Al hilo de una reflexión sobre "Dignitas Infinita", ayer comentábamos en un grupo que quien pierde la dignidad no es quien es insultado, sino quien insulta. No es la víctima, sino el victimario. Aquí en las redes creo que es evidente. Elevemos el nivel. Y la dignidad.
Si Dios ha querido entrar en la historia, la oración está tejida de recuerdos. Mira tu historia cuando ores y en ella encontrarás tanta misericordia. Al mismo tiempo esto alimentará tu conciencia de que el Señor te tiene en su memoria y nunca te olvida. G&E 153
CON TODO RESPETO...
Ha habido una enorme polémica estos últimos días por las declaraciones del Papa Francisco a propósito de la posible admisión o no admisión de hombres homosexuales en los seminarios. La discusión viene de atrás, y tiene que ver con la definición de lo que se entiende por “tendencias homosexuales sólidamente arraigadas”, de un documento de 2005.
Es verdad que la polémica actual tiene que ver con el uso de un término claramente despectivo “Hay mucho mariconeo en los seminarios”, parece que dijo Francisco en una audiencia con la Conferencia Episcopal italiana. Si lo dijo por no entender bien el italiano, o lo dijo porque en privado entendió que no tenía trascendencia, eso ya queda abierto a la interpretación. Mal dicho en cualquier caso. Pero lo cierto es que por ese comentario se ha disculpado.
Lo fácil es que se exacerben los ánimos. Habrá quien reniegue de esta Iglesia. Hay también quienes se regodean y multiplican ahora los comentarios homófobos, creyéndose legitimados por el mismo Papa (no hay más que darse una vuelta por las redes para ver el tono casposo de algunos “buenos católicos”, entusiasmados por el episodio). Y hay mucha gente confundida y extrañada por ese tono en este momento.
Como siempre, lo mejor es pensar en frío.
Primero, tratar de ver de lo que habla el Papa. Si alude a ciertas dinámicas en algunos seminarios, habría que ver cuáles son. Si son conductas impropias, actitudes de lobbies, relaciones inadecuadas y ciertamente faltas al celibato, bien está que se pongan medidas para atajarlo (aunque, digámoslo todo, lo mismo en dobles vidas homosexuales que heterosexuales). Lo que es un error -pienso yo- es generalizar. Estoy seguro de que hay en muchos seminarios dinámicas excelentes, formación sólida, y actitudes claramente evangélicas en los largos años de formación.
Y también es un error atajar el problema cortando de raíz la posibilidad de vocaciones que siempre ha habido. Porque la realidad es que siempre ha habido sacerdotes de orientación homosexual. Sin necesidad de decirlo ni callarlo, porque a nadie más que a ellos y a Dios importa. Célibes, entregados, y buenos pastores. Hombres que, con sus pies de barro, como todos, han vivido tratando de hacer aquello para lo que Dios les ha llamado. Apuntar, con sus vidas, a Cristo. Servir a la Iglesia y a la comunidad. Ser, con sus palabras, eco de la Palabra. Amar, con amor célibe, a tantas personas que buscan acogida y encuentro. Hombres que han consagrado sus vidas y acompañado tantas historias. Que han servido sin exigir. Que han estado sin invadir. Que han sanado sin herir.
¿Ha habido y hay también malos pastores? Sin duda. Homosexuales y heterosexuales. Y habrá que seguir buscando en los seminarios dar formación sólida y acompañamiento riguroso en cada vida. Exigiendo y ayudando a cada persona a ser honesto, a tener claros sus compromisos y sus límites. Y tomando medidas claras siempre que se vea que esto no es posible.
Lo que no podemos hacer es dejar de hablar de estos temas. Convertirlos en polémica insoportable. Reducirlos al insulto o linchar a quien se atreva a tratar de matizar. El miedo a hablar es mal consejero. Y el resucitado ya se lo dijo a los discípulos una y otra vez «No tengáis miedo»
Si alguien no tuviera el Espíritu de Cristo, no sería de Cristo. En cambio, si Cristo está en ustedes, aunque la muerte debida al pecado permanezca en el cuerpo, el espíritu vive por haber recibido la gracia. Rom 8,9-10
Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades.Él rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y de ternura; sacia de bienes tu existencia.Sal103
Jesús levantó los ojos al cielo y exclamó: “Te doy gracias, Padre, porque has escuchado mi oración. Yo sé que siempre me oyes. Pero digo esto por la gente que está aquí, para que crean que Tú me has enviado”. Jn 11, 41
El amor nunca pasará. Ahora solamente conozco en parte, pero entonces le conoceré a él como él me conoce a mí. Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor, los tres. Pero el mayor de los tres es el amor. 1 Cor 13, 8.12-13
Esperaba en el Señor con gran confianza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Puso en mi boca un cántico nuevo, de alabanza a nuestro Dios. Feliz el hombre que pone en Dios su confianza. Sal 40, 2. 4-5
No sigan la corriente del mundo en que vivimos, más bien transfórmense por la renovación de su mente. Así sabrán ver cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto. Rom 12, 3
El consumismo sólo empacha el corazón; puede brindar placeres ocasionales y pasajeros, pero no gozo. Me refiero más bien a esa alegría que se vive en comunión, que se comparte y se reparte, porque “hay más dicha en dar que en recibir” y “Dios ama al que da con alegría”. G&E 128
Arranquen de raíz entre ustedes: los disgustos, los arrebatos, el enojo, los gritos, las ofensas y toda clase de maldad. Por el contrario muéstrense buenos y comprensivos unos con otros, perdonándose mutuamente, como Dios los perdono en Cristo. Ef 4, 31-32
BENDICIÓN. Yavé dijo también a Moisés: Así bendecirán a los hijos de Israel. Dirán: “Yavé te bendiga y te guarde, Yavé haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda lo que pidas, vuelva hacia ti su rostro y te dé la paz”. Num 6, 22-26
El Santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado. Ser cristianos es “gozo en el Espíritu Santo”(Rm 14,17). G&E 122
El fruto del Espíritu es caridad, alegría y paz; generosidad, comprensión de los demás, bondad y confianza; mansedumbre y dominio de sí mismo. Si tenemos la vida del Espíritu, dejémonos conducir por el Espíritu. Gal 5, 22-23
Nosotros hemos encontrado el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en su amor. Dios es Amor. El que permanece en el Amor, en Dios permanece, y Dios en él. 1 Juan 4, 16
Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor. Y tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. Rom 14, 7-8