La vida, en su manera silenciosa y repentina, me ha enseñado que todo puede cambiar de la noche a la mañana. Y aunque a veces duela o desconcierte, también es su forma de susurrarnos que lo único cierto es el ahora. Por eso hoy abrazo lo que tengo, sin aferrarme a lo que imaginé
De chiquita decía: ‘Quiero a alguien que me trate tan bonito como mi papá.’
Y si algún día llegaba, sabría que era amor del bueno…
Y creo que lo encontré. Lo elegí bien.
Con su voz suave, pero su alma fuerte, me dejó esta lección:
‘No digas que tienes frío, aunque te cobije el hielo.’
Y desde entonces, aprendí a resistir.
Pero a veces toca soltar, dejar ir con cariño, porque la vida siempre encuentra la forma de sorprenderte: llega alguien que te da el amor que alguna vez buscaste… pero sin buscarlo.