Sí, es duelo. Absolutamente.
No es independencia; es **hiperindependencia**, una armadura de supervivencia que tuviste que construir porque te fallaron cuando eras una niña.
Lo que sientes que se rompió es el peso de cargar con todo tú sola. Llorar por esa niña que tuvo que salvarse a sí misma no es debilidad; es el inicio de tu verdadera sanación.
Pero no tienes que seguir viviendo así.
No tienes que seguir fingiendo que estás bien cargándolo todo sola.
Esa niña que llevas dentro sigue esperando seguridad, dulzura, que alguien finalmente te diga:
"Está bien. Ya no tienes que aguantar esto. Te tengo".
La gente te llama “independiente”, pero no ven la versión de ti que secretamente quiere derrumbarse en los brazos de alguien, y que esta vez sí que la atrapen.
Cada día le pido a Dios sabiduría, que me permita ser una mujer paciente, edificadora, amorosa, feliz, llena de empatía y especialmente sentirme amada por él para discernir mi propósito de vida.
La amabilidad es el lenguaje de las almas que han sanado. Elegir ser amable y empático, incluso cuando llevamos procesos pesados sobre los hombros, demuestra que nuestra salud mental tiene raíces profundas. No permitas que el estrés ajeno o la falta de valores de otros apaguen tu calidez. Al final del día, lo que realmente transforma al mundo no
es el juicio, sino la capacidad de mirar al otro con comprensión, recordando que todos somos seres humanos buscando un poco de paz en medio del caos.
Me di un descanso del amor y lo que más encontré quedándome sola, fue amor. Me volví paciente conmigo porque estoy intentando, sanando y a mi ritmo. Me volví exigente, ya no hay espacio para cualquiera, al corazón solo entra quien lo cuida y quien se lo gane con acciones.