Nunca vi ni escuché un tipo que no sea uruguayo argumentando tan bien porque Uruguay tiene 4 estrellas y dejó callado a un argentino mismo. Y mira lo que le responde el otro al final jaja.
Mirar completo.
RESPETEN LA HISTORIA 🇺🇾.
🎙️ @EnriqueortegaS dejó una de las reflexiones más fuertes de Palabras Prohibidas al analizar las declaraciones de Graciela Bianchi y el rol de la oposición frente a las políticas públicas y la gestión del gobierno.
📺 Mirá este fragmento y sumate al debate. Encontrá el programa completo en el canal de YouTube de Caras y Caretas TV: https://t.co/lgiWtgbp1I
Fernando Pereira, presidente del Frente Amplio: “No se le pone impuesto a nada; se le quita una parte de la exoneración tributaria a autos eléctricos de alta gama. ¿Justifica que el Estado financie la compra de un Tesla o de un BMW eléctrico? No. Quien compra un auto de 100.000 dólares puede pagar ese 4%”.
🎙️@EPreve / @diegodelacurva
¿De verdad no se dan cuenta de que no importa la figura, no importa si el DT es defensivo u ofensivo, no importa la postura ni el esquema? Nuestro rendimiento deportivo siempre depende 100% del estado anímico, SIEMPRE. Y eso no es normal. No, gente, no es normal.
Uruguay tiene un drama con la salud mental. Un drama. Y lo del Mundial es un ejemplo más.
El mito de la “garra charrúa” no es otra cosa que esa inestabilidad emocional disfrazada de virtud: cuando el equipo se prende, parece que le puede ganar a cualquiera; pero cuando se frustra, se desordena, se borra y pierde con cualquiera; o directamente se desborda y te arranca a cagar a patadas.
Ese es justamente el problema: no sabemos competir desde la estabilidad, el criterio o la planificación. Dependemos siempre de estar allá arriba, de estar full motivados (estimulados) y de que todo venga bien. Cuando eso se rompe, se rompe todo. Y hay mil ejemplos de esto. Desde el partido de 2014 después de la sanción a Suárez hasta la vuelta del repechaje contra Jordania, por nombrar solo dos.
Porque no, la inestabilidad emocional (de la que mucho se habló esta semana con respecto a esta generación) no se reduce solo con ver a Valverde jugar al 40 % de lo que podría jugar o no cargando con las situaciones de juego pesadas, para no asumir riesgos.
Pegar por frustración, tirar el VAR a la mierda, morder o quebrarse a llorar a veinte minutos del final son respuestas distintas frente al mismo problema: no sabemos procesar que las cosas pueden salir mal. No sabemos mantener la cabeza fría cuando más se necesita. No sabemos qué hacer cuando el plan deja de funcionar. No tenemos plan B.
Pero acá los boluditos creen que pegar y morder es “poner huevo”, mientras que esconderse o llorar es “ser cagón”. Como si unas reacciones fueran fortaleza y las otras debilidad, cuando en realidad todas nacen del mismo desborde emocional.
Llevamos setenta años construyendo el mito de que todo se resuelve apretando los dientes, callándose, aguantando y poniendo huevo. La tristeza se esconde, la angustia se desprecia y la frustración se transforma en violencia (hacia otros o hacia nosotros mismos). Después miramos las cifras de salud mental del país y actuamos como si no tuvieran nada que ver con la cultura de mierda que alimentamos todos los días.
Porque sí, aunque les chupe un huevo esa huella no afecta solamente a si la pelotita entra o no entra, es más, ese probablemente sea el menor de los quilombos que cultiva.
En fin, salí del laburo, prendí la radio y me di cuenta que hay demasiado pelotudo con micrófono.
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.
Eso de “somos tres millones”, "esto es Uruguay " “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, "con el cuchillo entre los dientes" "hay que trancar con la cabeza" pueden ser una fuerza emocional enorme. Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.
Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.
Ahí apareció la resistencia.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Foto :AP news
Y SI EL PROBLEMA NUNCA FUE SOLAMENTE BIELSA?
Tres errores. Tres goles. Tres partidos…
A veces, en el fútbol, uno más uno no siempre da dos.
Uruguay quedó eliminado y, como siempre, comenzó la búsqueda del culpable.
La respuesta parece obvia. Marcelo Bielsa fracasó. Nunca entendió al futbolista uruguayo, sus métodos no funcionaron y llegó la hora de cambiar de entrenador.
Listo. Caso cerrado.
Sencillo… También incompleto.
Si , Bielsa tiene una parte importante de la responsabilidad. Se equivocó en decisiones, en manejos del grupo y en la forma de conducir un proceso que terminó desgastándose mucho antes de este Mundial.
Sin embargo, es imposible de ignorar que Uruguay recibió tres goles que nacieron de errores propios. Contra Arabia, contra Cabo Verde y hoy frente a España. Tres errores individuales que terminaron condicionando tres partidos. Es imposible saber qué habría pasado sin ellos, pero creo que, hoy estaríamos hablando de otra cosa.
Eso no exime a Bielsa, pero demuestra que la explicación no puede reducirse a una sola persona. En mi post "Yo me equivoqué con Bielsa" dije que el error no fue traer a Bielsa, sino que el error fue creer que el fútbol uruguayo, sus protagonistas y su status quo estaban preparados para un Bielsa.
Recuerdo al Bielsa que nos ilusionó:
Los primeros partidos. Uruguay siendo protagonista.
El de la Copa América 2024, cuando salió públicamente a defender a la selección y a sus futbolistas, esta vez mirando de frente y enérgicamente. Se peleó con medio mundo para respaldar a un grupo que, con el paso del tiempo, terminaría dándole la espalda.
Y a pesar de las críticas, de los desplantes, de las caras largas y de todo lo que fue ocurriendo puertas adentro, jamás escuché a Bielsa responsabilizar públicamente a un futbolista. Nunca lo vi señalar a un jugador para salvarse él. Equivocado o no, siempre asumió la responsabilidad en primera persona.
Ese Bielsa también existió.
Entonces… que pasó?
Bielsa vino a Uruguay con una idea mucho más ambiciosa que cambiar un sistema táctico. Intentó cambiar una cultura futbolística. Instalar otra intensidad de trabajo. Otra disciplina. Otra forma de entrenar. Y ahí empezó el verdadero conflicto.
Sobreestimó la velocidad con la que podía transformar esa cultura. Los jugadores cuestionaron sus métodos, el nivel de exigencia y algunas de sus decisiones. Creyó que podía encontrar fácilmente jugadores capaces de sostener esa revolución. No los encontró. Su fracaso no fue táctico. Fue cultural.
Chocó con esa uruguayez que antiguamente nos hizo grandes, pero que parece haber desarrollado una enorme resistencia a todo lo que venga a cuestionar lo establecido. Trajimos a un revolucionario, y terminamos pidiéndole que se adaptara al sistema que había venido a cambiar.
Pero sería un error decir que toda la responsabilidad es suya. El problema es bastante más profundo.
Los jugadores tienen gran parte de la responsabilidad.
El periodismo también, desde el principio ayudó a construir un clima de confrontación permanente alrededor de la selección.
Los dirigentes tampoco escapan al análisis. Administran una liga que hace años perdió competitividad, y es una de las peores de sudamerica. Mientras la AUF sigue atravesada por disputas de poder, intereses cruzados, representantes y operaciones que muchas veces ocupan más espacio que el propio fútbol.
Si, Bielsa se equivocó. Pero también el Uruguay se equivocó con Bielsa.
Trajimos a uno de los entrenadores más obsesivos, y exigentes para pedirle exactamente lo contrario de lo que es. Cuando intentó cambiar hábitos, aparecieron las resistencias. Cuando tomó decisiones incómodas, se quedó solo. Y cuando los resultados dejaron de acompañarlo, todo el sistema encontró un responsable perfecto.
Eso permite cerrar el ciclo.
Lo que no permite es resolver el problema.
Dentro de unos días Bielsa dejará de ser el entrenador de Uruguay. Y muchos sentirán alivio. Pero si lo único que cambia es el nombre del técnico, dentro de cuatro años volveremos a estar en el mismo lugar.
El verdadero desafío del fútbol uruguayo hoy, es decidir de una vez por todas, qué clase de fútbol quiere ser en el futuro.
Mientras tanto seguiremos explicando quiénes fuimos… Sin poder explicar claramente quiénes somos.
@TNTSportsAR Estoy de acuerdo con esta señora! Muy bien dicho! Hay mucho que limpiar y hay muchos egos que bajar en el equipo Uruguayo. El técnico manda y los periodistas tendrían que ayudar no empeorar las cosas. Antes de Bielsa nunca ganaba esta selección tampoco.
"MUY TRISTE Y DECEPCIONADA" 🇺🇾
La palabra de esta hincha uruguaya luego de la eliminación temprana en el Mundial a manos de España.
👉 Bancó a Marcelo Bielsa y responsabilizó a muchos de los emblemas de la actual seleccón.
#TNTSportsMundial
¿TRABAJO SEMI-ESCLAVO EN LA PESCA URUGUAYA?
✔️A pocos metros del puerto de Capurro hay barcos de bandera uruguaya donde, según el Centro de Maquinistas Navales del Uruguay, se trabaja en condiciones de semiesclavitud.
✔️Detrás de cada caso hay denuncias formales ante Migraciones, Trabajo, Prefectura, Defensa y Cancillería.
✔️ HOY 20 HORAS
https://t.co/OjThW7xdCT
Cavani luego del empate ante Cabo verde de Uruguay
"No podemos seguir conformándonos con empates contra selecciones que, sobre el papel, están varios escalones por debajo de Uruguay. Hay que decir las cosas como son. Con el respeto que merece Cabo Verde, este resultado es un fracaso para nosotros".
"A veces parece que algunos creen que con ponerse la camiseta de Uruguay alcanza. No alcanza. La historia no gana partidos. Hay que correr, meter y asumir responsabilidades cuando la pelota quema".
"Veo demasiada preocupación por las redes sociales, por las entrevistas y por quedar bien con todo el mundo. Cuando yo jugaba, lo único que importaba era ganar. Quizás suene duro, pero alguien tiene que decirlo".
"La selección siempre estuvo por encima de los nombres. Si alguien cree que tiene el puesto asegurado por lo que hizo en su club o por lo que hizo hace dos años, está equivocado. En los Mundiales juegan los que están mejor hoy".
—La gente tiene derecho a estar enojada. El hincha uruguayo hace sacrificios enormes para acompañar al equipo y espera mucho más que esto. Nosotros también deberíamos exigirnos mucho más.
¿POR QUÉ LOS POBRES VOTAN A LOS RICOS?
No es estupidez.
No es masoquismo colectivo.
Es hegemonía cultural (Gramsci): el poder que logra que su visión del mundo parezca la única posible.
Es violencia simbólica (Bourdieu): dominación que no necesita fuerza bruta porque el oprimido ya percibe el orden que lo aplasta como justo y natural.
Es aporofobia (Adela Cortina): el desprecio al pobre; incluso el desprecio que el propio pobre siente hacia sí mismo o hacia “los otros pobres” porque “no merece”, porque “algo habrá hecho mal”.
Por eso el trabajador precarizado idolatra al millonario.
Por eso votamos contra nuestros propios intereses y nuestra dignidad.
¿Cuántas de tus opiniones políticas son realmente tuyas…
y cuántas son la legitimación que el sistema necesita para que sigas eligiendo contra ti?
Mira este video de @candeliousfang y hazte la pregunta que realmente importa:
¿Estoy reproduciendo la hegemonía… o estoy empezando a romperla?
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#Gramsci #Bourdieu #AdelaCortina