Hace danzar una moneda entre sus falanges. Al cruzar la palma de su mano, el oro desaparece por completo y una suave sonrisa asoma en su faz; ha funcionado.
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+ que ibas a robar... ¡Menos mal que no es así! No hay que juzgar a alguien por sus pintas. Te ayudaré en lo que te haga falta. Llámame Elara. ⠀⠀
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forma de abandonarlo, llevaré aquí dos días mínimo.
Perder la noción del tiempo parecía otra de las cualidades del responsable, seguramente para debilitar a sus presas.
— Si quieres salir. . .vas a tener que ayudarme. ¡Eso o puedes sentarte a esperar que acabe mi trabajo!
— Es como debe ser.
Sus dos ojos se desvían hacia las sombras, ubicadas a un costado de ambos. La vista parece perderse en la oscuridad por unos segundos, antes de volver a Elara.
— Me encantaría saber cómo has llegado hasta aquí. . .pero la respuesta me la puedo imaginar.
/+
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Elara, una vez más, se había perdido en las profundidades del bosque. No se le daba demasiado bien orientarse y, para ser sincera, ni siquiera un mapa parecía servirle de mucha ayuda cuando se adentraba demasiado entre aquellos árboles.
Aquel lugar le +⠀⠀
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El tono, hastiado, acompaña el suspiro que completa su oración. Es curioso cómo mantiene la calma y su presunta superioridad, aún cuando su mirada parece alerta.
— El bosque está maldito por un demonio; de los gordos, por si fuera poco. Atrae a los curiosos y luego no hay /+
Al contrario de lo que pudiera parecer, las piezas que cuelgan de su ropa no son mera decoración; son herramientas, símbolos útiles para su brujería.
Hombros relajados, una cautivadora sonrisa en su faz, que contrastaba con la determinación que reflejaba su mirada.
Parecía /+
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Brianna se encontraba ocupada con sus propios quehaceres. De hecho, avanzaba tranquilamente mientras leía, completamente absorta en las páginas de aquel libro, hasta que una energía impropia y familiar hizo que alzara la mirada, clavando sus ojos en el +⠀⠀
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tener completo control de la situación o una excesiva seguridad en su propia persona.
— Cualquiera diría que la fortuna me sonríe con frecuencia, pero la verdad es que soy un tramposo que inclina siempre la balanza a su favor. —de sus bolsillos saca una moneda que hace danzar /+
ningún momento. No hay mención a su cuestión, parece ignorar deliberadamente al pequeño grupo que se ha dispersado por la taberna.
Tiene un ojo sobre ellos, solo que, no satisfacerá la peligrosa curiosidad adversa hasta que ella solvente la suya.
Pulgar acaricia, con un cuidado medido al detalle, el cuello de su copa. Las emociones contenidas en el cristal se filtran a través de su guante, hablándole indiscretamente de la soledad en la que parece encontrarse la felina.
— Una gata que todavía no ha tenido la decencia /+
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A Briar le gustaba arriesgarse.
Disfrutaba relacionándose con los demás, descubriendo lugares nuevos y metiéndose en situaciones que quizá una persona más prudente habría evitado. Era demasiado curiosa, algo que, lejos de considerar un defecto, siempre había +⠀⠀
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de presentarse debidamente. —carente de vergüenza, devuelve la copa al punto neutral entre ambos— El alcohol no ahoga los sentimientos, solo los embadurna para que una cerilla despreocupada los encienda.
Ambas cejas se alzan, cómplices, sin llegar a perder la sonrisa en /+
por entregarte, solo cazo espíritus y demonios. —sus hombros se encogen con aparente desinterés— Me conocen como Snow. ¿Estás buscando un sitio para pasar desapercibida?
Incluso el corto silbido, inmediato, conserva el tono socarrón.
— "Caballero". El título le queda grande a alguien de mi calaña.
Índice y anular, repiquetean en un gesto nervioso, la vara que descansa sobre su hombro.
— Aunque seguramente entreguen una cuantiosa suma /+
la soledad parece ser algo imposible en estos días para ella. volteo una vez escucho la voz adversa, manteniendo su porte sereno... que si bien esta alerta no quiere que la note nerviosa.
— desde hace tiempo, caballero. — asintió. — ¿acaso vino a encerrarlo de nuevo? — ( cont.)