" LA SOCIEDAD NOS HA ENSEÑADO QUE EL DUELO ES EXCLUSIVO DE LA MUERTE FÍSICA.
Si no hay un ataúd, un funeral y flores, parece que no tienes derecho a llorar.
A esto, en psicología y tanatología, le llamamos duelo desautorizado.
Es ese dolor silencioso que atraviesas cuando pierdes algo que sostenía tu mundo, pero tu entorno te exige que "le eches ganas" porque al fin y al cabo "nadie se murió".
Pero tu biología no funciona así.
Para tu sistema nervioso y tu cerebro primitivo, la pérdida de una identidad, de una relación o de una expectativa de vida detona exactamente la misma cascada de estrés, desregulación y dolor físico que una muerte.
Cuando atraviesas un duelo sin funeral, tu cuerpo resiente:
La falta de rituales:
Los funerales existen para darle a nuestro cerebro un cierre simbólico.
Cuando pierdes una amistad, tu salud o una versión de ti misma, no hay un punto final claro, lo que deja a tu sistema nervioso en un estado de hipervigilancia prolongada.
El aislamiento del dolor:
Llorar a alguien que sigue vivo, o llorar por un futuro que nunca llegó, es un proceso inmensamente solitario.
La gente suele minimizarlo con frases de positivismo tóxico como
"por algo pasan las cosas"
o "ya vendrá algo mejor".
El gasto metabólico:
Tu cerebro tiene que reescribir toda su realidad y sus mapas mentales.
Ese proceso consume muchísima energía, dejándote con agotamiento crónico, niebla mental y dolor físico.
Respira profundo.
Si hoy estás atravesando una pérdida invisible para el mundo, quiero validarte.
Tu dolor es real, tu cansancio tiene sentido y tienes absoluto derecho a vivir tu duelo, aunque nadie te haya dado el pésame."
Psic. Cinthya Gonzalez
En ocasiones, no estás llorando porque todo se acabó, sino por todos esos planes que nunca pudieron realizar.
No lloras por esa persona, sino por todo el Amor que aquel día murió. Lloras por ese “te quiero chaparrita" que nunca más pudiste decirle.