ME ABURRÍ Y LE DIJE A CHATGPT QUE APLICARA A 500 VACANTES POR MÍ.
ME DESPERTÉ, EL TELÉFONO ESTALLANDO—12 LLAMADAS PARA ENTREVISTAS EN 24 HORAS.
ESTE ES EL PROMPT QUE USÉ:
SOY MARÍA SOL
MALMOREA, HACE 3 SEMANAS ESTOY PELEANDO POR MI MEDICACIÓN ONCOLÓGICA Y ME SALIÓ RECHAZADA HOY.
Estoy pidiendo que me den el tratamiento que necesito.
Mientras OSDE demora, mi salud no espera.
📢 Que se haga visible QUE LA SALUD NO PUEDE ESPERAR #OSDE
"Rarísimo":
Porque analizaron qué fue lo que decía Lionel Messi durante el partido contra España y trajo más dudas al respecto. "¿Contento con tu gol? Lo dudo".
https://t.co/DS1M7mjGSW
Terminada la payasada uruguaya de las 4 estrellas. Pagan las consecuencias de un agrande que solo pudo justificarse una sola vez, en los Mundiales, en la del Maracaná de 1950, pero nunca antes y nunca después. Y todavía querían bordarse una más por el Mundialito ese de 1980 compuesto de amistosos carentes de valor futbolístico real. Uruguayos, revisen sus cerebros, han fracasado otra vez. Nosotros pasamos por similar desubicación mental entre 1958 y 1974 hasta que asumimos que éramos malos y que debíamos retomar desde cero. Hagan lo mismo, por vuestro bien. Y, muy importante, trae mala suerte ser antiargentino y difamar permanentemente a Buenos Aires. Nosotros no somos, recíprocamente, anti-uruguayos. Les perdonamos la secesión de Artigas de 1813 a pesar de que ustedes fueron puntos de los colonialistas ingleses que nos invadieron en 1806 y 1807 y usurparon luego las Malvinas. Los dejamos participar de la Guerra de la Triple Alianza. Les mandamos nuestra plata barrani a los bancos de su país a pesar de la baja calidad institucional financiera que tienen, y todavía organizan campañas contra Argentina en TikTok y en Instagram? Bajen la envidia, reflexionen y búsquense enemigos de magnitud acorde, que nosotros no aplicamos.
Mi papá murió hace 10 años… pero ayer me llegó un correo suyo.
Decía: “Ya vi que te vas a casar. Abre el archivo adjunto.”
No creo en fantasmas. Nunca he creído. Soy ingeniero. Me formé confiando en números, sistemas, causas y efectos, en cosas que se pueden explicar. Por eso nada —absolutamente nada— me preparó para ver el nombre de mi papá en mi bandeja de entrada… con fecha de hoy. Me quedé inmóvil mirando la pantalla. Sentí un nudo en la garganta y un frío raro en el pecho. No era miedo. Era ausencia.
Mi papá, David, murió cuando yo tenía 15 años. Cáncer de páncreas. De esos que no dan tregua ni tiempo para despedidas largas. Un día estaba… y al siguiente ya no. En sus últimos meses se encerraba mucho en su estudio con la computadora. Mi mamá decía: “Déjalo, está ordenando sus cosas”. Yo pensaba que estaba pagando cuentas, cerrando pendientes. No sabía que estaba luchando contra el reloj. Por mí.
El día que murió sentí que el mundo se apagó. Me quedé solo con mi mamá, siendo un adolescente lleno de rabia, sin saber afeitarme, sin saber hablarle a una mujer, sin saber cómo se vive sin un papá. Pensé que ahí terminaba todo. Pero no.
El primer correo llegó el día que cumplí 18. A las 12:01 a.m.
Asunto: “Ya eres legal.”
Casi tiro el celular. Lo abrí temblando, llorando. Era un audio suyo:
“Feliz cumpleaños, hijo. Hoy oficialmente ya eres un adulto… y vamos a tomarnos un buen vino juntos. Cuando naciste le dije a tu madre que compraría la mejor botella y la dejaría añejar 18 años. Hoy te toca. Te quiero, pero con cuidado, ¿eh? Que siempre te estoy vigilando.”
Su voz estaba ahí. Burlona. Amorosa. Inconfundible. Me mandó al garaje. Ahí estaba la botella que guardó el día que nací. Me senté en el piso y lloré como no lloré ni en su funeral. Ese día entendí su plan: correos programados para seguir siendo mi papá aunque ya no estuviera. Para no perderse mis momentos importantes.
Pero lo de ayer fue distinto.
Ayer le pedí matrimonio a Clara. No lo publiqué. No lo anuncié. Solo se lo conté a mi mamá y a dos amigos. Y aun así, hoy llegó otro correo.
Asunto: “Operación Boda.”
Sentí pánico. Pensé que alguien había hackeado su cuenta. Que estaban jugando conmigo. Abrí el mensaje con lágrimas cayendo sobre la pantalla. Había un archivo adjunto. Le di play.
Apareció él. Demacrado. Cansado. Enfermo. Pero sonriendo. Con esa sonrisa que siempre me calmaba. Sostenía su corbata azul, la de los días importantes.
“Hola, futuro novio”, dijo. “Hoy no puedo estar ahí para arreglarte… así que vamos a practicar.”
Durante diez minutos fue mi papá otra vez. Paciente. Amoroso.
“Pasa por la izquierda… no aprietes tanto… respira…”
Yo no estaba viendo un video. Lo estaba viviendo. Lloraba sin poder parar, doblado sobre la cama, tapándome la boca para no gritar.
Al final se acercó a la cámara. Sus ojos brillaban.
“Hijo… no importa con quién te cases, mientras se ría de tus chistes malos. Si se ríe, es ella. Sé bueno. El matrimonio no es 50/50… es 100/100 del que pueda darlo ese día. Yo estaré ahí. En primera fila. Aunque no me veas.”
Cuando el video terminó, me quedé en silencio. Lloré por el padre que perdí. Lloré por el hombre que me enseñó a ser. Lloré porque entendí que nunca me dejó solo.
Mi tío Jorge, desde Yucatán, tenía instrucciones de él para enviar borradores desde su correo en cada etapa importante de mi vida. Creo que hay uno para cuando tenga mi primer hijo. Mi primera casa. Mi primer auto.
Mi papá no estaba ordenando papeles.
Estaba dejándome un mapa para la vida.
La tecnología puede ser fría.
Pero el amor es capaz de atravesar el tiempo, la muerte y el silencio solo para decirte:
“Arréglate la corbata, hijo. Hoy es un gran día.”