@mis2centavos@fantinofantino@ertenembaum No sólo le entró la balubi… quedó como un boludo porque se quiso hacer el pistola y mientras el boludeaba con Recondo y Ever Ludueña @ertenembaum le rompía los huevos al poder (Menem De la Rua Néstor Cristina Macri y asi) junto a Lanata y Zloto… quién sabrá d periodismo?
@mis2centavos@JMilei Me permito robárselo con gran entereza y mandarlo a un par de grupos… donde el caos y la ignorancia hacen mella en una generación… excelentes palabras y al 100 de acuerdo
Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina,
Lic. @JMilei:
Esta no es una crítica política. Es un registro de hechos y una advertencia sobre sus consecuencias.
Desde sus primeras apariciones públicas, usted recurre al agravio personal como herramienta política. Por eso no resulta novedoso que descalifique, insulte o ridiculice a quienes piensan distinto. Pero precisamente por eso, lo que hoy resulta inaceptable no es solo el hecho en sí, sino la persistencia deliberada en una conducta que deshonra, día a día, la función que usted juró ejercer.
La investidura presidencial no es un atributo ornamental. No es un premio ni un micrófono más potente para amplificar impulsos personales. Es una responsabilidad institucional que exige templanza, autocontrol y, sobre todo, conciencia del lugar que se ocupa. Usted no habla ya como un ciudadano más ni como un panelista de televisión: cada palabra suya —pronunciada en un discurso, vertida en una entrevista o publicada en redes sociales, no importa la hora— compromete al Estado que representa. Usted lo sabe. Y lo hace igual.
Cuando un Presidente insulta, no se rebaja únicamente a sí mismo: arrastra consigo a la institución. La arrastra, deliberadamente, hacia el barro de la confrontación más baja —con evidente satisfacción— hasta un punto en que la razón cede ante el exabrupto y el debate público deja de ser tal y se convierte en un chiquero. Y lo hace, además, desde una posición de poder asimétrica frente a ciudadanos que no tienen ni su exposición ni su capacidad de respuesta.
Ese modo de ejercer la palabra tiene consecuencias concretas sobre personas reales. Cuando usted señala, insulta o ridiculiza a un ciudadano común desde la investidura presidencial, no solo lo expone: lo convierte en blanco. Habilita y promueve una reacción en cadena de ataques, hostigamientos y agresiones por parte de quienes encuentran en su palabra una legitimación. Lo que para usted puede ser un exabrupto pasajero, para quien lo recibe suele traducirse en una avalancha de violencia que no eligió ni puede controlar. No es una hipótesis: ya ha ocurrido. Ciudadanos señalados por usted en redes sociales han recibido, en cuestión de horas, cientos de mensajes de odio, amenazas e insultos de sus seguidores. Y usted no detiene el proceso: lo observa, y a veces lo amplifica con una nueva publicación. Eso no es impericia. Es decisión.
Pero en su caso hay un agravante adicional. Usted no se limita a insultar: deshumaniza. Reduce a quienes disienten a "ratas", "cucarachas", "parásitos", "degenerados fiscales" o simplemente "zurdos de mierda" —un vocabulario de exterminio simbólico, no de debate político. Y sobre esa degradación, añade un repertorio insistente de groserías de pésimo gusto y vulgaridades que apelan a la humillación —muchas veces de carácter sexual— como forma de celebración política. No es un desliz. Es un lenguaje elegido, repetido, cultivado y celebrado ante las cámaras con una sonrisa.
Ese lenguaje no es inocuo, y usted, que se precia de conocer la historia, debería saberlo mejor que nadie. Todas las sociedades que normalizaron la deshumanización del adversario creyeron, en su momento, que se trataba solo de palabras. Ninguna pudo después deshacer lo que esas palabras construyeron. Usted está construyendo ahora.
Y si esto es grave cuando se dirige a cualquier ciudadano, lo es aún más cuando apunta contra el periodismo. Su reiterada declaración de que "no odiamos lo suficiente a los periodistas" —pronunciada con la familiaridad de quien repite un chiste conocido— no es una provocación inocente ni una hipérbole retórica. Es la formulación explícita de un clima de hostilidad hacia una actividad esencial para la vida democrática. No solo deslegitima la tarea periodística: invita a intensificar el rechazo, el desprecio y, potencialmente, la agresión hacia quienes la ejercen.
En ese contexto, cada señalamiento suyo contra un periodista no es un hecho aislado: es un acto que amplifica riesgos reales. Quienes reciben ese mensaje no lo interpretan como una metáfora sofisticada, sino como una habilitación. Y esa habilitación se traduce, con demasiada frecuencia, en campañas de hostigamiento, amenazas y violencia que exceden por completo cualquier marco aceptable de debate público.
A todo esto se suma un fenómeno igualmente preocupante: la claque que lo celebra. Un coro de aplaudidores que replica, amplifica y legitima cada exceso, muchas veces desde posiciones sostenidas con recursos del Estado. No solo no hay freno: hay estímulo. No solo no hay corrección: hay recompensa. Así, lo que debería ser motivo de rectificación se convierte en espectáculo y en método de gobierno. El insulto presidencial tiene estructura, organización y presupuesto. Es política de Estado.
No se trata aquí de formas superficiales ni de modales aristocráticos. Se trata de algo mucho más profundo: del respeto mínimo que exige la convivencia democrática. El disenso no solo es legítimo: es indispensable. Pero cuando desde la cúspide del poder se lo responde con insultos, deshumanización y groserías, se envía un mensaje claro y peligroso: que la diferencia es un agravio, que el otro es un enemigo, que la agresión puede reemplazar a la palabra.
La tradición republicana argentina —con todas sus fragilidades— ha sabido distinguir entre la aspereza del debate político y la degradación deliberada del adversario. Usted elige, conscientemente, borrar esa distinción. No por ignorancia: por conveniencia.
Quienes confunden poder con licencia para el agravio pagan un precio inevitable. No se recuerda con indulgencia a quienes, pudiendo elevar el debate, eligieron rebajarlo, ni a quienes optaron por degradar la institución que encarnaban. Pero el juicio es especialmente cruel con quienes gobernaron en el momento en que su país más los necesitaba y eligieron, en cambio, alimentar sus propios rencores.
Usted podrá invocar autenticidad, espontaneidad o incluso convicción. Ninguna de esas razones justifica lo que hace. Gobernar no es desahogarse. Liderar no es humillar. Y representar a una Nación es, antes que nada, estar a la altura de ella.
No lo está.
La historia registrará que usted tuvo la oportunidad de gobernar la Argentina en un momento crítico. Registrará también cómo decidió usarla.
Atentamente.
Javier Smaldone
(@mis2centavos)
RESPECTO A LA REFORMA LABORAL:
No se generará trabajo, al contrario
No se protege al trabajador, al contrario.
No se democratizan los sindicatos, al contrario.
No se cuida al jubilado, al contrario.
No se piensa en la pyme, al contrario.
Una cosa sí está asegurada con esta reforma: las riquezas continuarán y crecerán en las pocas manos que hoy celebran, puño apretado, cómo la Argentina profundiza su desigualdad.
El sistema de transporte de la ciudad es un tobogán sin fin.
A los colectivos incendiados, rotos y/o accidentados, se sumo la escandalosa subasta de 40 unidades a precio muy bajo, la precarizacion del sistema sin licitación a la vista y el vaciamiento sistematico del sistema de trolebuses.
HASTA DONDE NOS QUIERE LLEVAR EL PERONISMO!
La Municipalidad de Córdoba es una gran inmobiliaria. Existen alquileres de inmuebles con cifras millonarias en cada rincón de la ciudad.
La Córdoba de Passerini y Llaryora está saliendo a la luz.
@hernanrossiucr Che… lo de gordo (más allá que lo de ñoqui tb) está más! Está mucho más flaco! Jajajaja! Gordo eran los de ante!!! Ya no saben donde pegar estos pibes… abrazo Hernan
A todo esto… paso el finde… y los cordobeses seguimos esperando que @MartinLlaryora nos explique porque pasa lo q pasa con la @PoliciaCbaOf … como dijo @rodrigodeloredo se ofende por un video de IA pero explicar q pasa… nunca…
Lo que no entienden es que existe división de poderes! los jueces no se votan (ni deben votarse) porque no es compatible con el voto o la aclamación popular! La democracia es también la división de poderes! Democracia también es republicanismo! Si existió corrupción… q se juzgue
Perón me ama, Eva me ama, Cristina y Néstor me aman, Javier Milei me ama.
El parecido es innegable.
Recuerdo los esfuerzos que hicimos muchos educadores para detener el impulso fascistoide del kirchnerismo, cuando se lanzaron con Paka Paka y toda la propuesta de adoctrinamiento sobre los niños y adolescentes argentinos.
Ahora, además, agregan en esta farsa un ataque frontal a la universidad. Qué vergüenza, qué patético, qué triste.
Lamento que varios actores públicos que pusieron el grito en el cielo en aquel tiempo, hoy guardan un obediente y cobarde silencio. Y viceversa. Ellos, como el gobierno, no pueden mirar de frente a la juventud argentina, que se merece mucho más que esto.
https://t.co/ZkCy7LzyfZ a través de @lanacion
¿Ordenar las cuentas del Estado es importante? Sí, pero eso nos lleva a que debamos establecer cuáles son nuestras prioridades.
Tenemos que tratar y aprobar en forma urgente la Ley de financiamiento universitario.