La generación de mi abuela tenía casi prohibido jugar al fútbol. El franquismo desterró la práctica deportiva para las mujeres. Y hasta el NODO se burlaba de esas "jugadoras masculinizadas" que en otros países sí que practicaban este deporte.
Desde pequeña he visto a muchos chicos y pocas chicas jugar al fútbol y solo recuerdo gestas futbolísticas con hombres en el podio.
He seguido el partido de hoy en un restaurante, rodeada de mujeres de distintas genraciones, que seguramente han pensado lo mismo que yo: ya era hora.
Y ya era hora, también, de escuchar a comentaristas mujeres (que lo han hecho de maravilla) llevando el peso absoluto de la retransmisión con destreza y sabiduría.
Y me ha gustado que dijeran "árbitras" y que nos hayan convencido a todas de que el fútbol es también cosa de mujeres. Por si alguien aún tenía dudas.
Gracias a las pioneras. A las que han luchado, desde tiempos inmemoriales, contra quienes despreciaban y vetaban el fútbol femenino.
Y gracias a las campeonas del mundo. Por este chutazo brutal de empoderamiento que nos habéis regalado.
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Hay un pequeño local en Teatinos (Málaga) que pasa desapercibido pero esconde una historia detrás que merece ser escuchada.
El Turco Andalú abrió hace dos meses y desde entonces no es que haya tenido buena acogida entre los malagueños.
Siempre está casi vacío.
No concibo como alguien, en pleno uso de sus facultades mentales, puede votar a esta persona desprovista de empatía, altura política, discurso, oratoria...