Quando me chamam pra sair com uma semana de antecedência mas eu não sei se vou estar em mania, depressão, psicose ou hipomania, então só posso responder no dia
Millennials. The 2008 Financial Crisis hit them at 18. COVID hit them at 30. Student debt followed them everywhere in between. Constant comparison through Instagram and TikTok did the rest. The result: one of the most burned-out generations in modern history. So priorities shifted. Walking, puzzles, slow hobbies, time offline - these aren't signs of failure. They're how a nervous system recovers from decades of damage. Success used to mean titles, status and 60-hour weeks. Now it means freedom, time and a mind that isn't on fire. Ambition didn't disappear - it redirected. Toward lives that don't require escaping every Friday night. The real flex isn't busyness. It's building something sustainable enough that you never need a vacation from your own life.
Tener recaídas en la salud mental te hace practicar salir adelante pero también te agota porque dale, otra vez tengo que sacarme de este pozo? Si ya sé que ya salí antes pero destruyó mis sueños, mis relaciones, mi cuerpo. No estaría mal quedarme afuera del pozo de una vez.
Una mañana, mientras sacaba a pasear a este gran corazón con patas, se detuvo de golpe al pie de un arbusto. Normalmente tira de la correa con entusiasmo para correr, olfatear, explorar. Pero esa vez se quedó quieto. La mirada fija, las orejas erguidas. Y luego, muy lentamente, se acercó.
Tres pequeñas bolitas temblaban bajo las hojas. Flacas. Sucias. Abandonadas.
Apenas tenían unas semanas de vida. Dos naranjitos y un atigrado, todos apretados entre sí, buscando sobrevivir a la noche. No había una madre. Nada. Solo ellos. Frágiles. Solos. En silencio.
Quise recogerlos, meterlos en una caja. Pero él, mi perro, ese gigante a menudo torpe, se tumbó en el suelo, con el hocico pegado a ellos. No gruñó. No se movió. Simplemente se acostó allí, como si supiera que lo único que necesitaban era calor, calma, protección.
Ese día, no tomé yo la decisión.
La tomó él, por mí.
Desde entonces, no se separan de él. Duermen junto a su cuerpo, se esconden entre sus patas, trepan por su espalda como si fuera una montaña suave y viva. Él no dice nada. Los cuida. Les deja morderle las orejas, jugar con su cola, dormirse sobre su pecho.
A veces lo observo. A él, el viejo, el rescatado de un pasado difícil. Ese perro que adopté cuando nadie más lo quería, cuando decían que era “demasiado grande”, “demasiado viejo”, “demasiado complicado”. Y ahora lo veo transformado, convertido en guardián, en punto de referencia, en un papá gigante para una pequeña camada que él mismo salvó.
No son sus cachorros. Ni siquiera son de su especie. Y, aun así, los ama como si fueran suyos. Como si en esos tres seres diminutos y perdidos, hubiera reconocido una parte de sí mismo.
Hoy son una familia.
Un rompecabezas viviente, extraño, improbable, pero perfecto. Un recordatorio de que el amor no tiene forma, ni raza, ni lógica. Solo necesita un corazón lo suficientemente grande para recibirlo.
Y el suyo… desborda.
@WeonTuPodis@ivancamargof Yo tiro con mí mazo, le saco una foto y le hago la pregunta. Interpreta la imagen de las cartas que salieron y es increíblemente acertado todo lo q tira