Hoy en Domínico me puse a hablar con una vendedora de choris que le dio trabajo a un señor en situación de calle: un baño improvisado en un iglú con la única condición de que lo mantenga impecable. Mientras charlábamos apareció una mujer con su esposo. Era la maestra de la vendedora de choris en una escuela de Lugano hace 35 años. "Yo tenía 15 y estaba embarazada y ella armó un jardín de infantes para que yo no deje la escuela", me contó. Argentina siempre te da una esperanza más.