Cuando te das cuenta de que todo está carísimo y, aun así, Dios no ha permitido que te falte el alimento, un techo donde vivir ni que tus manos queden vacías.
Mis papás te van a querer mucho, te van a invitar a todos lados, a reuniones familiares y siempre pensarán en ti a la hora de comprar cosas, y te mandarán comida si saben que te gusta, pero si me lastimas no te volverán ni a saludar.