this is INSANELY insensitive wtf??? you can’t go a few hours without inhaling your cancer sticks for the sake of someone else’s health?? he even went out of his way to get it as part of his LEGAL CONTRACT, CLEARLY ITS IMPORTANT. absolutely disgusting. selfish.
Reconozco que el concepto "presentar en sociedad a mi hermana como si fuera un nuevo iPhone para hacerla famosa en minutos y que no tenga que pegar un palo al agua en su vida" ha superado mis estándares distópicos incluso siendo consciente de que vivo en pleno capitalismo tardío.
Esta familia de enfermos tienen la cabeza tan frita por las redes sociales que para presentar a su hermana al mundo le ponen una capucha y hacen face reveal en un estadio lleno como si a alguien le importase.
Es loquisimo.
Pedro Porro marcó el gol que metió a España en la final del Mundial. Luego lloró recordando a su abuelo Antonio, que dormía en el coche para que él pudiera seguir entrenando.
Porro nació en Don Benito, Badajoz, una ciudad de poco más de treinta mil personas en Extremadura. Sus padres trabajaban jornadas largas y quien asumió gran parte de su crianza fueron sus abuelos maternos, Antonio y Manola. Cuando Pedro empezó a destacar en las categorías inferiores y le llegó la oportunidad de incorporarse a la cantera del Rayo Vallecano en Madrid siendo adolescente, la familia tuvo que tomar decisiones que el dinero no facilitaba.
El abuelo Antonio lo llevaba a los entrenamientos en coche desde Badajoz. Son más de trescientos kilómetros. En lugar de pagar hotel, Antonio esperaba en el aparcamiento durmiendo dentro del vehículo hasta que terminaba la sesión. Luego volvían a casa. Así, durante meses. El nieto entrenaba. El abuelo dormía en el coche.
Porro ha contado esta historia en varias entrevistas emocionándose de la misma manera cada vez que la menciona, porque no es una anécdota de superación que ha digerido ya. Sigue pesándole lo que costó. "Sin mi familia no soy nada", dijo después del partido contra Francia. "Todo lo que tengo se lo debo a ellos."
El lateral derecho que asistió a Ferran Torres para el gol de la final, el jugador elegido mejor del partido de semifinales, el hombre que ha hecho del carril derecho de España uno de los mejores del mundo, empezó su carrera durmiendo de aparcamiento en aparcamiento con un abuelo que nunca le preguntó si merecía la pena.
Los abuelos rara vez preguntan eso.
Eurocopa en 2008.
Mundial en 2010.
Eurocopa en 2012.
Eurocopa en 2024.
JJOO en 2024.
Mundial en 2026.
2 Mundiales, 3 Eurocopas y 1 Oro Olímpico en solamente 18 años.
Esto hay selecciones grandes que no lo van a conseguir en 200 años.
Y España lo ha conseguido sólo en este Siglo.
Qué absoluta barbaridad.
Creo que no somos conscientes de lo que estamos viviendo con esta Selección.
En octubre de 2011, Luis de la Fuente fue despedido del Deportivo Alavés después de nueve jornadas. Las llamadas dejaron de llegar. Pasó dieciocho meses sin trabajo.
Siguió yendo al mismo bar a desayunar. Siguió leyendo el periódico. Un día de 2013 encontró un anuncio pequeño en las páginas de deportes: la Real Federación Española de Fútbol buscaba entrenador para sus categorías inferiores. Llamó a Iñaki Sáez, antiguo seleccionador, que lo conocía. Mandó el currículum. Esperó.
La Federación le ofreció el puesto. El contrato duraba tres meses. La misión: clasificar a la sub-19 para el Europeo de Lituania. Sin garantías más allá de eso. De la Fuente firmó el 1 de mayo de 2013.
Lo que vino después fue un trabajo invisible. Campos juveniles, contratos cortos, categorías que nadie sigue. En 2015 ganó el Europeo sub-19 con un equipo que incluía a Rodri, Mikel Merino y Unai Simón. Luego la sub-21. Luego la absoluta. El 19 de julio de 2026, en el MetLife Stadium de Nueva York, levantó la Copa del Mundo.
Trece años después del anuncio en el periódico.
La carrera de De la Fuente no tiene la narrativa habitual del crack que triunfa: no dirigió al Madrid ni al Barça, no pasó por ningún gigante europeo, no tuvo un momento de revelación brillante que el mundo aplaudiera. Tuvo dieciocho meses sin llamadas, un anuncio pequeño, un contrato de tres meses y la decisión de presentarse.