Aspiro a una vida tranquila porque ya viví demasiado tiempo en medio de la ira, el caos y el desorden. Hoy elijo la calma, los límites y la distancia de todo aquello que me roba estabilidad. Entendí que mi paz no es un lujo: es una necesidad que voy a cuidar.
Ultimamente, mi mayor deseo es que los planes de Dios coincidan con los míos, pero si no es así, que prepare mi mente y mi corazón para aceptar con fe todo aquello que tenga preparado para mi vida.
Cada que puedas, hazte consciente y agradece todo lo que tienes. Tu hogar, tu trabajo, tus amigos, tu familia, tus cosas. Reconoce que existen infinitas razones para estar agradecido, piensa que hay mucho más por agradecer que por reprochar.