Ya no estás para verlo, pero vives en cada latido que me sostiene; eres la herida que duele y, al mismo tiempo, la fuerza invisible que me enseña a seguir respirando sin ti.
“Güera hermosa, sé que ahora habitas un lugar donde el dolor se rinde ante la luz, donde tu alma camina descalza entre paz infinita. Yo te lloro en la tierra, pero te amo tranquila en el cielo.”
Jamás pensé en vivir sin ti… y, sin embargo, aquí estoy, aprendiendo a caminar con tu ausencia y tu recuerdo abrazándome el alma. Te fuiste, pero tu amor se quedó conmigo, eterno y puro como la luz que fuiste en mi vida.
Mi güera hermosa,no sé cómo superar tu partida,porque no se supera a quien se ama con el alma.Solo aprendo a vivir con tu ausencia, abrazando tus recuerdos y el amor que me dejaste.Tu risa aún suena en mi corazón y aunque duela,me consuela pensar que ahora brillas desde el cielo.
Honra tu duelo, porque es sagrado. Es un testimonio de la profundidad de tu corazón. Y con el tiempo, a través del dolor, encontrarás sanación, no porque hayas olvidado, sino porque has aprendido a llevar el amor y la pérdida juntos.
Cuando mi güera, aún en medio de su fragilidad, toma mi mano con amor, siento que el dolor se mezcla con la esperanza; es un abrazo silencioso del alma que me recuerda cuánto la amo y cuánto quiero verla sonreír de nuevo.