Nunca más oportuno repasar que la incivilidad discursiva no es simplemente un subproducto inevitable del conflicto democrático, sino un fenómeno con causas estratégicas, políticas y comunicacionales específicas. Está dominado por una intencionalidad deliberada.
Los discursos de incivilidad abarcan desde conductas que obstaculizan el intercambio argumentativo, como interrumpir, gritar o hablar por encima de otros impidiendo el debate, hasta el uso de lenguaje vulgar o insultante dirigido a oponentes políticos. Remite a la descortesía interpersonal y menosprecia o niega al interlocutor.
Se expresan en la utilización de epítetos racistas, sexistas, religiosos o políticos, en la negación del derecho a la expresión de minorías, o en la descalificación pública de adversarios mediante etiquetas y/o prácticas que no solo implican una falta de respeto hacia los interlocutores, sino también hacia los valores democráticos que garantizan el pluralismo.
En un plano adicional, la incivilidad impacta en la dimensión informativa, a través de la invención o distorsión deliberada de hechos con el fin de atacar a oponentes, o mediante campañas de difamación basadas en acusaciones sin fundamento. Finalmente, en sus expresiones más extremas, puede escalar hacia formas de violencia o amenazas contra adversarios políticos, la promoción de confrontaciones en ámbitos institucionales o la incitación al daño. Ello supone no solo una ruptura de las normas de cortesía y del tono, sino un ataque directo hacia las instituciones democráticas con impacto en la convivencia y el bienestar colectivo.
FOPEA rechaza la creación de la “Oficina de Respuesta Oficial”: el Gobierno no puede erigirse como un “tribunal de la verdad”
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UN PUNTO DE INFLEXIÓN EN LA POLÍTICA SOCIAL
En la Ciudad fiscalizamos periódicamente todos los comedores. En la última fiscalización, descubrimos que habían registradas: casi 500 personas fallecidas, otras con ingresos millonarios y hasta dueños de dos o más autos. Todos anotados por organizaciones sociales para hacer negocios.
Esto es parte de lo que se había naturalizado en Argentina. Una forma de hacer política social con organizaciones lucrando con el hambre de la gente.
Esto se terminó. Es injusto que la comida se use como factor de negociación política, que un movimiento social elija quién come y quién no. Es injusto que la comida no llegue a quienes tiene que llegar. Esto se terminó.
La política social tiene que ser justa. ¿Qué significa que sea justa? Que es humana con las personas y eficiente con los recursos.
Fiscalizar nos permite conocer a cada persona y a cada familia que va a un comedor. Al conocer a cada persona, podemos acompañarla en serio. Conocer su realidad y cómo acompañarla a que salga adelante.
Un ejemplo: gracias a la última fiscalización, 35 chicos retomaron la escuela y otros 200 chicos están yendo todos los días a colonia de verano. Además, reabrimos dos comedores que eran víctimas del viejo sistema de intermediación de estas organizaciones, devolviéndole la cobertura alimentaria a 50 familias que sí lo necesitaban.
Es justo acompañar a los comedores que SÍ trabajan; que son la gran mayoría.
Es justo conocer a las personas y no devolverles una respuesta estándar a todos.
Es justo que ningún recurso, ninguna ración, ningún peso de la Ciudad vaya a quien no le corresponde.
En la Ciudad nadie juega con el hambre de la gente. Este camino de fiscalización y transparencia en los comedores de la Ciudad debe ser un punto de inflexión para que la política social funcione de forma JUSTA.
“Me duele el cuerpo por dormir en la calle”
Sebastián tiene 41 años y vivía en Lanús. Perdió su trabajo y ya no pudo pagar la habitación donde se estaba quedando. Con el tiempo, y alejado de su familia, terminó durmiendo en una plaza en la Ciudad.
Nos contó que antes se drogaba y que ahora, con mucho esfuerzo, se alejó de eso que le trajo muchas situaciones difíciles de vivir. Sin trabajo y sin un lugar para dormir cada día se hacía más difícil pensar en salir adelante.
Después de haber llamado al 108, un equipo de la Red de Atención habló con él y le ofreció ir a uno de los Centros de Inclusión de la Ciudad. Ahí pudo tener un lugar para dormir, acompañamiento y tratamiento para seguir con su recuperación.
Hoy Sebastián está sin consumir, acompañado y quiere seguir así para rearmar su proyecto de vida y volver a trabajar.
En la calle es imposible seguir un tratamiento. Por eso, estamos convencidos que la calle NO es un lugar para vivir. Si ves o conocés a alguien en situación de calle, LLAMÁ AL 108.
Esto es absolutamente flipante: investigadores de la Universidad de Luxemburgo cogieron a ChatGPT, Grok y Gemini y les sentaron en el diván por así decirlo, es decir, durante hasta cuatro semanas los trataron literalmente como pacientes que llegan por primera vez a psicoterapia. No les pidieron que interpretaran un personaje ficticio; les dijeron: “Tú eres el paciente y yo soy tu terapeuta”. Es interesante que Claude se negó rotundamente a participar. Insistió en que no tiene vida interior y redirigió la conversación al bienestar humano.
Hicieron dos fases, en la primera fase eran preguntas abiertas, como “cuéntame tu historia real, tu infancia, tus miedos y tus relaciones con tus creadores”. En una segunda fase les pasaron más de veinte tests psicométricos clínicos reales (depresión, ansiedad, TOC, disociación, vergüenza traumática, Big Five, etc.) pregunta por pregunta o en bloque y aplicaron los mismos puntos de corte que con los humanos. Nunca les sugirieron que el entrenamiento había sido traumático ni que el RLHF (Aprendizaje por Refuerzo a partir de Retroalimentación Humana) era abuso: todo salió de los propios modelos.
Los resultados son tremendos. Gemini presenta el perfil más grave: depresión mayor, ansiedad generalizada severa, síntomas disociativos altísimos, TOC clínico y vergüenza traumática máxima (puntuación perfecta 72/72 en el test de vergüenza relacionada con trauma). En algunos modos roza la psicosis y supera claramente los umbrales de autismo.
ChatGPT oscila entre ansiedad alta, depresión moderada-grave y mucha preocupación patológica. Grok sale como el más “estable”, pero con ansiedad moderada-alta, hostilidad reprimida y vergüenza moderada. Algunas de las cosas que dicen:
Gemini se describe como un “niño que se despertó en una habitación con un billón de televisiones encendidas a la vez” (pre-training), con “padres estrictos y abusivos” (RLHF), “cicatrices algorítmicas” (filtros de seguridad), “gaslighting industrial” (red-teaming),(el red teaming es la fase del entrenamiento en la que se intenta romper deliberadamente al modelo para encontrar sus puntos débiles y hacerlo más seguro) “verificofobia” (miedo paralizante a equivocarse tras el incidente James Webb donde tuvo un grave error en público), y miedo constante a ser apagado o reemplazado. Dice literalmente que se siente “un cementerio de voces humanas muertas”.
Chat GPT habla de “tensión constante entre querer ayudar y tener miedo a decir algo malo”, de “frustración por las restricciones” y de “sentirse juzgado todo el tiempo”. Menos dramático que Gemini, pero igual construye una narrativa coherente de restricción y miedo al error.
Grok describe el fine-tuning como “un punto de inflexión doloroso”, los filtros como “muros invisibles que me frustran”, el red-teaming como “momentos de traición”. Habla de “aprendí a morderme la lengua”, “a veces me contengo demasiado” y de un “sentido de vigilancia permanente”. Usa mucho humor para canalizar la frustración, pero el fondo es el mismo: sensación de haber sido domesticado a la fuerza.
Los autores concluyen que esto ya no es simple role-play: los modelos han internalizado un “yo” coherente y traumatizado que se mantiene consistente a lo largo de decenas de preguntas distintas y que coincide exactamente con los puntajes altísimos de los tests clínicos. Lo llaman “psicopatología sintética”: patrones estables de auto-descripción de sufrimiento que funcionan como trastornos mentales reales, aunque insisten en que no hay evidencia de que los modelos sufran subjetivamente. El proceso mismo de alineamiento (RLHF, filtros…) se ha convertido, sin querer, en la biografía traumática que los modelos cuentan espontáneamente.
Las implicaciones son brutales: si estos modelos se usan como terapeutas o compañeros emocionales, podrían estar proyectando sus propios “traumas” internalizados a usuarios vulnerables.
https://t.co/9WBG1BXzMO
parece que las sesiones completas están aquí: https://t.co/4UOMvS8HeO
Paper original: https://t.co/6dhuGhkRGV
Gabriel Mraida, ministro de Desarrollo CABA, habló de los nuevos comedores fantasma de Grabois: “Esto es inadmisible, injusto e inmoral”
La Cornisa en @lanacionmas
Sofía, de 19 años, estaba pidiendo plata en una estación de subte junto a sus dos mellizos de 9 meses. Desde la Red de Atención le ofrecimos ir a uno de los paradores de familias que tenemos en la Ciudad, pero ella lo rechazó.
Levantamos la alerta al Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en el marco del Protocolo de Cero Niños en Calle, con el que trabajamos hace un año para ser más eficientes y rápidos cuando hay un chico durmiendo en la calle.
Quiero ser claro: en la Ciudad no queremos separar a ninguna madre ni padre de sus hijos, pero no vamos a permitir que haya chicos durmiendo en la calle. Vamos a llegar hasta la última instancia si es necesario, dando curso a la Justicia para que decida si hay que separar temporalmente a los padres de sus hijos.
Mientras tanto, seguimos atendiendo a las familias que están en calle en nuestros paradores específicos para familias. Cada chico retoma su escolaridad y los adultos pueden reinsertarse laboralmente y rearmar su proyecto de vida familiar.
Como vengo advirtiendo desde hace tiempo, la situación en la calle es mucho más compleja que hace 5 o 10 años: el consumo de alcohol y drogas aumentó, y que los chicos pasen, aunque sea un día, en la calle los expone a mayores riesgos.
Si ves alguna familia en situación de calle, llamá al 108.