Tenes la tele de 100 pulgadas, con fibra óptica de 300 teraflops por segundo, 3 mil miyone de mega pixeles OLED, sonido 7.1 mega sorround y tu vecino de enfrente con una Grundig del 86' a tubo y una papa con un alambre de antena grita el gol 10 segundos antes que vos
Putabida 😅😅🤣🤣🤣🤣
Una infraestructura de hace más de una década, olvidada y desfinanciada, sin prensa ni planes de mejora alguna; y aún así te deja ver el partido con mejor calidad y 10 segundos adelantado a lo que te ofrecen los dueños del fútbol pagando 3 apps y 5 packs.
Gracias @tdaargentina.
Last week, Argentina’s President Milei announced a new legal category for non-human corporations – companies run by #AI agents or robots. Like traditional corporations, they would be granted legal personhood. This could generate enormous new wealth, but very worryingly, it would also hand AIs an all-purpose key that grants access to our financial, economic and political systems. Full op-ed in today's @FT: https://t.co/w6DzOwByiq
Creo, como casi siempre, que estamos demasiado alterados como para analizar con un mínimo de objetividad y visión positiva (la que permite encarar soluciones) la situación actual.
En todos los campos: desde la seguridad a la economía.
Un poquito de racionalidad nos vendría bien.
Hace 65 años atrás, en Argentina, se ponía en funcionamiento la primera computadora de Latinoamérica.
La primera programadora del país fue una mujer: Cecilia Berdichevsky, matemática formada en la UBA.
Fue un lunes en el Pabellón I de Ciudad Universitaria, segundo piso, en una sala que tuvieron que reformar para poder meter lo que llegó dentro de un cajón embarcado en Manchester siete meses antes: una máquina inglesa de dieciocho metros de largo, dos de altura, que consume sesenta y ocho kilowatts (la electricidad de varias casas juntas). Cuando termina un cálculo, toca los primeros acordes de "Oh My Darling, Clementine". De ahí el sobrenombre "Clementina".
Frente a la máquina, una mujer de 36 años que hace tiempo que viene trabada con un problema de física: una serie matemática que tiene que resolver a mano, con regla de cálculo, sumando término por término. Lo que en los papeles le lleva días, Clementina lo va a hacer en segundos. Pero ella todavía no lo sabe.
Todavía no existían los lenguajes de programación amigables, ni pantalla, ni teclado. Solo cinta de papel perforada.
Con la máquina llegó también una segunda inglesa: Cicely Popplewell, programadora, formada al lado de Alan Turing en Manchester. Ella es la que le enseña a Cecilia las instrucciones para meter el problema de física adentro de Clementina. Escribe el programa en menos de media hora y la máquina lo resuelve en un instante.
Días de cálculo a mano, respondidos en lo que tarda un parpadeo. Esa fue la primera vez que alguien en este país sintió lo que sentimos hoy con la IA: que la escala del trabajo intelectual cambia de golpe.
Para colmo, liberaron el uso de la máquina para todos: cualquiera que supiera, podía usarla. Una computadora pública, en una universidad pública, formando a la primera generación de programadores del país.
Hasta que el 29 de julio del 66, los milicos entraron al pabellón a los bastonazos. Sadosky se tuvo que exiliar y el Instituto de Cálculo se desarmó. Clementina siguió funcionando unos años más hasta que la dieron de baja en el 71.
Tardamos siete meses en armarla…y cinco años en romperla.
Si el gobierno le perdonó la deuda a Edesur y a Vila por "todo lo que perdieron cuando se pisaron las tarifas", eso significa que a los docentes universitarios les van a devolver los 9 meses adeudados en sueldo por el salario pisado con pérdida de un tercio?
Así se construye un país: tomando decisiones difíciles.
El juramento de Manuel Belgrano del 24 de mayo ante los revolucionarios reunidos en la casa de Rodriguez Peña.
Es increíble que por CUARTA VEZ tengamos que repetir los mismos argumentos de sentido común sobre la importancia de financiar a la Universidad Pública.