Se quejan porque Mbappé metió dos goles en el partido por el tercer lugar.
Quítenle esos dos goles y, aun así, terminaría siendo el máximo goleador en la historia de los Mundiales. Porque, al menos, le quedan dos copas del mundo más por jugar.
Ahora hagan el mismo ejercicio con Messi: quítenle los penales dudosos de Qatar, las ayudas arbitrales de este Mundial, a Infantino, Negreira y Şenes Erzik… y te queda, más o menos, un Kun Agüero.