ayer salí de la facultad y me fui a lo de mi abuela, la tipa me estaba esperando con un pastel de papa. Me quedo a dormir, chusmeamos, miramos su serie coreana y hoy me despierta con un café con leche y una banana. Cuando me voy me dice “gracias por venir a visitarme, te amo”
Estoy HARTA de este clima subtropical, con una humedad que te ahoga, con un calor insufrible. Ya estamos a mitad de marzo, no es serio. Que se apure el invierno.
Vi un tiktok de una chica que decía que no se queda enojada por mucho tiempo porque o lo va a resolver o no hay nada que se pueda hacer al respecto. Y tan simple como suena, es tan simple como realmente es.
Parece broma, pero uno sale del trabajo y se va rápido a casa, con prisa, para no llegar más tarde.
No por desesperación, sino por necesidad. Porque ahí está la calma que el día te quita, el silencio que acomoda el alma y el refugio donde el cansancio por fin puede descansar. Afuera uno cumple, resiste y aguanta; en casa uno suelta, respira y vuelve a ser. Y quizá por eso el corazón apura el paso, porque sabe que llegar es, en realidad, volver a vivir
"Al final, creo que no necesitamos hacer nada para ser amados. Nos pasamos la vida tratando de parecer más bonitos, más inteligentes. Pero me di cuenta de dos cosas: quienes nos aman nos ven con el corazón y nos atribuyen cualidades más allá de las que tenemos".
Frida Kahlo
La ansiedad no siempre grita. A veces susurra dudas. Un montón de dudas. Una detrás de otra, como una lluvia fina que no parece grave al principio pero te va calando hasta los huesos. ¿Y si me equivoco? ¿Y si no es la mejor opción? ¿Y si luego me arrepiento? ¿Y si…?
A los 30 años que tengo para mí es un NO rotundo quien no respete mis límites.
Si te digo que me molesta algo, que no quiero hablar de X cosas, que no me gusta X actitud, y tú sigues igual, estás en tu derecho de ser así, y yo en el mío de mandarte a la mierda.