sé su nombre. No sé dónde está. Pero cada domingo, cuando subo a un niño a mi taxi, le digo: 'Esto es por el taxista que salvó a mi hija.'"
"Porque él me enseñó que salvar una vida no requiere ser doctor. Solo requiere tener un taxi y estar dispuesto a usarlo."
¿Qué harías con tu único día libre durante 7 años si supieras que puedes salvar 23 vidas?
"Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
Nada te turbe.
A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
Bondad inmensa;
pero no hay amor fino
Sin la paciencia.
Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
Quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.
Id pues, bienes del mundo;
id, dichas vanas,
aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta".
Santa Teresa de Ávila.
El Cuarto Rey Mago:
Hay una leyenda que sin ser parte de la Revelación, nos enseña lo que Dios espera de nosotros.
Se cuenta que había un cuarto Rey Mago, que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla.
Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas.
Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda.
Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno.
Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre.
Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados y miserables, y no podía dejarlos desatendidos.
Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido.
Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo.
El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la estrella que antes lo guiaba. Buscó y buscó y buscó...
Y dicen que estuvo más de treinta años recorriendo la tierra, buscando al Niño y ayudando a los necesitados.
Hasta que un día llegó a Jerusalén justo en el momento que la multitud enfurecida pedía la muerte de un pobre hombre.
Mirándolo, reconoció en sus ojos algo familiar.
Entre el dolor, la sangre y el sufrimiento, podía ver en sus ojos el brillo de aquella estrella.
Aquel miserable que estaba siendo ajusticiado era el Niño que por tanto tiempo había buscado.
La tristeza llenó su corazón, ya viejo y cansado por el tiempo.
Aunque aún guardaba una perla en su bolsa, ya era demasiado tarde para ofrecérsela al Niño que ahora, convertido en hombre, colgaba de una Cruz.
Había fallado en su misión.
Y sin tener a dónde ir, se quedó en Jerusalén para esperar que llegara su muerte.
Apenas habían pasado tres días cuando una luz aún más brillante que mil estrellas llenó su habitación.
Era el Resucitado que venía a su encuentro.
El Rey Mago, cayendo de rodillas ante Él, tomó la perla que le quedaba y extendió su mano mientras hacía una reverencia.
Jesús le tomó tiernamente y le dijo:
“Tú no fracasaste!
Al contrario, me encontraste durante toda tu vida...
Yo estaba desnudo, y me vestiste.
Yo tuve hambre, y me diste de comer.
Tuve sed y me diste de beber.
Estuve preso, y me visitaste.
Yo estaba en todos esos pobres que atendiste en tu camino.
¡Muchas gracias por tantos regalos de amor!
Ahora estarás conmigo para siempre, pues el cielo es tu recompensa...”
La historia no requiere explicación... nosotros somos el cuarto Rey Mago y Jesús espera que le encontremos en cada persona necesitada que se cruce en nuestro camino.