No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
Creciste sobrepreparada.
Vas por la vida con planes B para tus planes B.
Revisas puertas, mensajes, emociones... todo.
Cargas con el peso de "Yo me encargo" incluso cuando te estás derrumbando por dentro.
La gente te llama “independiente”, pero no ven la versión de ti que secretamente quiere derrumbarse en los brazos de alguien, y que esta vez sí que la atrapen.