La gota que derramó el vaso no es el enojo, es el cansancio, porque cuando uno se cansa la mentalidad cambia, no avisas, no persigues, no ruegas, no esperas, no corres, no te interesa más, solo cierras el libro, apagas la luz, bajas el telón y punto final.
En realidad no quiero hablar de lo que me pasa. Prefiero llevarlo conmigo, a mi manera y en silencio. No todos entienden, y tampoco todos tienen que saberlo.