Mi rincón favorito es: mi casa, recién bañada, en pijama, en paz, mi familia completa, sin dramas ajenos y con mi energía tranquila. Ahí es donde realmente soy yo.
Cada día le pido a Dios sabiduría, que me permita ser una mujer paciente, edificadora, amorosa, feliz, llena de empatía y especialmente sentirme amada por él para discernir mi propósito de vida.