Nos están salvando nuestros hermanos: gracias a El Salvador, gracias a Colombia, gracias a Perú. Tres banderas que han sido vistas en casi todos los rescates estas últimas 24 horas
Cuánta dulzura y generosidad las de este miembro del los Topos mexicanos. Toda esa calma y compasión que transmite. El español que habla es precioso.
¡Gracias!
Los venezolanos con salarios de hambre, abarrotaron supermercados y farmacias para poder comprar algo para donar a tantas personas que hoy lo necesitan. Esa es la Venezuela que sigue de pie 🇻🇪
Hoy se recuerda la importancia de que los hospitales estén en condiciones, hoy se recuerda lo importante de que la policía, bomberos y otros cuerpos de asistencia estén bien entrenados y equipados. Hoy se recuerda lo vital que es una ambulancia, un helicóptero de emergencia, protocolos, y simulacros. Hoy se recuerda lo importante que es el mantenimiento de la infraestructura en general y lo vital que puede ser la información, el acceso libre y la prensa. Hoy se recuerda lo que nos negaron intencionalmente, hoy se recuerda porque va a ser determinante en este terrible momento que afronta Venezuela.
Se reúnen 30 estudiantes a protestar en una avenida y en media hora ya tienen desplegado 500 efectivos policiales, 1000 soldados del ejército y 10 tanquetas.
Ocurre este desastre catastrófico, y 16 horas después aún no veo el primer vídeo de militares desplegados ayudando.
A veces se nos olvida lo que significa sentir una alegría colectiva. Para un país como Venezuela, que en los últimos 26 años ha vivido momentos tan difíciles, no ha sido fácil encontrarnos todos en una misma emoción. Hemos estado demasiado tiempo divididos, preocupados, tratando de entender un país que muchas veces ha dolido.
Por eso momentos como este tienen un valor especial.
El deporte, la música o los logros de algunos venezolanos tienen esa capacidad de recordarnos algo muy simple: que, más allá de cualquier diferencia, seguimos siendo el mismo país. Que todavía existen cosas que nos unen.
Lo que está pasando ahora con el béisbol es uno de esos momentos. Ver a Venezuela llegar por primera vez a la final del Clásico Mundial no es solo un logro deportivo. Es también una pausa en medio de tantas noticias difíciles para recordar de qué estamos hechos los venezolanos. Un país que ama el béisbol, que ha llevado a cientos de peloteros a las Grandes Ligas y que creció escuchando historias de estadios, de ligas infantiles, de ídolos que salieron de barrios y pueblos.
Pero más allá de las estadísticas, lo que realmente emociona es ver a los venezolanos celebrar juntos otra vez.
Después de tantos años de tristeza colectiva, ver una alegría colectiva también es importante. Nos recuerda que todavía podemos compartir algo que nos haga sentir orgullo, algo que nos haga mirar al país con esperanza.
Ojalá esta alegría se repita muchas veces más. Ojalá se vuelva costumbre.
Porque de tristeza ya hemos tenido suficiente. Y Venezuela también merece momentos como este.