Hay una profunda tristeza en darte cuenta de que estabas amando a alguien que nunca te amó de verdad, en cambio disfrutaban de tu presencia, de tu lealtad, de tu cuerpo, de tu consuelo, pero nunca cargaron con tu corazón con el mismo cuidado con el que tú cargaste el suyo.
Uno a esta edad busca una persona que sepa hablar las cosas en vez de alejarse, que sepa comunicar sus emociones y que le tenga asco a la ley del hielo. En pocas palabras, alguien que ya haya madurado.